Cineclubes: la comunidad de El Pampero
El Cineclub Municipal Hugo del Carril presentará un retrospectiva de las películas de la productora El Pampero. De Historias extraordinarias a El escarabajo de oro. Desde este jueves.
El Pampero es el nombre de un viento frío proveniente de la Antártida, una geografía venerada por los exploradores. Pampero es también la marca de una indumentaria asociada a los niños y es el nombre de una destilería de ron venezolano. Si se le agrega el vocablo “cine”, se trata entonces de una productora de cine independiente que ha dado varias películas rutilantes en la última década y la presente, en el marco de lo que se ha denominado Nuevo Cine Argentino. El Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) ha decidido celebrar, del jueves 16 al domingo 20, una retrospectiva sobre esta comunidad cinéfila de Buenos Aires.
Historias extraordinarias (2008) es sin duda la película más conocida de la productora. La película de Mariano Llinás significó una prueba de que se podía hacer otro cine (de aventuras). Las cuatro horas de aquella película volaban, ya que el ingenio radicaba en las derivas de tres historias cómicas, a veces melancólicas y delirantes, que prescindían de efectos especiales y escenarios exóticos para transformar la provincia de Buenos Aires y sus periferias y zonas rurales en locaciones pletóricas de misterios e intrigas.
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Esa película, como muchas otras de la productora, establecía una relación directa y un reconocimiento genealógico con la literatura de aventuras del siglo XIX. Esa influencia resultó siempre ostensible. La otra, sin duda, fue estrictamente cinéfila. Los miembros del Pampero han curtido una tradición cinematográfica e incluso crítica. Basta recordar la magnífica escena en la que Walter Jakob se encontraba con un león en Historias extraordinarias. La convivencia en el plano entre el animal y el hombre era una forma de homenaje a un texto hermoso de André Bazin titulado "El montaje prohibido".
En un texto escrito por Llinás, pero que no fue firmado por él, y en el que habla en nombre del grupo, se lee: “No se hace cine sin alegría y sin arrebato, y entonces lo que nosotros tratamos de hacer, lo que tratamos de hacer desesperadamente es mantenernos disponibles a la alegría y al arrebato”.
Imprescindibles
La prueba de esa afirmación se puede corroborar en Balnearios (2002), El loro y el cisne (2013), Castro (2009), Ostende (2011), El escarabajo de oro (2014), Opus (2005), El amor (primera parte) (2004) y, lógicamente, Historias extraordinarias, los títulos que son parte de esta retrospectiva (en la misma sala alterna con la retrospectiva de Pampero Cine la película La mujer de los perros, de 2015, de Laura Citarella y Victoria Llinás, que también es un filme de Pampero).
De las nombradas hasta aquí falta una película y es la menos conocida de todas. Se titula El humor (pequeña enciclopedia ilustrada) del 2006. Sus directores, Mariano Llinás e Ignacio Masllorens, como el propio título deja entrever, circunscriben la materia de su filme al humor gráfico realizado en Argentina. Langer, Cascioli, Quino, Maitena, Liniers, Oski, Paz, entre otros, son algunos de los autores citados y explorados.
Siempre se ven sus dibujos y sin excepción se cuenta sucintamente la trayectoria profesional de los retratados. En ocasiones, los dibujantes están presentes, y en alguna oportunidad hasta llegan a interpretar una historia. Por ejemplo: Liniers viaja al sur para corroborar los paisajes y animales que suele incluir en sus columnas. El viaje hasta llega a modificar ligeramente su estilo. En efecto, la película cuenta con un par de fábulas, siempre en función de decir algo más respecto de la obra del dibujante elegido. En el caso de Max Cachimba, su introducción es a partir de una historia en la que la aparición de sus dibujos va generando una especie de ansiedad generalizada en la comunidad de dibujantes.
La modalidad narrativa de estos episodios remiten directamente a Historias extraordinarias: una voz en off narra un conjunto de escenas que llevan adelante la acción. Pero no es la única modalidad poética del filme, ya que la entrevista no se excluye, como sucede en el segmento final, no desprovisto de emoción, cuando los realizadores se encuentran con un ya envejecido Grondona White.
Hay una secuencia lúcida y didáctica que es imposible ignorar, en la que se analiza a fondo un dibujo de la columna “El detalle que faltaba”, de Miguel Ángel Dobal, publicada a principios de la década de 1980, exégesis exquisita con la que se puede entender la inteligencia del dibujante y la importancia del fuera de campo tanto en el dibujo como en el cine.

