Bruno Gelber: romanticismo extremo
Bruno Gelber interpretará el Concierto Nº 3 de Rachmaninov junto con la Orquesta Sinfónica de Córdoba.
Una obra que encarna con vigor y desparpajo el más intrincado espíritu romántico y un intérprete que como pocos sabe desentrañar los secretos del estilo y los gestos de una época a la que no costaría demasiado señalar como la más fecunda para la música escrita para el piano. Sergei Rachmaninov y Bruno Gelber son seguramente nombres capaces de crear una gran expectativa en el público cordobés, sobre todo si el encuentro se produce en el marco del Teatro del Libertador. El viernes y el sábado, Gelber retornará a Córdoba para cumplir "una hermosa tradición", como él mismo llama a la oportunidad de regresar cada año para tocar en el coliseo mayor de los cordobeses. Junto a la Orquesta Sinfónica de Córdoba, dirigida por Hadrián Ávila Arzuza, el pianista interpretará una de las piezas más notables entre las escritas para piano y orquesta: el Concierto Nº 3 de Rachmaninov. Una obra temida, por sus exigencias técnicas, físicas y temperamentales. El programa, íntegramente dedicado a la música rusa, se completará con el poema sinfónico En las estepas del Asia Central, de Anton Borodin, y la Sinfonía Nº 2, de Dmitri Shostacovich."El Nº 3 de Rachmaninov es el concierto más difícil que existe, la parte de piano tiene 14.660 notas que hay que tocar en 35 minutos", asegura Gelber que dialogó con Vos desde la sala VIP del Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires. Durante la charla, el discípulo dilecto del gran Vincenzo Scaramuzza dice que más que parte de su repertorio el Nº 3 de Rachmaninov es parte de su vida y enseguida cuenta cómo fue su primer contacto con él. "Nunca pensé que llegaría a tocarlo –cuenta Gelber–. Estaba enamorado de ese concierto desde chico, ya estando en Europa, y hubo un momento en que lo escuchaba después de comer todos los días. Pero si tengo que ser honesto, debo confesarle que me parecía tan tremendamente difícil, que estaba seguro de que jamás iba a poder tocarlo. Cuando murió mi padre, sumido en la tristeza imaginable en una situación como esa, me dije: tengo que hacer algo que nos saque un poco, a mi madre y a mí, que nos distraiga. Y empecé a leer ese concierto, pero sólo eso, simplemente como ejercicio pianístico. El momento –¿No tenía intenciones de tocarlo en público? –Claro. Entonces mamá me hacía el segundo piano, la parte de la orquesta, y fue tan gracioso porque un día llama mi empresaria francesa para conversar un poco y le conté lo que estaba tocando. No sé si lo hizo a propósito o inocentemente, la cosa fue que me llamó al mes siguiente y me dijo que lo tenía que tocar en marzo, es decir un mes después, con la London Simphony, nada menos. ¡Estaba loca, porque yo nunca le dije que me preparaba para tocarlo! Discutimos un rato y al final acepté ese desafío, me puse a estudiarlo exhaustivamente y en marzo lo toqué. Fue un placer enorme para mí. –¿Qué es lo que caracteriza a este Concierto Nº 3 de Rachmaninov? –Usted sabe que los compositores que han escrito más complicado para el piano son los rusos y los españoles. Este de Rachmaninov es un concierto de un romanticismo, una pasión y una fuerza enormes. Hay que tener una técnica lista para tocarlo como debe ser y sobre todo tener una concepción muy formada de la obra. Es un concierto horriblemente difícil, Rachmaninov es un compositor que toca todo el teclado del piano, todo el tiempo. Lo cierto es que desde aquella primera vez que lo toqué me fue bien, seguí tocándolo en todos lados y se ha convertido en uno de mis conciertos favoritos para tocar. –¿Cómo es la relación entre solista y orquesta en este concierto? –En este caso la orquesta tiene que ser muy buena porque es un concierto que cambia de ritmo y de estilo todo el tiempo. Es tierno y sensible por momentos y enseguida aparece fuerte, apasionado y vigoroso. Es muy cambiante, así que tiene que tener una orquesta que sepa adaptarse a esto, con un director que sepa la interpretación de sus solistas de memoria. Estoy encantando que Ávila Arzuza, que ha hecho un excelente trabajo con la Sinfónica de Córdoba, haya aceptado dirigir este concierto. Y me encanta que lo hagamos en Córdoba, donde ya lo toqué hace algunos años.

