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Selección argentina del Bafici en Córdoba

Desde hoy hasta el domingo, en el Cineclub Municipal, se podrá ver una buena selección del cine argentino que se presentó en la última edición del Festival

19 de septiembre de 2012 a las 12:02 a. m.
Roger Koza (Especial)
Selección argentina del Bafici en Córdoba

Robert Koehler, el reconocido crítico de cine de Variety y flamante director de programación del prestigioso Lincoln Center de Nueva York, decía sobre el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici): "Aquí uno tiene la oportunidad de conocer un gran espectro del cine contemporáneo, todo de una vez, en una experiencia concentrada. En un solo día se puede ver un film de Celina Murga, una película restaurada de Narcisa Hirsch y se puede conocer un nuevo film de Miguel Gomes".

La generosa oferta que reconoce Koehler llega a Córdoba en su versión más económica: de 400 películas se verán 10, y esta vez, además, todas son películas argentinas. ¿Una calamidad? ¿Un Bafici outlet nacionalizado? Extraña paradoja: esta selección no sólo es sólida y diversa sino también muy representativa de la mejor programación de 2012.

Guía prácticaHay para todos los gustos: la línea experimental y radical del festival se puede verificar en Dioramas, de Gonzalo Castro. La cuarta película del director, que tiene a su cargo todos los rubros, oscila entre secuencias de algunas clases de danza contemporánea y otras sobre la cotidianidad de la relación amorosa entre una bailarina y su novia. Es un filme tan sensual como inteligentemente mecánico, que resulta una exploración sobre el cuerpo humano y varias de sus conductas. ¿Es una ficción, un documental?

La misma pregunta plantea Dromómanos, de Luis Ortega (su película más cercana a su ópera prima, Caja negra), donde auténticos marginales participan de una ficción que gira, en sus propios términos, alrededor de una historia de amor. Por otro lado, la ópera prima de Ezequiel Yanco, Los días, es un filme tan discreto como sólido: filmar la intimidad de una familia y el proceso de crecimiento de dos niñas gemelas puede ser una excusa para explorar el misterio de la identidad.

En las antípodas del experimentalismo, se podrán ver la sólida ópera prima de Armando Bo, El último Elvis, el corto de animación de Juan Pablo Zaramella, Luminaris; El gran río, de Rubén Plataneo, y Cuentas del alma, de Mario Bomheker, estas dos últimas recientemente estrenadas.

Tres películas inolvidables

La chica del sur: un documental humorístico, un retrato sobre las transformaciones de la mentalidad política global, una película de viaje. El director José Luis García confirma todo lo bueno de Cándido López. En 1989, en un congreso juvenil progresista en Corea del Norte, el director registra el cruce real y simbólico de una joven mujer de Corea del Sur a la otra Corea, lo que se transforma en un hito de una utópica reunificación imposible. Veinte años después, García va en su búsqueda e intenta saber qué pasó en la vida de aquella joven convertida en mito. Extraordinaria.

Germania: la ópera prima de Maximiliano Schonfeld transcurre en el pueblo de Entre Ríos que da nombre al filme. La historia es mínima: el cierre involuntario de una granja familiar precipita cambios diversos, sobre todo para los dos hermanos adolescentes. Su puesta en escena es fascinante: un animal cósmicamente ridículo como la gallina se convierte en una figura sublime, el bilingüismo de los personajes favorece el enrarecimiento de la trama y cierta dosis de humor conjura el hieratismo característico de una cultura signada por la religión. Un descubrimiento.

Papirosen: después de registrar el regreso de Mauricio Kagel a la Argentina, en su estupenda Süden, el talentoso director Gastón Solnicki decide mostrar la vida de su propia familia, una historia secretamente extraordinaria que incluye oblicuamente el hecho más oscuro de la gran Historia del siglo XX y sus efectos sobre quienes han sido directa e indirectamente sus víctimas: el Holocausto. Esta reinvención insólita y magistral de la home movie abarca cuatro generaciones de una familia judía, pero la aproximación elegida, tan amorosa como impía, incorpora la historia argentina y excede la propia pertenencia étnica, pues, si bien puede haber sido un exorcismo privado para su director, se trata de una indagación sensible y pertinente sobre la identidad, el desarraigo, el paso del tiempo y la neurosis como estado de ánimo dominante de una clase. Magistral.