Raúl Perrone: P3nd3jo5 intenta capturar el mundo adolescente
El director Raúl Perrone habla de su última película, que desde el jueves se proyectará en el Cineclub Municipal. Dice que le interesa ese universo para filmar y que aunque “se ha insistido en que estos pibes son fantasmas; para mí son ángeles”.
Las grandes películas exigen. Al espectador se le pide paciencia y capacidad de asombro. A los críticos, se les pide intrepidez conceptual y versatilidad descriptiva. En una obra tan radical e inclasificable como P3nd3jo5, la película número 30 de Raúl Perrone, el desafío consiste en despojarse por unos 157 minutos de todos los prejuicios que suelen reducir la experiencia cinematográfica al seguimiento obediente de un argumento ilustrado.
Las historias de P3nd3jo5 son lo de menos: una historia de amor entre adolecentes, el vagabundeo de un skater y una trama policial en el que están involucrados indirectamente unos pibes articulan los tres actos y un coda que constituyen esta cumbiópera concebida como si el cine estuviera obligado a volver a sus fuentes para reinventarse en pleno siglo 21.
Sin subsidios ni ayuda externa, con un equipo técnico de tres personas, Perrone, el gran director independiente del cine argentino que siempre filmó en Ituizangó, ha dejado una huella en la historia del cine. Esta obra maestra sobre skaters del conurbano bonaerense excede a la representación de una subcultura. He aquí un filme sobre pibes que viajan en el presente sin ir hacia a ningún lado. Son los rostros y los cuerpos de una crucifixión social, los ángeles expulsados de una realidad social exenta de promesas y ternura. Sobre la concepción de una "cumbiópera", dice Perrone que no lo pensó en un principio.
"Cuando empecé a trabajar sobre el montaje escuchaba a Puccini y a Händel, a veces intercalándolos con Los Violadores y Sex Pistol. Un poco después, una amiga, también exalumna, me sugirió que escuchara algo que hacía su novio. Así conocí a DJ Negro Dub y Nomenombres Way. Me di cuenta de que ésa era la música. Y empezamos a trabajar: les explicaba las escenas y la música que necesitaba. Ellos me enviaban fragmentos en MP3, yo les enviaba una ópera de Puccini, y les pedía que la intervinieran; es decir: que hicieran su trabajo de DJs. Yo intervenía la música que me enviaban: siempre juego con el sonido, invierto los órdenes de las secuencias y pruebo loops".
–¿Por qué elegiste la figura del pendejo en patineta?
–Tengo muchas películas sobre adolescentes. Venía de hacer una que se llamaba Las pibas. Es un universo que me interesa. P3nd3jo5 intenta capturar el mundo adolescente desde el punto de vista de ellos.
–¿A qué se debe la decisión de optar por el intertítulo y por lo tanto sustituir los diálogos por la palabra escrita, recuperando así la gestualidad del cine mudo?
–Así lo concebí desde el inicio. Lo primero que filmé fue el segundo acto. Dirigí la película hablando porque ya sabía que no iba a utilizar sonido directo. Les pedía a mis actores que hablaran, pero al mismo tiempo les iba hablando. No sabía que iba a utilizar intertítulos, pero sí que la película fuera subtitulada. Probar el intertítulo resultó novedoso. Por otra parte, corría el riesgo de robarle la voz a mis personajes, siempre importante en mis películas.
–Hay toda una iconografía y estética religiosa a lo largo del filme. ¿Cómo llegaste a esta decisión?
–Cuando terminé la película tenía tres actos. Sentí que estaba lista, pero sabía que las óperas suelen tener una coda, y sentí la necesidad de respetar esa estructura. Recordé al pibe que había filmado en el primer acto, el que filmé en el 2006. Ese pibe tiene hoy unos siete u ocho años más. Quise volver a filmarlo y yo en ese momento estaba leyendo a Pasolini. Su texto poético me permitió reincorporar a ese personaje de un modo trágico. Como sucede con los otros pibes, se convierte en un ángel. Se ha insistido en que estos pibes son fantasmas; para mí son ángeles.
–El poder del filme reside en cómo filmás los rostros. ¿Por qué hiciste del rostro un centro de la imagen?
–Surgió a propósito de un comentario sobre mis películas en el que se decía que en éstas la forma de caminar de los personajes era un sello distintivo. Alguna vez me gustaría montar un filme sobre todas las caminatas que se ven en mis películas. Eso me llevó a imaginar cómo sería una película cuyas imágenes se circunscribieran a la fisionomía, a la variedad de las caras. Es un proyecto. La mirada en el cine es decisiva. A menudo cuando vemos un personaje mirar, más que mirar simula ver. Me parece que se trata siempre de encontrar una intencionalidad a la mirada. Cuando esos pibes están mirando en verdad están deseando.
–Acabás de terminar "Favula". ¿Qué podés adelantar?
–Favula es una película que decidí rodar en un estudio porque en principio no quería volver a repetir P3nd3jo5. Y empecé a rodarla para que P3nd3jo5 no me paralice. Conseguí una vieja fábrica abandonada y pensé que ahí podía hacer existir un bosque, una selva. Finalmente, tomé otro camino: regresé al inicio del cine. Fue así que llevamos una pantalla de 4x3 y un proyector.

