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El invierno de los raros

El circuito alternativo repone un interesante abanico de películas que exploran en la diversidad de experiencias vitales, de realizadores argentinos y extranjeros.

24 de junio de 2013 a las 10:00 a. m.
Roger Koza (Especial)
El invierno de los raros
Cornelia frente al espejo. Foto web.

Los raros siempre tienen lugar en el cine, y también en la benevolencia y tolerancia de los espectadores. En la pantalla, un freak, alguien que eligió un modo de vida a cierta distancia de la ortodoxia moral, resulta asimilable, a pesar de los límites del orden simbólico dentro del cual una gran mayoría ve, siente e interpreta su propia vida y la vida de los otros. Gran eficacia liberal del cine: en la pantalla grande la utopía de un mundo poblado por seres extraños es concebible.

La mujer de un diplomático perdidamente enamorada de un chimpancé. Escena familiar reconocible: ella, el mono, el marido y el hijo de 10 años desayunan todos juntos. Así termina ese delirio surrealista y esa crítica directa a la cultura como sistema de decoro y buenos modales que el gran cineasta japonés Nagisa Oshima filmó en París con la gran Charlotte Rampling. Que Max, mon amour (1986) arranque con una cerradura por la que se puede espiar sintetiza el punto de vista de Oshima durante todo el filme: espiar la dimensión privada de las fantasías sexuales, un tabú. ¿Una apología de la zoofilia? Se trata más bien de una exploración cómica de la civilización y su anclaje de prohibiciones. Filme menor de Oshima, pero filosóficamente poderosom, este que se verá hoy a las 20.30 en Cinéfilo Bar (bulevar San Juan 1020).

Cinco películas conforman el ciclo "Observacion(es)" que empieza este jueves 27 y finaliza el domingo 30 en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49), y en el que se verán documentales inscriptos en lo que se entiende como documental de creación. Entre ellas está La música callada, de Fernando Botto, una película para no dejar pasar. Se trata aquí del seguimiento riguroso de la cotidianidad de dos monjes católicos bizantinos, quienes viven en un monasterio que han construido en una zona rural de la provincia de Buenos Aires. El registro es por momentos extraordinario y siempre paciente: verlos pintar íconos, traducir textos sagrados, cantar y respetar la liturgia día tras día es la exposición de un estilo de vida extraño y una experiencia perceptiva, y la naturaleza circundante ayuda, más todavía cuando Botto espera por filmar un relámpago como si se tratara de una señal del mismísimo Altísimo. Se verá el jueves a las 18 y el sábado 29 a las 15.30.

Cornelia frente al espejo (2012), de Daniel Rosenfeld, no es menos extraña que el filme de Oshima y es sin duda mucho más precisa en cuanto a la subjetividad femenina y su deseo. Esta adaptación del cuento homónimo de Silvina Ocampo puede desorientar por su impredecible hilo narrativo y su atmósfera onírica, pero la ansiedad de la protagonista transmite una incertidumbre visceral ante la propia identidad y la decisión de vivir o dejar de hacerlo. La puesta en escena, que parece teatral pero que es enteramente cinematográfica, los acordes musicales de Jorge Arriagada y la luminosa y enigmática interpretación de Eugenia Capizzano explican un poco el éxito impredecible de este filme tan exigente como placentero. Se verá en el Espacio Incaa de Ciudad de las Artes, desde hoy al miércoles, en distintos horarios.

Otra rareza es Terri. La nueva película de Azazel Jacobs, hijo del gran Ken Jacobs, demuestra que no todo está perdido para el famoso cine indie norteamericano. Terri es una verdadera rareza, y su tema excluyente es precisamente la legitimidad de lo extraño. El protagonista, un adolescente obeso que vive con su tío medicado, suele ir a la escuela en piyama y en su tiempo libre parece disfrutar de cazar ratas para alimentar a otros animales. En la escuela, lógicamente, es maltratado por casi todos, lo que no impedirá que una bellísima compañera de curso, liberal y solitaria, sienta interés por él. El misterio de Terri es su universalidad, como si Jacobs hubiera detectado a través de sus personajes diversas modalidades de excentricidad, una estructura reconocible y parcialmente vacía en la que cualquiera puede proyectar su no pertenencia y su extrañeza. Se verá el viernes, en Cinéfilo Bar (San Juan 1020, a las 20.30).