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Cinco razones: Lena Dunham, vocera íntima de su generación

Lena Dunham, creadora y actriz de Girls, tiene un pasado y un presente que hablan de su irreverencia y cruel honestidad. La serie regresa en enero a la pantalla de HBO.

23 de diciembre de 2013 a las 05:00 p. m.
Celina Alberto (Especial)
Cinco razones: Lena Dunham, vocera íntima de su generación
Lena Dunham regresa con la tercera temporada de 'Girls' los primeros días de 2014.

  • Modelos sin photoshop. Todo el cuerpo desesperado, desnudo, apurado en el sexo más desprolijo y caliente, inevitable, sin juicios ni condenas. En Girls, en los 20 capítulos emitidos hasta ahora por HBO, cuatro mujeres que pisan los 30 años no se resisten a las urgencias de sus ganas, los miedos y espasmos de transición a la vida que viene. La serie va por más y a mitad de enero estrena tercera temporada. Chicas sin maquillaje, trucos ni trampas para ser princesas, que están mucho tiempo en ropa interior que combina con sus conflictos. Lena Dunham escribe un cuento desencantado y lo puebla de mujeres del mundo real. Y los espectadores las contemplan como en una pecera que no se alimenta de admiradores, pero que los acumula por la verdad que sus especímenes. Esa transparencia incómoda y adictiva es el primer hallazgo de su mirada.
  • Ser humana. Lena Dunham condensa en su escritura y su dirección esa mirada tan amorosa como despiadada que echa sobre los seres que existen en ella y en su universo creativo. A los 20 años ya hacía sus primeras marcas como escritora, guionista y directora de historias con formato de corto, medio o largometraje. La vida la encontró temprano en lo que mejor la apasiona: desgranar delante de una cámara las posibilidades de una vida dentro de un cuerpo, de una ciudad, de una serie de fracasos y victorias cotidianas. Humanos como ella, sus personajes comenzaron a aparecer pronto en los contornos de las neurosis de las grandes urbes, diseminados en dramas y tragicomedias donde el foco siempre está puesto en lo que sucede cuando de la piel para adentro. Con Girls, esa mirada se convirtió en marca de autor.
  • Muebles chiquitos. Con esa imagen de casa de muñecas, Lena tituló su debut como directora de cine en 2010, donde también fue protagonista y que la ubicó en el mapa de la nueva generación de realizadores como una gema implacable. Allí era Aura, casi todo en común con su Hannah de Girls: el pelo entre sucio y despeinado, el maquillaje a destiempo, la fascinación por la belleza siempre ajena, la duda persistente ante la propia. Quizá no era la primera vez que una mujer así era interceptada por ella misma, pero tanta frescura abrió una ventana donde hasta entonces hubo postales de una feminidad inalcanzable. Las chicas de Lena no se parecen a Carrie ni piden Manhattan en los bares. Irredentas como ella, las mujeres que retrata no caben en las sillitas y mesitas adorables de las jugueterías, pero tampoco pueden dejar de quererlos.
  • Una chica de otra clase. De tres millones y medio de dólares editorial que firmó en octubre de 2012, por su primer libro, que llamó Not That Kind of Girl: A Young Woman Tells You What She's Learned (No soy una chica de ese tipo: Una mujer joven contándote lo que ha aprendido). El trabajo consistía en un ensayo sobre sexo, moral, amistad, educación, dilemas existenciales y testimonios tragicómicos, muchos de cuyos capítulos iban dedicados a los aprendizajes forzosos de la protagonista a través de relaciones fracasadas por culpa de su propia torpeza. Uno de ellos se titula "Sobre escritura psicótica de mails que envié a chicos"; otro es "Cómo arruinar algo perfectamente bueno". Tal ejercicio de honestidad sólo puede tener buenas intenciones con la especie, o por lo menos valer el crédito de vocera íntima de un colectivo cada vez más numeroso.
  • Moda fuera de foco. En la última gala de entrega de los premios Emmy, Lena (multinominada por Girls) fue acribillada por los críticos de la moda en la alfombra roja por su modelo de solera de Prada, con un estampado que se comparó con el de las camisas de Homero Simpson cuando estaba obeso. El vestido no era de lo peor que haya usado para ir a alguna fiesta y la puntería para la moda es coherente con las asimetrías, disonancias y estridencias que atraviesan a las criaturas con las que se expresa la realizadora. La moda como instrumento funciona en el cuerpo de Lena de manera similar a lo que aparece en los de Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna. La ropa expresa conflictos, descubrimientos, complejos, impulsos, deseos, contradicciones. Lo incorrecto será corregirla. Lena prefiere expresarse, y que reírse sea mejor.

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