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En una etapa madura

En "La reconstrucción", la nueva película de Juan Taratuto, el director se aleja de la comedia romántica para contar un drama existencialista, ambientado en el sur.

01 de abril de 2013 a las 12:00 a. m.
Juliana Rodríguez
En una etapa madura
Juan Taratuto, con el póster de 'La reconstrucción' (Revista Veintitrés).

El nombre de Juan Taratuto surgió a principios de la década de 2000, de la mano de cierto amanecer de las comedias románticas argentinas que reunían dos cualidades: ser  de alta calidad y altamente populares: No sos vos, soy yo; ¿Quién dice que es fácil? y la hitera Un novio para mi mujer. "Si bien acá no se hace la comedia romántica clásica americana (lo cual, en realidad, es un alivio porque es bastante predecible), nos permitimos con el paso del tiempo salir de cierta obligación de hacer un cine de denuncia, un cine debate y empezar a hacer un cine con intereses en cosas más chicas, más cotidianas, más cercano", aclara el cineasta.

Tras esas experiencias, Taratuto regresa a las salas con una historia que hace un giro y cambia el norte. La reconstrucción, su nuevo filme que recién estrenó en Córdoba, es un drama introspectivo, sobre un hombre que hace el ya clásico viaje al sur del país, en busca de una nueva oportunidad de alguna manera, en eso se asimila a la última de Sorín, Días de pesca).

El filme cuenta nuevamente con el protagónico de Diego Peretti, un hombre con un pasado complejo, abatido, que viaja a Ushuaia a visitar a un amigo (Alfredo Casero) y entable un vínculo con la familia de su amigo (la mujer está interpretada por Claudia Fontán). "Esta película se relaciona con otro grado de madurez. Las otras representaban una temática relacionada con las parejas, o el mundo de la construcción de la pareja, y esta se asienta más en otro momento de la vida, en el que aparecen preguntas existenciales. Pero al igual que las otras películas, sigue transitando un camino de relaciones, personajes, conducta humana", cuneta Taratuto.

El disparador, confiesa, surgió de una situación personal que vivió, relacionado con la posibilidad de reconstruirse. Empezó a escribir los primeros apuntes en 2005 y en 2008 tenía la primera versión de guion. Ya en ese momento sabía que era un paso para alejarse de la comedia. "Siempre supe que tocaba otra tecla -explica-. Si bien quería seguir trabajando con actores y crear personajes que vivieran historias chiquitas, sabía que tenía otro tono. Porque como mis otras películas, esta surgía de un deseo muy profundo, una sensación que viene del estómago. Sentí que era más melancólica, más existencialista. Y para mí, era importante ver si en todo el proceso desde un primer apunte hasta la película terminada podía respetar eso".

En esta historia, en la que se narra el vínculo del personaje con su amigo, la familia y los vecinos de Ushuaia, el amor se aleja de la visión romántica-conyugal y se relaciona más con la amistad, la construcción de nuevos lazos y la posibilidad de supervivencia. Para acentuar esa idea es que Taratuto decidió quitar su cámara de las porteñas calles de Buenos Aires y posarla en los paisajes del sur argentino, un espacio clave para la literatura y el cine nacionales.

"Desde su mismo nombre la ciudad de Ushuaia remite al aislamiento, al frío, a la cosa inhóspita, y eso era útil para ubicar a estos personajes ahí. Por otro lado, es un lugar nuevo, en el que las tradiciones se están armando, hay pocos que nacieron ahí y la gente va en busca de algo: un trabajo, una oportunidad. A la vez, son personas sin una contención social que los contenga y eso me servía para la historia", explica el director. Y enseguida reconoce que es también la belleza de ese páramo, la luz, y la particularidad de su arquitectura las que lo convencieron de tomar la decisión.

-¿Por qué el sur es un lugar tan simbólico en el cine argentino?

-No lo sé, pero puestos a teorizar imagino que tiene que ver con esto de que la conquista del país ha sido de norte a sur, y me parece que el sur, despoblado aún, tiene esos grandes territorios vacíos, extensiones que denotan una soledad, y habitantes más duros, más huraños, con una interacción social que se dificulta por la distancia. Entonces estpá la idea de que la vida es más difícil, una vida que ayuda al cine y a la literatura.

-Por qué seguís eligiendo a Diego Peretti, incluso en personajes tan diferentes?

-El cine es muy solitario. Si bien un set está lleno de gente, el proceso creativo es muy solitario. Diego, además de ser un actor de gran talento y capacidad, es un coequiper, con el que se puede trabajar en los ensayos, reescribir el guion, trabajar la música, la edición. Está atento al tono, genera buen clima de trabajo, es inteligente. Siempre me imagino personajes en los que puede calzar, porque me encanta trabajar con él, no pasa por un fetiche ni nada por el estilo.