Mel Gibson: cara y cruz
¿Te gusta Mel Gibson como actor y director? Aquí dos opiniones adversas de nuestra redacción.
Ya está reivindicadoPor Carlos SchillingDejemos sus episodios de violencia para los tribunales. Dejemos sus ideas religiosas para las hogueras del progresismo. Mel Gibson no pasará a la historia como un buen marido, ni siquiera como una buena persona, si es que las buenas personas pasan a la historia, algo que la historia misma refuta año tras año. Tampoco pasará como un teólogo. Su legado es otro. Tiene dos variantes: como intérprete y como realizador. Como intérprete, empezó en la categoría de ícono: Mad Max Rockatansky. Cayó como un aerolito de ojos azules en Hollywood. Hizo historia desde el principio. Ya en la saga de Arma mortal probó que su pasta de actor de acción venía condimentada con la suficiente pimienta como para afrontar roles en cualquier tipo de comedias. Recordemos Lo que ellas quieren , en la que encarna a un publicista con el don de leer las mentes femeninas (lo que no deja de ser una ironía retrospectiva sobre su turbulenta vida conyugal). En la recién estrenada La doble vida de Walter , la versatilidad de Gibson no deja dudas.Como director, es mucho más polémico y menos prolífico, pero nunca ha pasado inadvertido. Su segunda incursión detrás de cámara dio como resultado un clásico: Corazón valiente . Y tras una década sin dirigir nada (1995-2004), vuelve con La Pasión, una lectura del Evangelio a medio camino entre el teatro de la crueldad y el fundamentalismo cristiano, lo que no impide que sea una gran película. Hollywood no siempre perdona los pecados de sus artistas más talentosos. ¿Perdonará a Gibson? A sus lejanos espectadores poco nos importa. Cada película con él o de él que pasan por TV vale tanto como una reivindicación.Su único buen trabajoPor Juliana Rodríguez¿Nos tienen que caer bien los actores, o nos tienen que gustar sólo por su trabajo? ¿Juzgamos su calidad humana o artística? De acuerdo a lo que decidamos, cada vez que homenajeamos a Michael Jackson alabaríamos al pop o a un supuesto pederasta; cada vez que pagamos una entrada para ver una película de Polanski, estaríamos aportando a un supuesto violador.Intentemos, entonces, dejar a un lado que Mel Gibson fue acusado de misógino, machista, violento, golpeador, antisemita y reaccionario. Es cierto, no es fácil, pero al menos por un rato, lo intentemos. Al fin y al cabo, si Jodie Foster y Whoopi Goldberg son sus amigas, algo bueno debe tener, ¿no? Nos concentremos en el Gibson director: en la sangre derramada de La pasión de Cristo; en la falsedad de Apocalipto, en la pretenciosa (y épicamente larga) Corazón valiente. Mejor hagamos el repaso de su carrera como actor: Mad Max, todas las secuelas de Arma mortal, El patriota, Lo que ellas quieren y tantas más. Si mirás las escenas como si fuera el desafío del juego de las siete diferencias, te costaría encontrarlas. Aunque, seamos justos, sí hay cosas que cambian: el corte de pelo, una o dos muletillas.Rescatar a Mel Gibson como un director destacado y un actor de estirpe es un eufemismo por director empecinado y actor profuso, que no es lo mismo. Como Bruce Willis, Mel fue ganándose la pantalla en comedias en las que vendió ese perfil de actor simpático, bonachón y buen mozo. Y quizás ese fue su único gran papel, porque tan simpático parece que no es. Ese papel y el que interpretó en El complot, aquella película con Julia Roberts en la que era el hombre atormentado que canturreaba el tema de Gloria Gaynor.

