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Celina Murga: Desconfiar de los jóvenes es nocivo

En La tercera orilla, la directora argentina Celina Murga vuelve a su Entre Ríos natal para recrear un drama que enfrenta a un adolescente con su padre. La producción estuvo a cargo de Martin Scorsese.

22 de marzo de 2014 a las 03:33 p. m.
Celina Murga: Desconfiar de los jóvenes es nocivo
Celina Murga filmó en su tierra natal de Entre Ríos este nuevo proyecto.

El tercer largo de Celina Murga, La tercera orilla, es su trabajo más intenso y agitadamente naturalista hasta el momento. Situado en su Entre Ríos natal y producido por Martin Scorsese, el filme se concentra nuevamente en un personaje adolescente, Nicolás (Alián Devetac), quien tiene un enfrentamiento silencioso con su padre (el director de teatro Daniel Veronese), quien mantiene dos familias a la vez y quiere obligarlo a trabajar en su laboratorio.

En vez de recaer en la típica caricatura de la juventud apática, Murga inyecta nobleza heroica en Nicolás, quien oscilará entre la timidez y un par de actos de inesperada violencia en un latir de género que tal vez acuse la influencia oblicua del director de Buenos muchachos, pero también la colaboración en el guion del director Gabriel Medina (La araña vampiro). La tercera orilla llegó este jueves a las salas locales.

-¿Tu trabajo con adolescentes tiene que ver con la representación de cierto idealismo? ¿Por qué recurrís a ellos?-No sé si tiene tanto que ver con un idealismo como con una agudeza en la mirada, hay un estado despierto, virgen y puro en ellos, una mirada menos cansada y adormecida que la de los adultos. Sin embargo, todavía es una edad donde los jóvenes dependen de las decisiones de sus mayores. Ellos son protagonistas, tienen deseos, inquietudes y toman decisiones, pero siguen enmarcados en esas otras pautas que no los tienen en cuenta. Lo que me interesa es generar valor en los jóvenes. Es común desconfiar de ellos, de sus deseos, voluntad, capacidad, poder, y eso es nocivo. En esa diferencia entre valorarlos o denostarlos está la posibilidad de un futuro mejor.

-¿Por qué volviste a filmar en Entre Ríos?-Si bien la historia podría suceder en cualquier otra provincia, las imágenes que tengo todavía vienen de allá, los sonidos, los colores, los paisajes, las texturas, las voces. No se me ocurriría hacer este filme en el sur. No tengo imágenes de otras zonas del país. Ni qué hablar de Buenos Aires, hay algo del edificio urbano que no me atrae para nada. Me interesan más bien las ciudades pequeñas.

-El filme sugiere la opresión de un lugar chico. ¿La padeciste vos también? ¿Es el filme en algún punto una revancha?-La película no es literal, nunca nadie me hizo sentir ningún tipo de presión sobre mi profesión, yo elegí libremente y fui apoyada desde un inicio. Pero sí es verdad que esta cuestión de los mandatos familiares es algo que he observado en Paraná, esto de repetir sin preguntarse aquello que viene dado. Y por otro lado yo sí me fui huyendo de algo de esa sociedad que no me cerraba, eso lo tengo presente. Me hago cargo y todos lo saben, aun mis amigos que están ahí todavía. Me encanta ir allá, tengo mi familia, amo la ciudad, pero hay algo en la manera en que todos miran la vida de los demás que no me hace sentir cómoda. Por algo elegí venir a Buenos Aires, que tiene un montón de cosas criticables, pero hay una libertad en ese anonimato, esa gran red a mí me da aire.

-¿Fue difícil ponerte en el lugar de un varón? ¿Estabas al tanto de los ritos iniciáticos masculinos?

-¿Fue intimidante trabajar con Scorsese?-No sentí presión de su parte. Él tiene tan claro lo que puede generar en otros, el peso de su mito, que en seguida, por lo menos conmigo, se encargó de tender una relación directa y llana, de par en el sentido humano. No me sentí juzgada, lo que sentí fue la posibilidad de tener de interlocutor a un groso del cine que me podía aportar en relación al guion, los personajes, las situaciones, la construcción de ese mundo machista y endógeno. Conversé con él de esos aspectos desde un lugar inspirador, no dogmático o bajalínea o pesado.

-En la escena del incendio o la golpiza escolar hay un lejano pulso de género, tal vez "scorsesiano".-Puede ser, me lo han dicho. Es raro, el proyecto ya lo tenía antes de conocerlo a él. Lo que a mí más me copó es que en su cine siempre hay algo de esa cosa del ser hombre, y él tiene una capacidad interesante de mirar a esos personajes con empatía pero a la vez con una distancia a través de la que da una idea de lo que piensa de ellos. Siempre traía a colación Toro salvaje cuando hablábamos sobre Jorge (el padre de Nicolás), esa cosa de poder observar a alguien que tiene un comportamiento cuestionable social o moralmente y a la vez verlo en su totalidad, entenderlo sin justificarlo, eso hace que los personajes sean mucho más ricos.