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Punto de vista: ¿Qué define para qué edades es apta cada película?

En la década de 1970, La Mary era prohibida para menores de 18 años. Ahora, se reestrena como apta para mayores de 16. ¿Cómo funciona la comisión calificadora de cine en la Argentina?

02 de noviembre de 2014 a las 02:27 p. m.
Roger Koza
Punto de vista: ¿Qué define para qué edades es apta cada película?
Las escenas eróticas de la película 'La Mary' la hicieron prohibida para menores de 18 cuando estrenó en la década de 1970.

Mal que les pese a los guardianes de las buenas costumbres, el progreso moral de una sociedad es un fenómeno constatable y en perpetuo movimiento. Los cambios en los vocabularios para designar ciertas conductas, la naturalización de ciertos actos en espacios públicos, que en otro tiempo podrían haber sido calificados de escandalosos, y un reordenamiento en el sistema de interdicciones que atañe a espectáculos y producciones culturales constituyen parte de la evidencia de que en toda sociedad el sistema de valores es móvil y maleable. La flexibilidad o rigidez del orden simbólico de una comunidad es siempre un indicador de cómo y hasta dónde se discuten las creencias fuertes que ordenan las prácticas sociales. La vida democrática, no sólo como sistema político sino también como estilo de vida, depende de una conversación sin fin.

Si hay una práctica privilegiada para atender a los cambios que se producen en el seno de una sociedad respecto del sistema de valores que sustenta, ir al cine permite inmediatamente entrar en consonancia con el tema. Un buen ejemplo reciente. ¿Qué pasó entre 1974 y 2014, es decir, un lapso de 40 años, para que una película como La Mary, de Daniel Tinayre, fuera calificada en su estreno como una película prohibida para menores de 18 años y que en su reestreno de la semana pasada en versión digital restaurada haya pasado a ser considerada apta para mayores de 16 años?

El cambio de calificación, como también el lenguaje de la calificación (de “prohibida” a “apta para”), simplemente objetiva un corrimiento de los límites de lo que supone una afectación a la sensibilidad, lo que apunta a las formas de representación de cosas y actos, al parecer siempre problemáticos, que ponen en discusión ciertos valores. En otras palabras: un pezón en primer plano, unas décadas atrás, suscitaba un debate nacional; hoy, hasta ciertas revistas semanales de temas sociales e incluso matutinos nos regalan alguna teta al descubierto. Son otros tiempos.

Formas de ver

La Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas (Caec), comisión que depende del Incaa y está constituida por miembros que representan a distintos sectores de la sociedad, es la que se encarga de dictaminar la calificación de las películas. Como nos informa un miembro de la comisión, quien prefirió mantener el anonimato, es la Ley de Cine la que establece los objetivos: “1) establecer la aptitud de la películas para ser vistas por menores; 2) prevenir a los adultos sobre su contenido”.

Para cumplir con la ley, lógicamente, habrá que instituir un criterio, el cual siempre pone indirectamente en juego un sistema de creencias (mínimo) en el que se intenta proteger tanto a quienes todavía están en una etapa de crecimiento afectivo e intelectual como también a quienes puedan ser susceptibles. En palabras del miembro de la comisión: “El criterio que establece la Ley es el de proteger a los menores y terceros no informados debidamente de exhibiciones sexualmente cargadas, macabras o excesivamente violentas, que puedan inducir a la adopción de enfoques o hábitos que signifiquen una deformación intelectual o afectiva. A diferencia de otros países (Estados Unidos, notoriamente), donde los criterios de calificación están más pautados, la Ley argentina deja librado al criterio de los calificadores en qué medida la película en cuestión pone en juego esos elementos considerados potencialmente nocivos”.

Todas las semanas, en representación de los Ministerios del Interior y de Educación, y de la Secretaria de Niñez, Adolescencia y Familia, seis miembros del Caec, en tres salas diferentes, ven las películas que se estrenarán en el país. Psicólogos infantiles, abogados, especialistas en educación, representantes del Incaa y críticos de cine (hasta hace unos años había también representantes de distintos cultos religiosos) se reúnen a discutir.

En efecto, una vez finalizada la función, los miembros emplearán un tiempo necesario para dialogar e intercambiar puntos de vistas para determinar la calificación. Después votarán y la calificación surgirá de un conteo. No hay aquí una búsqueda de consenso por unanimidad.

En festivales

Dada la proliferación de festivales de cine en el país y la cantidad de películas que suelen exhibirse en este tipo de eventos (el Festival de Mar del Plata o el Bafici presentan cientos de filmes en pocos días), e incluso para ciertas salas alternativas que pasan películas que no dependen de distribuidoras nacionales, el ente calificador decide asignarles a todas las películas vistas bajo esas circunstancias un “Apta para mayores de 18 años”. La razón es obvia: es materialmente imposible ver la totalidad de esas películas.

Hace unos años atrás, este ente, en consonancia con una ley de una época en la que las películas podían censurarse, expresaba su veredicto en términos de prohibición. Nos dice el miembro del Caec: “La sustitución del término ‘prohibida’ por ‘no apta’ obedece básicamente a razones culturales e ideológicas y se adoptó, según entiendo, por oposición a las leyes de la dictadura y en consonancia con la terminología que se utiliza en otros países”.

El tiempo ha pasado y hoy en Argentina se pueden estrenar películas como El desconocido del lago, La vida de Adèle, El tercero y otros títulos que, unas décadas atrás, hubieran sido inadmisibles en nuestras carteleras. La prohibición ha cedido paulatinamente ante la consigna más suave de sugerir ciertos límites.