Nahuel Pérez Biscayart, serio candidato en Cannes
"La peste rosa" se llamaba en un principio, después simplemente sida. Las primeras víctimas morían velozmente. ¿Quiénes lo recuerdan? Robin Campillo, el director de 120 battements par minute, vuelve sobre aquel tiempo inicial de una epidemia deletérea que minaba el campo del deseo, como si se tratara de una maldición soñada por puritanos dedicados a vigilar los placeres ajenos.
En esa época, la comunidad homosexual resultaba demasiado insignificante para el poder médico y farmacéutico; para el Estado se trataba de un problema bastante secundario. Estas son las coordenadas simbólicas de BPM, como también se lo denomina al filme.
El filme de Campillo se sitúa en plena década de los noventa y en el seno del activismo. Los militantes de Act Up de París son los protagonistas; no tienen escrúpulos: pueden irrumpir violentamente en una reunión del directorio de una empresa o en un acto público de Gobierno, para enunciar legítimos reclamos frente a una situación inaceptable y visibilizar a las víctimas del sida. La paradoja es evidente: los infestados del grupo tienen una vitalidad admirable.
No hay líderes en Act Up, pero sí miembros con carisma. El personaje que interpreta el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart es justamente uno de ellos y a medida que avanza el relato, que nunca deja de ser el de un colectivo, la figura de Pérez Biscayart, no obstante, crece y en cierta medida se apodera del filme. Esto sucede desde el inicio, mucho tiempo antes de que el personaje empiece a luchar contra el deterioro de su cuerpo y sus compadres estén a su lado. En el mismísimo momento de mayor dolor hay un chiste magnífico e inesperado, algo que revela un poco la naturaleza vitalista de la película.
Es que Pérez Biscayart es un actor notable; puede responder a cualquier exigencia dramática con total soltura y encarar cualquier personaje. Las escenas de sexo las resuelve del mismo modo que otra en la que se le pide enojo en una asamblea o sufrimiento ante el dolor impiadoso del cuerpo. Es que el magnetismo de Pérez Biscayart tiene algo de aquellos actores que parecían poseídos por una fuerza indómita y una fotogenia privilegiada que los singularizaba frente a tantos otros. Si estas cualidades son percibidas por el jurado, habrá en Cannes un ganador proveniente del sur.

