Estrellas fugaces: un punto de vista sobre los veloces recambios en la cartelera de cine
El incremento en la producción cinematográfica y la impaciencia que domina el régimen de exhibición hacen que muchas buenas películas duren en cartel apenas una semana.
Por un mezquino e impaciente régimen de exhibición en salas, la mayoría de las películas no dura en cartel más de una semana y una insólita cantidad (un promedio de 6 a 9) pasa rápidamente al olvido todas las semanas. Se dirá que son las reglas del marketing, inexorables para algunos, como si fueran leyes físicas que no dependen de la voluntad de los hombres.
La lógica detrás de todo esto es la siguiente: la producción de películas es exponencial respecto del pasado cercano, las que dan ganancias son pocas y solamente quedan en cartel las que prometen una recaudación decorosa (como mínimo, dos mil personas entre el día del estreno y el domingo): la permanencia en pantalla de un filme se decide en un fin de semana. Los programadores de los multiplex toman su decisión el lunes y el criterio no es estético. Los números mandan y ordenan la agenda. Los cinéfilos tienen que estar muy atentos.
El fenómeno es más complejo de lo que parece. Por un lado, la cantidad de películas que se produce en el mundo se ha triplicado, como mínimo. Los cineastas argentinos y sus productores asociados lo saben muy bien: excepto que se trate de un filme protagonizado por Ricardo Darín y/o Guillermo Francella, o dirigido por Juan José Campanella, Damián Szifrón y, quizás, Pablo Trapero, todos tienen que esperar su turno y la fecha asignada no siempre ayuda a la planificación publicitaria.
La magnífica película Mi amiga del parque, de Ana Katz, tuvo que esperar varias semanas, después de un primer anuncio de estreno fallido, para poder llegar a una sala, y esta gran comedia duró muy poco en los cines (en la ciudad de Córdoba apenas se exhibió durante una semana).
Y el fenómeno no se limita a las películas autorales y al denominado cine arte. En las coordenadas simbólicas actuales es comprensible que La maestra de jardín (el filme israelí dirigido por Nadav Lapid) y Dos días y una noche (de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne) hayan durado sólo una semana. Pero en Córdoba Te sigue (David Robert Mitchell), el mejor filme de terror que se vio en años, estuvo en algunas pantallas la primera semana y después quedó en un solo cine y en un solo horario durante siete días más.
A veces hay algunos milagros seculares: Adiós al lenguaje de Godard estuvo tres semanas en cartel y una película notable como Ave Fénix (Christian Petzold) pasó las dos semanas. Una explicación plausible pero insuficiente es que la validación de la crítica y el boca en boca hayan doblegado la racionalidad empresarial que predomina en los dueños de las salas.
Es una suerte que en Córdoba todavía existan espacios alternativos que estrenan películas que jamás se estrenarían en las salas comerciales y que reponen algunos títulos como los mencionados, o semejantes, que vuelven a tener pantalla, pero sólo de jueves a domingo, una decisión que no estaría mal que se revise para conjurar un poco el problema.
Como son cada vez menos las películas estrenadas que después se editan en DVD y Blu-ray, se dirá que ha llegado la hora de verlas en Internet. Ahí están todas, al mismo tiempo (al menos esa es la ilusión). Muchas están, pero no siempre y tampoco en las mejores condiciones. Y una película proyectada en condiciones óptimas en una sala sigue siendo la experiencia cinematográfica por excelencia, aun cuando la mayoría de las salas de Córdoba proyectan en condiciones por debajo de un estándar aceptable.
Tal vez llegó el momento de que aparezcan otro tipo de salas, bien equipadas, y que el concepto de exhibición y programación se disocie de esta lógica de mercado invencible que invisibiliza las películas bajo un imperativo de recambio indiscriminado. Mientras tanto, el cine vivirá en el limbo o en Internet.

