Dolores Fonzi, sobre “Distancia de rescate”: La película le quita solemnidad a la maternidad
La actriz habla sobre “Distancia de rescate”, el filme que protagoniza junto con María Valverde y que se estrenó en salas de cine. El 13 de octubre llega a Netflix.
Distancia de rescate, la premiada novela de Samantha Schweblin, se lee de un tirón, entre el interés por el thriller, la necesidad de descubrir un misterio y el pavor que genera la idea del peor de los terrores: hijos en riesgo y madres que no pueden evitarlo. Así también es la experiencia como espectador de la historia: sin respiro.
Netflix anunció en 2018 que produciría la adaptación al cine, respaldada por grandes nombres: dirigida por la peruana Claudia Llosa (La teta asustada), con guion de la misma Llosa y de Schweblin; y producida por Mark Johnson y Tom Williams, de Gran Via Productions, en conjunto con la productora Fabula, de los hermanos Juan de Dios y Pablo Larraín (Una mujer fantástica).
El filme transcurre en un verano, entre el sol y el calor tórrido, en un pequeño pueblo rural. Allí llegan Amanda (María Valverde) y su pequeña hija Nina para pasar las vacaciones; también su marido, que se les sumará luego. Y allí Amanda entabla relación con Carola (Dolores Fonzi), quien vive en el pueblo, se hace su amiga y le cuenta que cree que su hijo pequeño ya no es quien era.
Desde entonces, entre miedos sobrenaturales y otros de lo más reales, la historia avanza sobre los peligros que acechan a esos niños, y el intento y la frustración de esas madres por evitarlos.
“Más allá de la historia en sí, de las dos madres y de las características del personaje, a mí me es fundamental tener un vínculo fluido con el otro actor o actriz con quien trabajo. En esta película, que habla del encuentro de estas dos personas, era fundamental tener un vínculo íntimo, particular y abierto con María, estar conectadas. Y lo hicimos. Estábamos todo el tiempo juntas, nos hicimos amigas. Después, el trabajo con los personajes fue más de la mano con Claudia y de sus referencias”, dice Dolores Fonzi, en una entrevista por Zoom con VOS.
La actriz (que ya interpretó a otra madre atribulada en un paisaje bucólico en el drama El campo) cuenta que primero leyó el libro y le gustó, y se preguntaba cómo sería transformado en una película.
Y dice: “El guion está escrito de una manera que no hay madres malas o madres buenas. Le quita solemnidad a la maternidad, una puede ser madre y cualquier madre, no hay que ser un tipo de madre. La película logra hablar de esos personajes tan distintos y complementarios a la vez. Amanda le trae a Carola la posibilidad de una vida nueva, Carola le trae a Amanda una frescura que ella no siente en ese momento de su vida”.

La otra madre
Fonzi señala que no son las únicas madres que aparecen en la historia: “La película también habla de una crisis ambiental con la Madre Tierra, una injusticia social y ambiental que es increíble. En Argentina estamos acostumbrados a eso, como un país arrasado por grandes corporaciones y grandes potencias, eso sigue sucediendo. Las cosas siguen pasando. Hace poco pasó con lo de la ley de etiquetado, que fue para atrás, un desastre. Hace poco, con lo de las granjas porcinas en El Chaco. Seguimos cediendo ante los grandes capitales que vienen a arrasar con todo”.
Y agrega: “No hay que cortar tampoco la distancia de rescate con el planeta, eso también propone la película. Cuando se abre la mirada y la película te muestra el todo, ves el peligro. Y nosotros somos parte activa de ese peligro que seguimos subestimando”.
A medida que avanza el filme, el foco en los temas, en “los detalles”, como dice uno de los personajes, se va moviendo, sutilmente, mostrando otras capas, descubriendo dónde está el verdadero terror, pasando del relato fantástico a otra historia.
“Me parece tan importante esta película. Soy fan”, dice, enfática, la actriz.
–Tiene otra cosa el filme que no logran todas las ficciones: no baja línea de manera torpe, pero pone en el centro del relato un tema actual. ¿Creés que es importante que la ficción adopte esos discursos?
–A mí me gusta el cine, me gusta soñar, el mundo de fantasía. Si dentro de ese mundo de fantasía me traen un tema tan importante como la crisis ambiental, climática y social que padecemos, me encanta. Me inspira. Estás en un universo fantástico que te interpela de una manera muy profunda. Estás viendo una fantasía y de repente te cala un mensaje que te trae, pero de una manera sofisticada. No es que la película “habla de eso”, sino que lo muestra, lo pone en evidencia: somos todos presas de este sistema. El cine no hace milagros. No espero de cada guion una bajada social concientizante. Pero cuando sucede de esta manera, con una mirada sofisticada y no obvia, me encanta.
–En el libro y en el guion un personaje pone el acento en la importancia de observar los detalles para contar la historia. ¿Cuáles fueron los detalles que atendiste para construir a Carola, tu personaje?
–Queda en evidencia que me hago muchas cosas en el pelo. El pelo es un disfraz por donde empiezo, el cuerpo también. Voy de afuera hacia adentro para cambiar en función de los personajes. Para este personaje, adelgacé como 10 kilos. La bikini dorada, las uñas postizas, el pelo postizo son parte de esa vida “adornada” de ella, que se rodea de ornamentos ficticios con los que ella misma se arma un personaje porque su propia vida no le sostiene el espíritu. Me la imaginé así, consumida, no nutrida, en un entorno hostil. La aparición de Amanda es de una nueva vida posible: llega esta mujer independiente, sola, manejando un auto. Además de lo físico, seguí la guía de Claudia para ver cómo mezclar mi personalidad, que ella cree que tiene mucho de Carola, con el personaje. Sobre todo, para la demanda emocional que tiene la escena del relato de ella, cuando las dos están en el auto, que es crucial en la película y en su vida.

