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Miradas opuestas: "Crepúsculo"

Dos opiniones sobre la saga cinematográfica que termina con "Amanecer: parte 2". Y a vos, ¿qué te pareció?

18 de noviembre de 2012 a las 12:00 a. m.
Miradas opuestas: "Crepúsculo"
La saga 'Crepúsculo' terminó con 'Amanecer: parte 2'.

A favor: Donde la realidad no llega

Carlos Schilling

La mala noticia para los chicos que hoy tienen entre 10 y 15 años es que deberán lidiar toda su vida contra los fantasmas de Jakob y Edward en los sueños de las chicas de su edad.

No es la menor de las virtudes de la saga Crepúsculo haber instalado en el imaginario adolescente dos modelos de belleza masculina opuestos.

A las obvias diferencias físicas entre Robert Pattinson y Taylor Lautner también se les añadió rasgos morales e emocionales: el frío y el caliente, el racional y el impulsivo, el aristócrata y el rebelde.

El hecho de que esos modelos hayan encarnado en las figuras de un vampiro y un hombre-lobo, seres repulsivos de la mitología popular, refuerza la idea de que la ficción concebida por la escritora norteamericana Stephenie Meyer abrió nuevos horizontes de tolerancia, al menos en términos fantásticos.

Hay algo a la vez regresivo y revolucionario en la concepción de un mundo donde lo humano, los animal y lo inmortal pueden confundirse e hibridizarse gracias a la fuerza del amor romántico.

Y más allá de que sea posible detectar cientos de fallas y defectos en cada una de las películas de la saga -en especial en las dos últimas- es ese impulso erótico y espiritual que satura sus imágenes lo que la ha transformado en un producto cultural referente de la primera década del siglo 21.

Es cierto que en términos de riqueza imaginativa, calidad estética y dramatismo está a años luz de Harry Potter. No obstante, la saga Crepúsculo ha cumplido la función que las fantasías poderosas deben tener en una sociedad moderna: concentrar los sueños de toda una generación y proyectarlos allí donde la realidad no llega.

En contra: Suspiro final

Juliana Rodríguez

En contra de lo que digan los detractores de la saga Crepúsculo, hay una gran virtud en Amanecer parte 2: es la última-última. Ya no tendremos un año más de noticias intrascendentes sobre una próxima película de la saga, sobre quiénes actúan, quiénes no, qué pasará. No hay más "Continuará..." y el hecho es una bendición.

Si las primeras dos películas funcionaron entre el público joven (público que, por otra parte, ya ha crecido lo suficiente como para querer ver el final de una buena vez, pero también para aspirar a ver otras sagas de mayor calidad) fue porque hicieron rendir al máximo la postergación del deseo: el momento del beso y de la consumación del amor eran la única tensión narrativa que alimentaba la sed crepuscular. Después del matrimonio y la paternidad, nada quedó en pie en esta historia, y nada pudo salvarla: ni la mirada pálida de Robert Pattinson, ni el abdomen inflado de Taylor Lautner, ni la vacilación histérica de Kristen Stewart.

Lo increíble no es sólo que los productores hayan estirado la última parte en dos películas que bien podría haber sido una sola sin el menor esfuerzo en el guion, sino que con los millonarios ingresos de la taquilla no hayan invertido lo mínimo en crear efectos especiales dignos de las dimensiones comerciales del fenómeno (el maquillaje, los FX, hasta los lobos parecen haber sido diseñados con un presupuesto de Capusotto). Con películas y sagas para chicos y jóvenes de calidad visual y narrativa a la altura de los tiempos que corren (desde Harry Potter hasta Los juegos del hambre), Crepúsculo fue algo así como el menor esfuerzo para el mayor rédito. El suspiro final, entonces, no es de amor. Es de alivio.