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El miedo cambia de piel: películas de terror que rompen el molde

Un repaso por flamantes filmes de terror que lejos de repetir viejas fórmulas revelan temores nuevos e impredecibles que reavivan el género.

14 de junio de 2015 a las 12:10 p. m.
El miedo cambia de piel: películas de terror que rompen el molde
'Te sigue'.

La cartelera se nutre cada semana de algún que otro espécimen de esa industria del susto que es el cine de terror, en los que generalmente hay un grupo de jóvenes inmaduros perdidos cerca de un lago, alguna casa embrujada en la que tiemblan las vajillas o una multitud de zombies que avanzan con pulso babeante. Mientras las gastadas fórmulas –esas que La cabaña del terror (2012) supo parodiar con ánimo festivo- se reproducen sin gracia, aparecen de a cuentagotas y por aquí y allá súbitos exponentes de un terror distinto, a veces cómico, dramático, bizarro o desconcertante.

Falta todavía para su estreno local –previsto para el 16 de julio-, pero ya todo el mundo habla de ella. Te sigue (It follows) ha sido bautizada como la película de terror del año, y su joven director, David Robert Mitchell, es nombrado nada menos que como el gran sucedáneo de John Carpenter. Exageración o no, los elogios no paran de lloverle al filme, que cuenta la historia de Jay (Maika Monroe), una adolescente de 18 años que después de tener relaciones por primera vez siente que algo "la sigue". Más tarde averigua que, sexo mediante, ha captado el estigma de que en todo lugar alguien –que solo ella ve- la acecha: un recurso que se revela miedosamente provechoso.

¿Terror abstracto? Algo así. Ajena a efectos especiales baratos o a sustos sin sentido, Te sigue basa su armamento en la sutileza de la perspectiva, en los escenarios ominosos, en sugerir capas profundas de sentido vinculadas a la promiscuidad, la iniciación sexual y la vida juvenil en los suburbios –temas de la anterior película del director, The myth of the american sleepover (2010)-.

"La sensación de ser seguido por una presencia de la que podés oír los pasos resuena distinto en cada persona y básicamente proviene de una pesadilla que yo tenía de chico”, dijo Mitchell. Y agregó: “No creo que el cine tenga que trabajar con el mundo en que vivimos. Las reglas del cine no pasan por tratar de entender el mundo. Y algo no tiene que ser fantástico porque tome elementos de la fantasía. Las películas son como sueños y eso puedo ser usado como ventaja”.

Risa de susto

El ejemplo bizarro del género proviene de la última película del estadounidense Kevin Smith, famoso por comedias como Cajeros (1994) o La otra cara del amor (1997) y que relanzó su carrera metiéndose con el terror en Red state (2011). Su estela despuntó aún más con Tusk, filme que nace como una jocosa broma en el podcast que Smith comparte con su amigo y productor Scott Mosier. Allí ambos elaboraron un relato improvisado a partir del anuncio real en que un hombre ofrecía un cuarto gratis a cambio de que el inquilino se disfrace de morsa. Una hora más tarde, al terminar la narración, Smith se dio cuenta de que tenía un filme entre manos.

Wallace Bryton (Justin Long) es un locutor de podcast que viaja a Manitoba (Canadá) para entrevistar al niño de un video viral, sólo para enterarse que se mató. Sin saber qué hacer, se queda otro día y asiste a la mansión del truculento anciano en silla de ruedas Howard Howe (un desquiciado Michael Parks), quien le ofrece un cuarto gratis a cambio de escuchar una historia. El viejo resulta ser un asesino serial que adormece a sus víctimas para mutilarlas y convertirlas en morsa con el fin de recrear a su amigo Tusk, un mamífero altruista que lo rescató de un naufragio.

Bryton es, claro, la nueva presa de Howe, y ahora su novia Genesis Rodriguez (Ally Leon) y su compañero de podcast Teddy Craft (Haley Joel Osment, el niño de Sexto sentido) van a rescatarlo junto a la compañía del afrancesado detective Guy Lapointe (Johnny Depp, en un papel insólito).

Tusk es irregular pero ese fracaso la hace noble, simpática y memorable: ya nadie pierde aceite así. Por si fuera poco, es genuinamente terrorífica: Tusk debe ser una de las pocas películas del género donde el monstruo aparece y asusta o, al menos, incomoda. No es fácil quitarse de la mente la imagen de Bryton convertido en una morsa de color piel cuya textura ha sido labrada con sus propios huesos. "Lo que impulsa al filme es la palabra 'morsa'. Si hubiera sido cualquier otra palabra –caballo, pitón o dragón- no hubiera sido igual. 'Morsa' hace que la gente haga '¡ew!'", reconoció Smith, quien prepara dos filmes que harán a la trilogía True North ("norte verdadero").

Bajo llave

El terror también puede ser encantador, delicado y conmovedor. Babadook es el gran debut australiano de la directora Jennifer Kent, donde el vínculo familiar está signado por el de madre e hijo. Ambos se ven asediados por el Babadook, un aterrador monstruo de cuento infantil con ecos gráficos de Tim Burton y Edward Gorey que habita en el sótano de la casa, ahí donde yacen las pertenencias del padre muerto. Con la intromisión del demonio de por medio, que amenaza con posesiones macabras y deambulares domésticos, Babadook se las arregla para exhibir toda la belleza y el desconsuelo que unen a un niño y a una madre aislados trágicamente de la sociedad.

Pero, también, Babadook se mete de lleno en el tabú de una maternidad errática y problemática, lejos de la postal condescendiente. "La madre del filme miente. Ella no es una buena madre. Pero eso la hace humana. Su hijo es insoportable e irritante, pero eso es entendible cuando tenés un monstruo nebuloso amenazándote", reconoció la directora. Y agregó: "No estaba interesada en hacer personajes que gusten, algo poco frecuente en las películas, al menos las estadounidenses. Creo que el terror es el género perfecto para los personajes defectuosos. Está hecho para ellos".

Otros filmes recientes como Honeymoon de Leigh Janiak o A girl walks home alone at night de Ana Lily Amirpour son exponentes de una pulsión que no cesa, la de hacerle justicia a una tradición que, desde El bebé de Rosemary a Déjame entrar, indaga en los abismos del ser humano y la experiencia cinematográfica, esa que pone la piel de gallina sin la ayuda de baratos trucos de feria.