Reposiciones gloriosas en los cineclubes
Aquellas películas que toman riesgos y que conjura el estancamiento del cine duraron una semana en cartel, pero vuelven a verse en el circuito alternativo.
Un caso escandaloso: ¿cómo puede ser que The Master, la extraordinaria película de Paul Thomas Anderson, con Joaquin Phoenix en el papel protagónico, no pueda reunir una masa crítica de espectadores?
El filme gira en torno a una figura carismática y seductora, un maestro espiritual de estrellas de cine: Ron Hubbard (fundador de la cienciología, cuyos adeptos más conocidos son John Travolta y Tom Cruise) y revela el delirio estadounidense, una cultura sostenida en supersticiones diversas. The Master es un relato clásico pero su estructura y su forma son radicalmente modernas.
El tema de fondo es filosófico, no porque el gurú de turno parezca un miembro selecto de la secta de Platón (él se ve a sí mismo como un científico, un psicólogo, un artista y un elegido), sino porque pocas veces el cine ha retratado la famosa dialéctica del amo y el esclavo (hegeliana y marxista) con tanta precisión: el enajenado Freddie, veterano de guerra y proletario, sentirá fascinación por Lancaster, que ha concebido una cosmología y una psicoterapia que tienen a Freddie como una prueba de su eficacia. Pero a lo largo del filme se invertirá el poder, y la magia reside en esa inversión.
El último encuentro entre los dos personajes es inolvidable: el rostro de Freddie es el de un desesperado que ha entendido con dolor el fraude de los profetas e iluminados.
En la misma sala se podrá ver, a las 21, Germania, la ópera prima de Maximiliano Schonfeld, un drama familiar con subtextos teológicos. Tras la muerte del padre, una viuda y sus dos hijos adolescentes tendrán que dejar la granja familiar y el pueblo en el que viven. Se trata de una crisis familiar y económica, pero también hay rumores de pestes milenarias y otros conjuros.
Schonfeld sugiere a través del paisaje y el silencio de los rostros. Gran debut del director.
Dos imperdibles
Otra reposición importante es Amour, la última película de Michael Haneke, sobre una pareja de octogenarios, músicos de clase alta francesa, que dejarán de experimentar su discreto bienestar burgués cuando la impredecible genética trastoque el funcionamiento neurológico normal de uno de ellos.
El maestro de la crueldad matiza ligeramente su especialidad en desgracias y veleidades con un gesto parecido al amor. Ver la angustia y el cuidado del personaje de Jean-Louis Trintignant por el de Emmanuelle Riva es un motivo suficiente para ver este filme soberbio e incómodo sobre la irreversibilidad de los efectos del tiempo en el cuerpo y la vulnerabilidad de los hombres (del jueves al domingo 7, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, San Juan 49).
En la misma sala se podrá ver La nana, la interesante película de Sebastián Silva, un filme que también es sensible a la enajenación, en este caso la que experimenta una empleada doméstica en el seno de una familia de clase media alta de Santiago de Chile. La violencia muda de la interacción de clase es ostensible, pero lo que resulta formidable es el descubrimiento por parte de la nana en cuestión (un trabajo sobresaliente de la actriz Catalina Saavedra) de que ella también es un sujeto de derecho, y en este caso eso significa derecho al placer y al ocio.

