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De camino a Occidente: nuestro comentario de "Lejos de ella"

Una muestra del talento de Jia Zhang-ke, uno de los grandes realizadores del cine contemporáneo. Calificación: Excelente.

09 de abril de 2016 a las 03:45 p. m.
De camino a Occidente: nuestro comentario de "Lejos de ella"

Suena Go West, de Pet Shop Boys, al inicio de Lejos de ella. El tema musical se escuchará un par de veces más y volverá en el final aunque en otra versión. Con seguridad, la última vez que suene nada será igual: la secuencia crepuscular que tiene lugar mientras la nieve cae todavía sin mucho peso volverá una y otra vez en el recuerdo del espectador. La dicha de ir a ver un filme de Jia Zhang-ke, uno de los realizadores más importantes del cine contemporáneo, se comprueba sin refutación en ese instante.

La canción es mucho más que una forma de memoria suplementaria de la protagonista. Esa es la función para ella. El título del tema es la dirección que ha tomado una nación. China, el país milenario, el que alguna vez fue maoísta, se dirige a un Occidente imaginario. Ese es el (otro) tema del filme: el devenir occidental de los chinos.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=wLcrCujPPK8]

Dividida en tres tiempos históricos (1999, 2014, 2025), progreso del tiempo que a su vez implica una expansión de la proporción de la imagen (empieza en 4:3 y culmina en cinemascope), Lejos de ella empieza como un melodrama. En la provincia de Shanxi, Zhen Tao está siempre acompañada por dos hombres que la pretenden. Uno es minero, el otro es el dueño de la mina y un futuro empresario del naciente capitalismo chino. En algún momento, la joven maestra de danza y empleada de un local de electrodomésticos hará su elección. Tendrá un hijo con el candidato pudiente y conformará una familia que no durará mucho. En la segunda y tercera parte del filme, el melodrama será sustituido por un drama de índole familiar. Tao apenas podrá ver a su hijo porque vive con su padre en un lugar donde puede recibir una mejor educación. En el último capítulo, que transcurre en un futuro imaginado, el hijo ha olvidado el idioma chino, a su madre y la historia de su país. Vivirá, como muchos otros chinos, en Australia. La lengua elegida es el inglés y los nombres son anglosajones.

El comunismo de mercado de los viejos rojos y las transformaciones geológicas y políticas, que tienen efectos precisos en la vida de las personas, han sido siempre el tema transversal de las películas de Jia. Nada de nostalgia, tampoco de docilidad; Jia observa pacientemente los acontecimientos de su país y trata de registrar los procesos históricos a partir de los efectos directos en sus personajes. La maestría del director es saber filmar los imperceptibles cambios que se despliegan en el tiempo y que responden a un sistema de vida.

Lo extraordinario es que jamás apela al subrayado. Todo es sugerencia, signos que pueden ser descifrados. Véase ese paraje al lado de un río al que suelen ir los tres amigos en su juventud. A menudo, el cineasta vuelve al lugar y va notificando con planos de una precisión absoluta las alteraciones del paisaje; este es el espejo material de los personajes, que también dejan de ser quienes eran. El tiempo literalmente se ve en Tao, y no se trata solamente de una proeza del maquillaje.

Algo más, un comentario al paso. Jia Zhang-ke es uno de los pocos cineastas que todavía saben filmar el rostro del pueblo. Palabra fatigada como pocas, pero a la que este realizador, como antaño sucedía con Pasolini o Rossellini, le confiere una materialidad indesmentible, al filmar a los hombres y las mujeres en la calle festejando el advenimiento del nuevo siglo al comienzo, o la expresión del pretendiente proletario de Tao, en cuya mirada se adivina la postergación infinita de la propia vida y la mínima resistencia que proviene de su dignidad.

Lejos de ella

Calificación: Excelente. Guion y dirección: Jia Zhang-ke. Con: Zhao Taio, Jinsheng Zhang Yi, Liang Jin Dong y Dong Zijian. Apta para mayores de 13 años.

Sexo: nulo. Complejidad: nula. Violencia: nula.