El irlandés del pueblo: nuestro comentario del filme "The joycean society"
The joycean society es un documental sobre un grupo de personas que hace más de 30 años se reúne a leer la última obra de James Joyce.
En algún lugar en Zúrich, desde 1986, un grupo de lectores aficionados han integrado una sociedad transgeneracional y abierta que lee sistemáticamente la última obra de James Joyce, Finnegans Wake. Una reunión semanal, una lectura segmentada: si Joyce pretendía agotar el lenguaje, estos sacerdotes lúdicos y amantes de la literatura están dispuestos a descifrar 70 significados posibles por palabra, una misión hermenéutica infinita aunque placentera y edificante.
Más que académico, el sentido del emprendimiento parece ser terapéutico y, por qué no, religioso, pese a que el humor y la ironía predominan en el temple de los lectores (hay un muy buen chiste sobre el Papa argentino). Religioso es un sentido particular: esta experiencia literaria es en cierto sentido un ascesis para los miembros de la sociedad joyceana, pues la lectura como práctica sistemática modifica la interioridad de los lectores.
No se trata aquí de vínculo diletante con la literatura, sino de un trabajo lúdico y estético en grupo. Leer apasionadamente una obra implica una gimnasia del espíritu. Lo leído modifica al lector. Como dice Fritz Senn, un viejo profesor de literatura y un poco el padre simbólico del grupo: "Quizás leer Finnegans Wake es un sustituto para las personas que normalmente no tienen mucho éxito en la vida… La cultura es una especie de sustituto de placeres que a algunos nos son negados por diversas razones".
Dora García transforma el lente de su cámara en un observador perspicaz capaz de seguir las instancias de lectura sin intervención alguna. Unos planos generales y medios de una estatua del escritor en bronce en un paisaje nevado y un par de comentarios pertinentes por parte de los más viejos del grupo son los intervalos elegidos para contextualizar este oficio casi religioso.
Joyce podrá ser patrimonio de los intelectuales, pero The Joycean Society es un filme esencialmente popular. Del mismo modo que existe una división general del trabajo se podría decir que hay algo así como una difusa división general de los placeres literarios. La complejidad literaria de Joyce parece naturalmente reservada a los eruditos. He aquí una fabulosa refutación y una posible moraleja: ningún texto es imposible para aquellos que insisten en querer entenderlo.
La hermosa provocación del filme de García pasa por ver a un grupo de personas realizando una tarea enteramente improductiva. Observar cómo estos hombres y mujeres le dedican sus vidas a un solo libro y se sustraen del imperativo económico es constatar un discreto acto de resistencia. Al conjurar la distracción como estado de ánimo colectivo, la amorosa concentración de los miembros de la sociedad joyceana constituye una acción a contramano de nuestra época. Repetición virtuosa, monomanía saludable, en este filme prodigioso la literatura y la vida se confunden. Leer para vivir, vivir para leer.
Documental
Muy buena
(Bélgica, 2013). Dirección y guion: Dora García. Fotografía: Arturo Solís. Edición: D. García, Inneke Van Waeyenberghe, Thomas Depas. Duración: 53 minutos. En el Cineclub Hugo del Carril, sçab. a las 15.30 y 20.30. dom. a las 18 y 23.

