Lo que traen los Cineclubes: Postales del Este
El Cineclub Hugo del Carril le abre sus puertas al Segundo Festival de Cine de Europa del Este. Un menú de películas eslovenas, ucranianas, rusas, polacas y checas.
Se viene la segunda edición del Festival de Cine de Europa del Este en Córdoba, o lo que debería ser celebrado como una oportunidad de encontrarse con un cine europeo que no es justamente el que suele estrenarse en salas. Europa para todos nosotros, los espectadores, es siempre cinematográficamente la Europa de los países centrales; he aquí entonces una diferencia: otras historias, otras sensibilidades, otras poéticas. Los del Este filman de otro modo. Películas eslovenas, ucranianas, rusas, polacas, checas. Seis largometrajes y una selección de cortometrajes de la escuela FAMU de Praga, esta es la oferta general de este ciclo que se desarrollará desde el jueves 12 al domingo 15 en el Cineclub Hugo del Carril (bulevar San Juan 49).
Algunos títulos son conocidos en el circuito de festivales: El enemigo de la calle, La fábrica de la esperanza y La isla de maíz tienen su recorrido importante. Otros títulos son menos conocidos, como Gottland, Más fuerte que las armas, Quedarse vivo y los del "foco Ucrania". El este de Europa es un territorio políticamente complejo, y estas películas pueden iluminar un poco acerca de la historia reciente. Quizás un buen inicio consista arrancar con La isla de maíz, la cuarta película de George Ovashvilli, en la que se adivina el malestar de la región en contraste con la hermosura del paisaje elegido para filmar, el río Enguri. En la zona fronteriza entre Abjasia y Georgia, un anciano y su nieta cultivan maíz en uno de los montículos de tierra que surgen en el medio del río durante una época del año. Es un período fértil en el que los campesinos pueden trabajar en las pequeñas islas. Mientras trabajan, en un lugar que resulta tan frágil como paradisíaco, merodean los soldados georgianos y a veces también los rusos. Los primeros 20 minutos son contundentes: el abuelo y su nieta, prácticamente sin pronunciar una palabra, preparan la isla para el trabajo que harán. La meticulosidad del registro es apasionante, debido a que se revela una forma de subsistencia desconocida. Las panorámicas y los planos generales aseguran una experiencia del espacio y descubre la proeza técnica de los campesinos. A medida que las tareas avanzan, los soldados aparecen con frecuencia, lo que invita a creer que algo ominoso y terrible puede llegar a suceder, pero Ovashvilli es inteligente y prefiere sugerir y mantener la crueldad en fuera de campo.
Un western romántico
Johnny Guitar
, obra maestra absoluta de Nicholas Ray. Vienna, la dueña de una cantina de juegos interpretada por la inolvidable Joan Crawford, terminará enfrentada a la mayoría del pueblo como a las autoridades de la ley. ¿Los motivos? Su apoyo a la llegada del ferrocarril y su simpatía por algunos gángsters de la zona, entre ellos The Dancin’ Kid, alguna vez su amante. Los primeros cuarenta minutos son tan extraños como extraordinarios, debido al tiempo general de las escenas. Lo que sucede una vez que, nada azarosamente, el denominado
Johnny Guitar
(Sterling Hayden), quien ha sustituido las pistolas por una guitarra, llega a la cantina, es una maravilla narrativa por cómo se despliegan los hilos dramáticos.
Todos los personajes son figuras identificables que denotan un estereotipo preciso, pero sin cumplir al pie de la letra lo que significa cada uno de estos (véanse la amabilidad de John Carradine como el Viejo Tom o el sadismo de Mercedes McCambridge como Emma). La contienda final a los tiros entre Vienna y Emma, su némesis, es uno de los grandes finales de la historia del cine. Dos mujeres se enfrentan hasta las últimas consecuencias y el lugar que suelen tener en el género es trastocado, convirtiéndolas en pistoleras de pura cepa.
Johnny Guitar se podrá ver en el Cineclub de la Biblioteca (San Juan 49) el miércoles 11 de noviembre a las 22.
Dibujos en acción
En el cineclub La Quimera prosigue el mes dedicado a la animación. En esta ocasión se exhibirán varios cortometrajes, algunos internacionales (5), otros locales (9).
The Wound
, el interesante debut de la animadora rusa Anna Budanova, cuenta la historia de una niña obesa discriminada por su entorno. Frente a la crueldad propinada por sus compañeros, un día dibuja en el suelo una entidad que cobrará inesperadamente vida y se convertirá en una especie de amigo invisible para toda la vida, acaso su doble, como si su propio resentimiento adquiriese una forma humana. El tono grisáceo omnipresente elegido por Budanova refuerza las emociones de la protagonista, y los dibujos a mano transmiten con eficiencia el peso de la existencia que define la experiencia de la niña.
Otra película a tener en cuenta es la irlandesa
Old Fangs
, de Alab Holly y Adrien Merigeau, una película materialmente hermosa y narrativamente sombría, en la que un zorro, un gato y un lobo viajan a un misterioso bosque para que el pequeño lobo se encuentre con su padre. La paleta de marrones propios del otoño y los azules nocturnos es parte del atractivo estético del filme, cuyo relato pierde rigor cuando la figura del padre no consigue sobrepasar el estereotipo que lo define.
Los cortos se proyectan el Jueves 12, a las 20, en el Cineclub La Quimera, Teatro La Luna, Pasaje Escuti esquina Fructuoso Rivera.

