Temas del día:

Cineclubes: Dos directores para no perderse

Dos ciclos de la semana recuperan la obra de dos grandes directores, el iraní Abbas Kiarostami y Wong Kar-wai, de Hong Kong. Del primero se exhibe una retrospectiva fundamental, y del segundo su último filme: El arte de la guerra.

24 de marzo de 2014 a las 12:30 p. m.
Roger Koza
Cineclubes: Dos directores para no perderse
'El viento nos llevará', de Abbas Kiarostami.

Quienes pongan el foco en "Primer Plano a Kiarostami", en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), desde este jueves 27 hasta el domingo 30, podrán constatar cómo la dialéctica de esconder y mostrar articula toda la obra del maestro iraní. Se proyectarán Primer plano, El viajero, ¿Dónde está la casa de mi amigo?, Y la vida continúa, A través de los olivos, Los caminos de Kiarostami, ABC África, Shirin, La viuda y Ten, varias de ellas obras maestras del cine de todos los tiempos.

En ciertas áreas de las prácticas sociales, la idea de un maestro puede ser perniciosa, pero no en el cine. Un maestro cinematográfico es quien en un conjunto de películas delinea una forma, una inquietud general, una descripción de mundo. Quien haya visto películas de Abbas Kiarostami apreciará enseguida los rasgos formales y los temas centrales de este director fascinante.

En el libro Abbas Kiarostami, (editorial Los Ríos), uno de sus autores, Jonathan Rosenbaum, sugiere que una característica ostensible del cine del director iraní pasa por un modo de composición del plano que funciona como una interrogación. Lo que se ve invita amablemente a la pregunta ¿qué quiere decir Rosenbaum?

Hay un buen ejemplo de esto en un pasaje grandioso de una de las mejores películas de Kiarostami, El viento nos llevará. El protagonista, un presunto ingeniero, visita un pueblo perdido en las montañas. Tal vez no está ahí para desarrollar un trabajo de ingeniería, pues hay indicios de que puede ser un periodista encubierto. Esta indeterminación de la actividad del personaje se incorpora al relato en forma de pregunta. El público es gentilmente incitado a preguntarse sobre la agenda (secreta) del personaje.

En un momento fundamental (lo que se convierte además en un gag recurrente y ocurrente), el ingeniero tiene que ir hasta la cima de una colina para recibir llamadas en su celular. Se escucha a alguien cantar: un excavador. A este personaje secundario no se lo verá jamás; aun así, en su extrema invisibilidad, funcionará como el signo principal del que surgirán todas las preguntas (morales y filosóficas) del filme. Él y el protagonista conversarán varias veces; en el primer encuentro, el ingeniero se topará con un fémur que ha encontrado el excavador. Ahí se cifra el espíritu de la película: el hombre tiene una vida espiritual pero depende de la materia, susceptible de decadencia y de finitud.

El gran maestro

El Cine Teatro Córdoba (27 de abril 275) repone del jueves al domingo El arte de la guerra. Se trata de un filme fascinante, con dos o tres momentos magistrales, propios de un director del calibre de Wong Kar Wai.

La película, cuyo título original es “El gran maestro”, no es autorreferencial. El maestro en cuestión (Ip Man, que tuvo entre sus discípulos al gran Bruce Lee) remite al universo del kung-fu.

Si bien la trama cuenta su historia y la lucha entre escuelas rivales, la gran historia contextualiza el relato, que siempre suele girar directa o indirectamente en torno a una historia de amor fallida. En ese sentido, el filme no está muy lejos de Con ánimo de amar, una de sus películas más logradas.