Miradas opuestas a “Jungle Cruise”, el último tanque de Disney
Dos visiones enfrentadas sobre la película que protagonizan Dwayne Johnson y Emily Blunt.
A favor: Heredera de una buena tradición
Diego Tabachnik
Hubo un tiempo que, sí, fue hermoso, y en gran parte porque había películas que conseguían sentar en la butaca a grandes y chicos y engancharlos por igual. E.T., Los Goonies, La historia sin fin, Los cazafantasmas y (quizás en la cima) la trilogía Volver al futuro son algunas de las gemas históricas en la categoría “comedias para toda la familia”, que en los ‘80 y principios de los ‘90 alcanzó su cénit.
La animación y su era dorada recogieron parte de esa tradición (con Toy Story a la cabeza), pero de un largo tiempo a esta parte la tendencia marketinera de hacer nicho y segmentar todo ganó la pulseada.
Sin embargo, la recientemente estrenada Jungle Cruise, un tanque de Disney, es una más que digna heredera de esa escuela de “pelis” que ofrecen aventuras con dosis de acción, de humor y de chispas de romance.
En este caso, había sospechas que podían hacer dudar, como la presencia del hipertrofiado Dwayne “The Rock” Johnson, un actor cuyo physique du rol se lleva de maravillas en las de acción, pero tanto músculo ha tapado, hasta hora, su talento actoral.
Pues bien, Jungle Cruise es una gran rendención. “La Roca” lleva la aventura por el río Amazonas con la misma desfachatez que conduce su barca (¡y además no le quitaron la remera ni en una sola toma!).
La contraparte femenina es una intrépida, valiente e hipnótica Emily Blunt, imbuida del espíritu de Indiana Jones, pero con más gracia.
Es cierto que la película es políticamente correcta dentro de los tiempos que corren, pero viniendo de Disney eso debe ser considerado una virtud. La inclusión de un personaje gay en la historia (aun cuando no hayan superado el corsé de mencionarlo explícitamente, sino darlo a entender) es un claro avance.
Por lo demás, es una película con todos los recursos bien usados: actores de nivel (Paul Giammatti, Jesse Plemons, Edgar Ramírez), una estética salvajemente bella (en la senda de Piratas del Caribe, por momentos) y una historia ágil, con giros y bien contada.
No es poco, y menos si logra divertir a adultos y a pequeños.
En contra: Sólo para entendidos
Brenda Petrone Veliz
Jungle cruise es la nueva película de Disney ambientada a principios del siglo 20 que cuenta la aventura del capitán Frank (Dwayne Johnson) junto con la botánica Lily Houghton (Emily Blunt) y McGregor Houghton (Jack Whitehall). El trío atravesará la selva amazónica para encontrar un árbol mágico con poderes curativos que revolucionará el mundo científico.
El filme está caracterizado por la travesía y por los misterios, muy propio de Disney, pero al fin y al cabo sigue siendo una reversión de clásicos como Tarzán o Indiana Jones. Los rasgos de los personajes salieron de un mix entre ambas películas y no presentan ninguna novedad.
La científica está tan arraigada a su iniciativa, fortaleza y deslumbre, que tranquilamente podría ser el live action de Jane Porter, la novia de Tarzán, pero más adulta y en otra aventura.
La imagen del estreno se presentó como un refresh de la atracción Jungle Cruise, que forma parte del parque Magic Kingdom de Disneyland desde 1971. Por lo tanto, la esencia de esta película es únicamente para entendidos.
Sólo aquellos que pudieron disfrutar del viaje turístico podrán ver el verdadero valor del filme. Durante la D23 EXPO de Disney que se realizó en 2019, el elenco prometió que la película “le haría justicia al viaje”, afirmación que ya denotaba que este iba destinado al nicho que visitó el juego en Orlando.
Fuera de los clichés, Jungle Cruise tiene muy pocos momentos sorpresivos y el final está cantado a la media hora de terminar. El romance es intenso, pero se le dedica muy poco tiempo. Los villanos parecen personajes secundarios que, si bien generan un problema, la suerte y el azar son tan obvios que nunca se piensa que les jugará en contra a los héroes. El inicio es tan largo y tedioso que cuesta engancharlo.
En fin, la película es sólo para los visitantes de los parques de Disney porque hay que conocer la atracción para pasar el inicio, no bannear el final, sentir que el tiempo invertido en el cine no está perdido y que la atención va a estar más en la nostalgia que en la producción cinematográfica.

