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Cineclubes en Córdoba: viejos y nuevos militantes

En el circuito alternativo, vienen películas que invitan a discutir ideas. Se repone “Figuras de la guerra”, de Sylvain George y Chris Marker en La Quimera.

29 de agosto de 2012 a las 12:02 a. m.
Roger Koza (Especial)
Cineclubes en Córdoba: viejos y nuevos militantes
'Level 5', uno de los filmes de Chris Marker. Para ver y rever.

Hubo un tiempo en el que una cámara poco tenía que ver con el retrato familiar y el deseo narcisista de filmarse y hacer pública la vida privada. En otro tiempo, no muy lejano, una cámara era munición ideológica y pedagogía popular. Todos lo sabían, lo intuían: el cine podía sintetizar en pocos minutos una idea, un tema clave, una práctica injusta. El cine militante fue una marca de los \'60 y \'70, pero quizás vuelve, como un bumerang tardío que nunca perdió vigencia.

Sin duda, quien vea Figuras de guerra (2010), el extraordinario filme de Sylvain George, podrá constatar que el cine militante tiene aún un representante prodigioso. Insólito: un cineasta relativamente joven, sin asistentes y en completa soledad, pasa cuatro años filmando las condiciones deplorables en las que viven los inmigrantes ilegales de Asia y África que llegan hasta Calais, al norte de Francia, en busca de una vida mejor. George se convierte en uno más entre tantos hombres que, aunque están obligados a escapar a cada instante de las patrullas y la milicia del gobierno francés y la Unión Europea, aún así tienen tiempo para cantar, rezar y reír.

Figuras de guerra, que se repone en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, es un filme que reivindica el cine militante pero que a su vez pertenece a otro tiempo. No se trata de arengar al pueblo y conducirlo a la revolución. Se trata, más bien, de dar batalla en tiempo presente y componer otra visibilidad para un tema conocido. La inmigración, acaso un imparable movimiento de masas en dispersión, que acontece en todo el mundo, es percibida por los estados centrales como una amenaza bélica. El extranjero no sólo es tóxico y peligroso, es un enemigo, la figura clave de una guerra difusa.

Lo extraño es que en este cine militante de George la rabia no está reñida con la belleza, ni la forma cinematográfica sucumbe frente al imperativo de la propaganda o la denuncia. Imposible no sentirse interpelado por Figuras de guerra, cine del mejor, cine del que no vemos mucho. (Del jueves 30 al domingo 2, en distintos horarios, San Juan 49)

La militancia sin armasUno de los grandes secretos del reciente cine argentino se llama Regreso a Fortín Olmos (2008), de Patricio Coll y Jorge Goldenberg, dos cineastas más bien veteranos que demuestran su vigencia con este soberbio documental político. En 1966, los directores habían filmado un documental (Hachero nomás) sobre los hacheros del norte de Santa Fe, y conocieron una experiencia comunitaria y cooperativa enmarcada en la fe católica, denominada Ayuda Fraternal Fortín Olmos. Se trataba de un proyecto colectivo de emancipación económica donde convivían y trabajaban profesionales, religiosos y obreros. Guiados por una intuición sólida de que aquella experiencia poseía un valor utópico (y cinematográfico) incomparable, Coll y Goldenberg vuelven al lugar y van en búsqueda de los viejos protagonistas de aquel experimento social hoy ya pretérito. El filme, entre otras cosas, muestra una modalidad de militancia comprometida sin apelación alguna a las armas, tal vez un ejercicio heterodoxo para aquella época en la que la guerrilla parecía el único camino para quienes sentían un visceral espanto frente a la injusticia distributiva. Hoy a las 19.30, en el Espacio INCAA 700, en Ciudad de las Artes.

El militante aventureroMurió hace menos de un mes. Mucho antes de que existiera la red ya era un cibernauta, y un pionero en materia de cine militante. Se llamaba Chris Marker y fue una de las mentes brillantes del siglo XX. Su inteligencia se aplicó al cine y a todo tipo de imágenes. Level 5 (1997), película extraña y fascinante, en la línea de La jetée (1962), es una prueba. Una mujer intenta reconstruir un videojuego ideado por su difunto esposo. El juego en cuestión está situado en la Batalla de Okinawa, al final de la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto y texto, Marker se aventura una vez más a las intrincadas relaciones que se establecen entre la memoria, la imagen y la Historia. Ya el comienzo del filme es una evidencia de su genio: una mano, un mouse y una inmersión directa en la realidad virtual prometen un viaje cinematográfico y filosófico. Pero también es el viaje de un militante, de un hombre que filmó desde la división de la izquierda post Mayo Francés hasta los misterios insondables de la cultura japonesa. (Jueves 30, a las 20.30, en el cineclub La Quimera, Pasaje Escuti esquina Fructuoso Rivera)

La última de HitchcockPara cualquier cinéfilo militante, la última película de un maestro resulta una obligación. Trama macabra (1976), tal vez una obra maestra menor, es una suerte de comedia negra sobre médiums, joyas y crímenes donde Alfred Hitchcock vuelve a experimentar con el relato dividiendo la acción entre dos parejas protagónicas. Parece un filme menor, pero sintetiza el genio del maestro. (Hoy a las 20.00, en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020).