Noche de musicales, espionaje y bromas bajo control
La conducción de Seth MacFarlane se balanceó entre la irreverencia y el humor de salón. En la gala hubo un glamoroso homenaje a los últimos musicales de Hollywood y un repaso sucinto por la leyenda de James Bond.
La incertidumbre instalada hasta último momento en la resolución de varias de las categorías de la edición 85ª de los Oscar era equiparable a la inquietud en cuanto al rol que desplegaría Seth MacFarlane como maestro de ceremonias. El irreverente creador de las series satíricas animadas Padre de familia y American Dad! y director de la reciente película Ted (sí, la del oso fumón y parlanchín, que tuvo su breve aparición en la noche junto a Mark Wahlberg), no muy conocido entre el público masivo, fue el responsable de sobrellevar la velada de los premios hasta la madrugada y de remontar la floja conducción de Billy Crystal en 2012.
Por supuesto, MacFarlane ya lo había advertido antes, lo suyo iría más por el lado del humor blanco de salón que de los gestos alarmantes de enfant terrible que lo caracterizan: y de hecho lo suyo fue una incorrección controlada, un elegante número de stand up deluxe en el que se permitió reprocharle a la Academia la no nominación de Ben Affleck a Mejor Director, incluir un sketch breve pero divertido con un Denzel Washington versión muppet y cocainómana como guiño a El vuelo e invocar a William Shatner como el Capitán Kirk (de Viaje a las estrellas) en un gesto de homenaje retro que es marca de la casa MacFarlane. E intercalar, entre sus aportes suntuosamente chistosos, algunas virtuosas coreografías musicales como reverencia al género, mostrando que, además de bromear, también puede cantar bien.
Los musicales, en ese sentido, tuvieron su protagonismo nocturno en la velada: de la mano del estreno reciente de Los miserables, la Academia recordó los últimos 10 años del rubro con una actuación de Catherine Zeta-Jones entonando All that jazz, en referencia a Chicago; la posterior aparición de Jennifer Hudson por Dreamgirls y un cierre megalómano y con banderas francesas colgando del escenario al son de la banda sonora del filme de Tom Hooper.
Otra atracción prevista para la noche era la revisión del mito de James Bond, que cumplió 50 años en 2012, cuando se estrenó 007 - Operación Skyfall, y que en el evento del Dolby Theater mereció un escueto repaso a la manera de flashbacks por la filmografía del agente secreto inglés, que acumula 23 películas. En la ráfaga visual se vieron, claro, muchas pistolas, explosiones y mujeres sensuales, que la legendaria Shirley Bassey coronó al cantar Goldfinger. Más tarde, Adele haría lo mismo con Skyfall, la canción de la cinta reciente de Sam Mendes.
Tampoco podía faltar, como es tradición en cada edición de los Oscar, la mención a las personalidades del cine que murieron en el último año, entre ellos Ernest Borgnine, Michael Clarke Duncan, Charles Durning y Tony Scott.
Presentaciones como la de Barbra Streisand no hicieron más que marcar el tono solemne y extendido en cuentagotas al que acostumbra la emisión de los premios en los últimos años, y a la que Seth MacFarlane le puso algo de su rebelde autoría, pero sin alterar el conjunto.

