Tres maestros
El Cineclub Hugo del Carril propone una muestra que repasa la obra de Claire Denis. En Cinéfilo, se ofrece un menú con Robert Bresson y Johnnie To
Hace un par de años hubo un acontecimiento cinematográfico en Córdoba: se estrenó en 35 milímetros la obra completa de Jacques Tati y en copias nuevas. Parecía una utopía realizada: la textura del 35mm, una modalidad de existencia de las imágenes en vías de extinción, era inconfundible. Veíamos Mi tío y Playtime tal cual fueron concebidas. Unos años más tarde, sucede otro milagro. En el mismo lugar, el Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49), se podrán ver, del miércoles 5 al domingo 9, ocho películas de Claire Denis en 35mm.
Claire Denis es una de las directoras más importantes de la historia del cine. El deseo como violencia en general y la seducción y tensión entre colonizados y colonizadores en particular (lo que implica además una meditación sobre la identidad en torno a lo extranjero) atraviesan gran parte de su obra. Excepto Hacia Mathilde (2005), el único filme que se verá en digital, y una película sobre danza, todos los títulos son ejemplos evidentes de las obsesiones de Denis: Una mujer en África (2009), 35 tragos de ron (2008), No tengo sueño (1994), Sangre caníbal (2001), La muerte no le importa (1989).
Todas las películas de "Claire Denis en foco", que cuenta con el apoyo de la Embajada de Francia, el Instituto Francés, Mirada Distribución y la Alianza Francesa de Córdoba, son muy buenas, pero Bella tarea (1999) y El intruso (2004), las dos obras maestras de la directora, son casi obligatorias. Su cine alcanza en ambos casos una perfección ostensible: el lenguaje cinematográfico conquista su esplendor (como forma) y el relato se reinventa como nunca.
En el primer caso, Denis trabaja sobre un texto literario decimonónico: Billy Budd, marinero, de Herman Melville, pero en un territorio que conoce a la perfección por haber vivido en él: África. Los legionarios franceses se entrenan sin un objetivo preciso en un paraje perdido cercano al mar. Denis filma la cotidianidad de los soldados y los vínculos que se establecen entre los hombres: el poder y el deseo son una constante. En Denis, el entrenamiento castrense se transforma en una coreografía, y cuando irrumpen los acordes de Benjamin Britten (Billy Budd) lo que vemos resulta tan hipnótico como hermoso.
La ensoñación también predomina en El intruso, una adaptación extraordinaria de un ensayo autobiográfico del filósofo Jean-Luc Nancy sobre su experiencia médica y metafísica después de recibir un corazón ajeno y sobre los efectos de esto en su identidad. El transplante es parte del filme, pero el protagonista no es un filósofo sino un hombre solitario que obtiene el órgano de un modo poco ortodoxo y que quiere reencontrar a su hijo, que tal vez vive en Tahití. El concepto de intrusión no sólo se aplica a la presencia de un corazón ajeno en el propio cuerpo, sino a la presencia extranjera en la propia tierra o su reverso, las aventuras colonialistas europeas. Película compleja para interpretar, pero fascinante de mirar.
El estado del mundoEl diablo, probablemente (1974) es una de las grandes películas de Robert Bresson, una meditación contundente sobre el Mal en la vida contemporánea, de un director cuya fe religiosa jamás obstaculizó su lucidez extrema, a veces tomada por pesimismo. Inspirada en un hecho real: un joven se suicida (o lo matan). Así empienza la película, y Bresson retrocederá en el tiempo para entender las coordenadas simbólicas y espirituales (y no las psicológicas) de ese acto privado. Así enuncia la devaluación política y religiosa de su tiempo, advierte la crisis ecológica, observa la futilidad de la libertad sexual y el uso de drogas, y revela cierto carácter conservador del discurso psicoanalítico. Se verá el miércoles 5, a las 20.30, en Cinéfilo Bar, bulevar San Juan 1020).
Vida sin principios (2011) es la penúltima obra maestra de Johnnie To. A horas de decretarse la crisis griega de 2008, la empleada de un banco, un gánster y un policía cuyas historias apenas se cruzan no son ni ajenos ni inmunes a los factores macroeconómicos que determinan la vida cotidiana y nuestras conductas. Esconder sus virtudes es propio de un maestro. Johnnie To, a menudo descripto como un coreógrafo del espacio y un autor de género, es uno de los cineastas más importantes en actividad. Clásico para narrar y moderno para filmar, To es capaz, como sucede en este filme, de combinar tres historias en clave de género policial no desprovistas de humor y con varias secuencias formalmente notables, y a su vez retratar oblicuamente la deidad visible e invencible con mayores seguidores del mundo: el dinero. El viernes a las 20.30, también en Cinéfilo Bar.

