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El artista de Liverpool

En Cineclub Hugo del Carril ya comenzó su temporada de grandes películas, entre ellas de Terence Davies.

14 de febrero de 2012 a las 08:00 p. m.
El artista de Liverpool
'Voces distantes'

En febrero los cineclubes se van preparando, y en ocasiones largan con clásicos (y modernos). En el cineclub municipal Hugo del Carril (Bv San Juan 49) proyectan, hasta que finalice el mes de febrero, títulos formidables: Vivir su vida (una de las grandes películas de Godard), Una mujer bajo influencia (notable trabajo de Gena Rowlands en un filme magnífico de Cassavetes), El espíritu de la colmena (obras maestra sobre el poder del cine sobre nuestro imaginario), Escenas frente al mar (primera gran película de Kitano), Las vacaciones de Monsieur Hulot (Tati da cátedra sobre cómo utilizar el sonido en el cine) y Los puentes de Madison (antes de que Streep confundiera make up y mimesis como sinónimos de una interpretación admirable), Un tiro en la noche (la quinta esencia del cine clásico americano y del cine de John Ford). Un filme menos conocido entre los que se están exhibiendo es Voces distantes (Reino Unido, 1988), del extraordinario director Terence Davies (viernes 17 a las 20.30hs y martes 28 a las 20.30hs). Podés ver la programación completa de febrero acá.

Una de las mejores películas británicas de todos los tiempos de uno de los directores menos conocidos de dicha cinematografía nacional, Voces distantes es una exposición magistral de cómo emocionar en el cine sin apelar a la manipulación ortodoxa y al sentimentalismo kitsch, más aún cuando se trata de retratar autobiográficamente la vida de una familia, católica y proletaria, de Liverpool, durante las décadas del 1940 y 1950 del siglo XX.

Un prodigio formal, la historia podrá ser sencilla, aunque no por eso banal. En efecto, éste es un filme en el que la recolección de los recuerdos (fiestas, una guerra, dos casamientos, un funeral, el amor por la música y el cine) se materializa en imágenes, imitando el funcionamiento de la memoria. Así, la música popular inglesa constituye un sonido emocional colectivo que atraviesa las generaciones y explica en parte la intimidad de los personajes. Es historia sonora. Tal procedimiento está acompañado por un trabajo en la textura y tonos del filme, además de que las elecciones de encuadres y movimientos de cámara también enfatizan el trabajo del recuerdo. Véase el pasaje en el que uno de los personajes, Eileen, tras su boda, extraña a su padre mientras abraza a su hermano. Un paneo lento hacia la izquierda va yuxtaponiendo escenas pretéritas en las que mostrando y no diciendo se explica por qué a este personaje le duele la ausencia de su padre. Ésta es una de las tantas secuencias magistrales de esta obra maestra de Terence Davies.