Karim Miské: Francia dejó de ser exclusivamente blanca y cristiana
El documentalista y narrador francés Karim Miské presenta en Córdoba una de sus películas y su primera novela, un thriller ambientado en una París multiétnica.
Si algo caracteriza a París y a otras capitales europeas es su carácter multicultural: en un mismo barrio conviven familias de las más variadas religiones y culturas. Y esa tensión es la que pone en escena Arab jazz, un cautivante thriller policial que se desarrolla en el distrito 19.
Su autor, Karim Miské, nació en Costa de Marfil pero creció en París y es hijo de padre mauritano y madre francesa. Tiene una vasta obra como documentalista y con ésta, su primera novela, ganó el Grand Prix de Literatura Policial. Hoy y mañana estará en Córdoba para presentar la novela y su película Cuentos crueles de la guerra, en una actividad añadida del último Festival Internacional de Literatura.
Ahmed, hijo de musulmanes, hombre solitario y descreído que pasó por una internación psiquiátrica y es admirador del género policial, se entera de que Laura, su vecina, una joven y atractiva azafata, ha sido asesinada. El caso cae en manos de los tenientes Rachel Kupferstein y Jean Hamelot, quienes de a poco comienzan a destejar una madeja donde coexisten minorías religiosas, tráficos de drogas y el poder político y policial. Pero la narración no sólo gira en torno del enigma principal, sino que también hace un desarrollo preciso de sus personajes: sus vidas, sus traumas, sus ilusiones.
"Recién había terminado de realizar un documental sobre los neo-fundamentalistas judíos, cristianos y musulmanes en Francia y me había mudado poco tiempo antes a un barrio popular de París, donde hay muchos de estos grupos, particularmente judíos y musulmanes. Era como si la película que acababa de terminar me persiguiera", le cuenta Miské a VOS. Y añade: "Una mañana me senté frente a la computadora, empecé a escribir y vi aparecer con sorpresa a mi personaje Ahmed, quien era la exacta antítesis identitaria religiosa que había grabado durante meses y que se encontraba en este barrio de París".
–¿Sabías adónde querías llevar la historia?–No tenía ninguna idea de la historia que iba a contar, pero veía aparecer personajes, Ahmed, Rachel, Jean, que tenía ganas de seguir. Tenía un asesino y tenía que elucidarlo. Sabía que la religión iba a tener un papel importante en esta muerte, por la carne de cerdo que estaba en un charco de sangre cerca del cadáver de Laura, la azafata muerta. Esta sombría historia de carne de cerdo parecía implicar a fundamentalistas judíos y musulmanes. Pero algo no andaba, se tenía que buscar más allá de las meras apariencias. Por suerte, los policías, Rachel Kupferstein y Jean Hamelot, eran pacientes y no se los podía engañar fácilmente. No me quedaba entonces otra opción que dejarlos llevar la investigación, paso a paso. Y con ellos, terminé por descubrir la verdad, al menos parcialmente, porque en efecto, ¿quién puede realmente pretender elucidar un crimen?
–¿Cuáles son los motivos que te llevaron a querer mostrar este mundo?–Los personajes de la novela representan la realidad de la Francia de hoy. Mis motivos no son diferentes de los de Zola o Balzac en su época, el de usar la novela para describir la realidad de una sociedad. Francia tiene de vez en cuando dificultades en aceptarlo, pero definitivamente dejó de ser exclusivamente blanca y cristiana. Basta tomar el metro para darse cuenta. Para mí es tan absurdo contar una historia parisina sin árabes o negros como sería contar Nueva York sin negros o latinos, o Londres sin indios o jamaiquinos. Lo que me llama más la atención es que no haya más novelas como Arab jazz.
–¿Qué significado tiene el premio de literatura policial que obtuviste?–Recibir este premio fue una gran alegría. Fue muy satisfactorio ver mi trabajo reconocido por un jurado exigente. Por supuesto que me motiva para continuar escribiendo, pero es también un peso porque sé que se esperará con atención mi próxima novela. De cualquier modo, ahora estoy terminando un ensayo sobre la cuestión de la identidad y la pertenencia. Luego de comenzarlo, me di cuenta de que era también una forma de darme un poco de tiempo antes de volver a la ficción.
En su vertiente de documentalista, Miské dirigió una gran cantidad de películas sobre diversos temas: los fundamentalismos religiosos, la bioética y la sordera. A Cuentos crueles de la guerra la dirigió con Ibéa Atondi y trata de las guerras que destruyeron el Congo en los años '90, y en ella los directores se hacen eco de las últimas palabras de Kurt en la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad: "El horror, el horror".
“Mi intención fue sumergir al espectador en la realidad de una guerra civil desde el punto de vista no sólo de las víctimas sino también de los verdugos”, señala Miské.
El libro
Arab jazz
Karim Miské
Adriana Hidalfo Editora
Traducción de Eduardo Berti
378 páginas
2014
$ 207PresentacionesLunes: Proyección de la película Cuentos crueles de la guerra (2002) de Karim Miské e Ibéa Atondi. Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49), a las 18. Función extraordinaria con la presencia del realizador
Martes: Presentación del libro Arab jazz. Diálogo entre el autor y Fernando López. En la Alianza Francesa de Córdoba (Ayacucho 46), desde las 19.30.

