Para ver: Joyas vernáculas
El Cineclub Hugo del Carril propone "Clásicos de estreno", una muestra con 12 obras maestras del cine argentino. Del jueves al domingo, para no dejar pasar.
Es una oportunidad única. Lo que tendrá lugar desde el próximo jueves 20 al domingo 23 en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49) merece la presencia inmediata y masiva de todos aquellos a los que les interesa el cine. Varias obras maestras del cine vernáculo se podrán ver en 35 milímetros y 16 milímetros, todas proyectadas por el crítico, historiador y coleccionista Fernando Martín Peña, una de las queribles estrellas del mejor programa televisivo de cine de la televisión argentina actual: Filmoteca. No es frecuente poder ver en su formato original títulos como Las aguas bajan turbias (1952), Invasión (1969) y Los traidores (1973), por citar tres películas magistrales del ciclo. El ojo neófito tal vez no reconozca el cambio de textura y desconozca la situación por la cual las proyecciones digitales están por estandarizarse, pero una obra filmada en 35 milímetros y exhibida en ese formato implica un privilegio visual en vías de extinción.
El evento se denomina "Clásicos de estreno", una proposición intempestiva y necesaria: la ansiedad por la novedad ha dominado el imaginario del espectador de cine, pero no siempre lo nuevo ha sido sinónimo de lo mejor. Además, lo nuevo también puede ser descubrir y ver lo viejo. Si bien en los 12 filmes elegidos no hay hobbits ni superhéroes, en varios títulos de esta sólida selección la modernidad es absoluta, y la innovación narrativa podrá confundir a más de uno, como en Invasión, de Hugo Santiago, y, más desafiante aún, en Puntos suspensivos (1971), de Edgardo Cozarinsky.
Invasión, por ejemplo, es un filme seminal. Las influencias de la ópera prima de Santiago son ostensibles a lo largo de varias generaciones de cineastas, en especial los directores del nuevo milenio. Es comprensible que así sea porque la extraordinaria película argentina que abrió la Quincena de los Realizadores en Cannes en 1969, escrita por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, no sólo conjuga el film noir con el relato fantástico, sino que resulta un más que admirable paradigma vanguardista de puesta en escena aplicado al cine de ficción.
Una ciudad llamada Aquilea (una versión verificable de Buenos Aires) está sitiada. Los invasores, vestidos de trajes blancos, atacan y torturan, y pretenden dominar la ciudad. La ideología de los invasores es difusa, y también lo es la de quienes resisten bajo la dirección de Don Porfirio (Juan Carlos Paz), lo que no impide establecer un doble juego de asociaciones: la historia transcurre en 1957 (dictadura de Aramburu); el filme se estrenó en 1969 (dictadura de Onganía). En una escena, el personaje interpretado por Lautaro Murúa será torturado; el responsable del acto dice: "Ya va a hablar cuando sienta la picana". En la última escena la recientemente fallecida Olga Zubarry reparte revólveres a miembros más jóvenes de la resistencia y un muy joven Lito Cruz dice al recibir su arma: "Ahora nos toca a nosotros pero será de otra manera".
Más allá del contexto y del carácter profético del filme, su valor cinematográfico es incuestionable. Basta ver el trabajo de montaje en el pasaje en el que la ciudad es literalmente invadida por el cielo y por el río. Un prodigio.
Lo político parece definir la programación propuesta por Peña: Operación Masacre (1971), la adaptación del libro de Rodolfo Walsh a cargo de Jorge Cedrón, y una obra fundamental para entender el sindicalismo argentino como Los traidores, de Raymundo Gleyzer, también se verán en condiciones óptimas de proyección. Junto con Invasión y Puntos suspensivos, otro filme político, que puede ser visto como una crítica al fascismo en todas sus vertientes, Las aguas bajan turbias (1952), de Hugo del Carril, también contribuye a través de su relato a pensar cómo el cine argentino ha trabajado las representaciones del poder a lo largo de varias décadas. La vida de los trabajadores en los yerbatales del Alto Paraná en el siglo pasado no era precisamente una situación utópica. Filmar una rebelión, conjurar la enajenación: de esos sentimientos emancipatorios se inspira Las aguas bajan turbias.
Si bien el pretexto del ciclo es el aniversario del nacimiento del cineasta, actor y cantante Hugo del Carril (de quien también se exhibirá La Quintrala, de 1955), la programación incluye otros autores. La genial comedia Cita en las estrellas (1949), de Carlos Schlieper, La tregua (1974), de Sergio Renán, Apenas un delincuente (1948), de Hugo Fregonese, Carne (1968), de Armando Bo y La herencia (1963), de Ricardo Alventosa, completan la oferta de un gran ciclo con el que se cierra una excelente temporada en el cineclub de la ciudad. Gracias al MALBA y a Fernando Martín Peña, que también presentará su último libro, Cien años de cine argentino (el viernes 21, a las 20.30), ver clásicos como estrenos resulta sin duda uno de los grandes placeres para cualquier cinéfilo y una asignatura obligatoria para los estudiantes de cine.

