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Visiones del mundo

El circuito alternativo ofrece la posibilidad de volver a disfrutar de grandes obras, como "Un reino bajo la luna" y "El ministro". Buenas noticias para los que se las perdieron.

06 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Roger Koza (Especial)
Visiones del mundo
'Un reino bajo la luna', la última maravilla de Wes Anderson.

Después de un mes en el que las películas oscarizadas dominaron la cartelera y ahora que los nuevos tanques empiezan a llegar semana a semana, los cineclubes de Córdoba vuelven a oxigenar con sus propuestas una oferta cinematográfica demasiado obediente a las reglas que responden a una lógica estricta de mercado. Los cinéfilos mediterráneos agradecen. No todo pasa por películas de la CIA y las míticas luchas civiles estadounidense en pos de la abolición de la esclavitud.

Un reino bajo la luna, de Wes Anderson, si bien tenía algunas nominaciones, era un filme demasiado libre para la noche de los Oscars. El cine de Wes Anderson, ostensible cine de autor pero con grandes estrellas, es formalmente autónomo de la poética hollywoodense. Sus películas pertenecen a un universo singular y personal, entre adolescente y excéntrico, en el que los personajes intentan existir administrando sus obsesiones.

En Un reino bajo la luna Anderson cuenta una historia de amor preadolescente entre un niño huérfano y boy scout y una jovencita cuyos padres atraviesan una crisis matrimonial. Ambos se escapan de sus hogares (el niño del campamento de boy scouts) porque se aman y quieren viajar. El relato transcurre en la década del \'60 y el lugar es una isla perdida en los Estados Unidos. Así descripto, se podría creer que el escenario simbólico es el típico de un filme de cine independiente estadounidense. Pero las familias disfuncionales, el cinismo y la crueldad están ausentes del cine de Anderson; se trata de un mundo de colores y objetos extraños en el que la aventura es una regla del espíritu. Una película extraordinaria (del jueves 7 al domingo 10, en el cineclub Municipal Hugo del Carril, Bv, San Juan 49).

Las aventuras de Anderson no son precisamente las travesías cotidianas que debe atravesar Olivier Gourmet en El ministro, la última película de Pierre Schoeller. El excelente actor belga interpreta aquí a un ministro de transporte de Francia. De fondo, la película muestra las negociaciones vinculadas con una privatización, pero lo que le interesa a Schoeller es examinar cómo el poder y su ejercicio trastocan el orden de la intimidad. El ministro tiene dos pasajes memorables: un accidente automovilístico, filmado con una precisión admirable, y una misteriosa epifanía en la conciencia del protagonista a propósito de una misa. Otro trabajo exquisito de Gourmet, y un salto cualitativo en la carrera de Schoeller (del jueves 7 al domingo 10, en Cine Teatro Córdoba, 27 de abril 275).

¿Una comedia musical de izquierda? Aleluya, soy un pordiosero, de Lewis Milestone, es una comedia musical insólita que transcurre en la época de la Gran Depresión. Al Jolson interpreta a una especie de príncipe de los vagabundos que vive junto a otros marginales en el Central Park. A pesar de su condición social, Bump es amigo del alcalde de Nueva York y por un motivo azaroso se terminará enamorando de la mujer del político. Los números musicales son sorprendentes; no menos notable es la conciencia política que predomina en todo el filme (véase el pasaje en el que Milestone elige un plano secuencia para ilustrar el arco social y la posición económica de los clientes de un banco cuando muestra de mayor a menor distintas transacciones monetarias, que coinciden con una pertenencia social específica).

Harry Langdon interpreta a un trotskista que descree del hedonismo primitivo de los vagabundos, un personaje inolvidable de este filme glorioso que llevó el musical a la clase obrera mucho antes de que Jacques Demy se especializara en ese cruce inaudito (miércoles 6 en el cineclub Municipal Hugo del Carril, Bv, San Juan 49).