Viggo Mortensen: Me gusta jugar como cuando era niño
Viggo Mortensen interpreta a Sigmund Freud en "Un método peligroso", de Cronenberg.
El País, de Madrid
Viéndolo caminar por la calle, gorro de lana, con el escudo de su querido San Lorenzo y una bolsa de plástico con libros, andar pausado y mirada amable, nadie diría que es toda una estrella del cine de Hollywood. Viggo Mortensen está en Madrid protagonizando una obra de teatro, por primera vez en español, idioma que aprendió en su infancia en la Argentina.
Pero su nombre ejerce irresistible magnetismo desde el cine, especialmente por el tercer estreno a las órdenes de David Cronenberg: en Un método peligroso da atribulada vida a Sigmund Freud, en sus encuentros con Carl Jung.
El intérprete de Aragorn en El señor de los anillos, el perverso Alatriste de la película de Agustín Díaz Yanes, el malvado de Una historia de violencia o el padre angustiado de La carretera. Todos los personajes que aborda este actor nacen de un exhaustivo y obsesivo trabajo.
¿Es parte de su éxito? "No lo sé. Cada uno tiene su manera de hacer las cosas. A mí me encanta el período de preparación, imaginarme los personajes y jugar como cuando era niño. En mi profesión creo que es muy útil preservar esa afición, ese gusto por jugar".
Así, para enfrentarse a Freud viajó a Viena, leyó centenares de libros, buscó fotos, estudió. Solo centrándose en los puros que se fumaba el psicoanalista vienés ha compartido decenas de correos electrónicos con Cronenberg. "Con otros muchos directores, por no decir la mayoría, no tengo la seguridad de que ese proceso de preparación tan personal y privado lo pueda compartir. Con Cronenberg es diferente, entiende ese proceso y le gusta. Ya sé de antemano que el rodaje va a ser divertido y bueno y que la película está bien. Es una garantía".
Esa obsesión de Mortensen lo lleva a buscar el lado poético de todo lo que hace –"siempre hay algo tierno en las personas, todos han sido niños y un niño no empieza siendo malo, eso no desaparece nunca del todo"- y se apunta a la frase de Freud: "No importa donde yo vaya, allí siempre me encuentro que me ha precedido un poeta".
Al salir a la calle no se encuentra con un poeta, sino con un chico argentino. "¿Eres Viggo? "Sí". "Me lo he imaginado cuando he visto el escudo de San Lorenzo". Su querido San Lorenzo. Y entonces, sí: el rostro de Mortensen es pura poesía.

