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Cineclubes en Córdoba: el maestro moderno

Un ciclo dedicado a Michelagelo Antonioni invita a los cinéfilos al Hugo del Carril. Además, una nueva chance para ver la película de Nicolás Prividera, "Tierra de los padres", y "El Árbol", de Gustavo Fontán.

26 de septiembre de 2012 a las 12:03 a. m.
Roger Koza (Especial)
Cineclubes en Córdoba: el maestro moderno
'La aventura', una película fundamental de Michelangelo Antonioni se verá en el Cineclub Hugo del Carril.

Es una semana gloriosa si uno ama profundamente al cine. Organizado por el Instituto Italiano de Cultura Córdoba y el Consulado General de Italia en nuestra provincia, junto con el Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49), se celebra en Córdoba, desde este jueves 27 al domingo 30, un ciclo (casi) obligatorio: 100 años de un genio-Lo sguardo di Michelangelo Antonioni. Se trata de una cita imperativa si a uno le interesa el cine moderno, ya que justamente con el gran Antonioni (y algunos otros, no muchos más), el cine conquistó hace unas décadas su propia modernidad: el relato se reinventaba y la cámara volvía a ser una experiencia directamente dirigida hacia (y sentida en) la percepción del espectador.

Largometrajes, mediometrajes y varios cortometrajes, algunos nunca vistos, constituyen la programación de este ciclo extraordinario. Algunos de los títulos canónicos se podrán revisitar: Blow Up (1966), Zabriskie Point (1970), El desierto rojo (1964), por ejemplo. Entre los cortos, La mirada de Michelangelo (2004), su último trabajo lúcido, resulta imprescindible.

Una curiosidad para no dejar pasar es su magistral documental China (1972), una obra comisionada por el mismísimo Mao Tse Tung y posteriormente rechazado por el mismo líder de la Revolución Cultural; aparentemente, el filme de casi cuatro horas de duración destilaba efluvios antirrevolucionarios. Lo cierto es que China es un retrato sólido y multifacético sobre una nación y su gente, en el que se puede divisar perfectamente la yuxtaposición de dos órdenes simbólicos: la vieja China milenaria y sus prácticas diversas se va mixturando con un nuevo inicio cultural, acaso una tabula rasa simbólica.

La modalidad observacional elegida por Antonioni funciona a la perfección; su curiosidad es infinita y la cámara misma parece interrogar sin palabra la realidad en su conjunto. Los pasajes dedicados a una clínica médica revela, entre otras cosas, la eficacia de la acupuntura ante una maniobra de alto riesgo. Pero el mayor mérito de Antonioni es sociológico: el filme visibiliza el funcionamiento de una mentalidad colectiva en plena mutación ideológica pero estructuralmente inamovible: los chinos puede obedecer a un emperador como a un líder rojo; lo que importa es la sumisión.

La gran película de Antonioni, y una obra maestra que está entre las mejores películas de la historia del cine, es La aventura, título estéticamente revolucionario y síntesis de la obra de un genio. En alguna ocasión, Antonioni sentenció: "¿Cómo es posible que los hombres se deshagan fácilmente de sus concepciones científicas y técnicas cuando éstas revelan ser insuficientes o inadaptables, mientras que siguen asidos a creencias y sentimientos \'morales\' que no le traen más que desventura, incluso cuando inventan un inmoralismo todavía más enfermizo?". Con semejante clarividencia uno puede acercarse a este filme libre y radical de 1960, con el protagónico de la bellísima Mónica Vitti.

La aventura es una película fundamental para estudiar el deseo en clave moderna. Aquí, una mujer se pierde o más bien desaparece en una isla volcánica tras una expedición placentera en un barco acompañada de un grupo de amigos, entre ellos su pretendiente poco confiable pero deseado y su mejor amiga. Después de una búsqueda exhaustiva, la amiga y el candidato se enamorarán y prácticamente la mujer perdida será olvidada, aunque los nuevos amantes a menudo parecen sentirse observados e inquietos. Hacia el final habrá una revelación y una decepción, y la cita anterior precedente de Antonioni alcanzará el status de una justificación filosófica respecto de sus películas. En La aventura, por otra parte, la puesta en escena establece un ida y vuelta entre espacio geográfico y la vida anímica de los personajes, un rasgo estilístico del director. Aquí las islas poseen un orden de continuidad respecto de las personas: siempre separadas, indefectiblemente aisladas.

Última oportunidadEste jueves es la última ocasión para ver Tierra de los padres, de Nicolás Prividera, un ensayo inteligente sobre 200 años de historia argentina y su relación ostensible con el presente que transitamos. El escenario: el cementerio de La Recoleta y las tumbas de los padres de la patria; el guión: los textos de los muertos leídos por los vivos (casi siempre) al lado de sus tumbas. Genealogía lúcida sobre la construcción de una nación. (Jueves 27 a las 20, en Cinéfilo Bar, San Juan 1020).

Este jueves, y a pedido del público, se volverá a proyectar El árbol de Gustavo Fontán, primera película de la trilogía de la casa; un ensayo sólido y poético sobre la memoria familiar y el paso del tiempo mientras los personajes principales, madre y padre del realizador, intentan responder a un dilema trascendental: cortar o no la acacia del frente de la casa. (Jueves 27 a las 20, en el cineclub La Quimera, Teatro La Luna, Pasaje Escuti esquin Fructuoso Rivera).