Jugar al nueve
Miguel Ocampo inaugura este sábado la novena muestra en su sala de La Cumbre, y festeja 90 años mostrando cómo es hoy su pintura.
Entusiasmado, Miguel Ocampo está pintando como siempre, agradecido de estar bien, dice. En estos días ha recibido a parientes y amigos que coparon su casa y los hoteles de La Cumbre. Este sábado es el turno del público, los seguidores de su obra que llegarán a la inauguración del mediodía de la novena muestra en sala propia, la Sala Miguel Ocampo (José Hernández 630, cerquita del golf). El jueves, el artista llegó a los 90 años: "insistiendo", bromea.
-¿Qué va a mostrar?-Cuadros que se van armando con lo que tengo y algo nuevo. Ponés tres cuadros juntos y se forma uno.La respuesta de Ocampo recuerda que es arquitecto y que aunque nunca haya ejercido la profesión, suma puntos a la hora de pensar el espacio, de "establecer prioridades". También fue 20 años diplomático (entre mediados de los años cincuenta y setenta), "burócrata" dice a veces, aunque aprovechando muy bien las estadías entre ciudades claves para el arte: Roma, París, Nueva York. -¿Y qué estuvo pintando?-Mi último tema es el color, el color autónomo, para que en el cuadro no hagas asociaciones de ora índole. Está muy metido que el cuadro tiene que representar algo, y no lo ven como es.-¿Y cómo es?-Mi placer de ver el color, ver qué pasa con eso. Mis cuadros últimos son monocromáticos.Ocampo está de acuerdo en que hay una mayor síntesis en su obra, cada vez más. Pide a su público "una forma de conectarse distinta": "la misma relación que cuando te vestís", grafica. Dicho así parece más simple.-¿Propone al público que contemple, entonces?-No sé, eso depende del que mira no de mí. Quien mira tiene que estar despojado y comunicado con sí mismo. Se podría preguntar qué le pasa con el cuadro, pero la gente pregunta por qué lo hice y qué quiero decir.-¿Ha desaparecido el paisaje de su pintura? ¿O aún hay alguna huella?_Puede ser que salga sin querer. Lo que quiero transmitir es lo que pasa con el color. Al cuadro lo completa el que mira, le saca, le inventa. Yo no quiero decir nada.
Atrás quedaron las dudas y las certezas que durante décadas motivaron sus afiliaciones a la pintura abstracta o figurativa. Hay un presente continuo, sobre todo desde que abrió la sala que lleva su nombre en La Cumbre, en el que sólo le importa el color, lejos de antiguos debates, testigo él de tan ardientes pasiones en torno a la pintura en la escena nacional, nombre fundamental él de la historia del arte argentino. Ahora sólo hay calma. Y la soberanía del cuadro la tiene el color.Hace más de 30 años que el testigo de batallas por los posicionamientos del arte se ha retirado a reflexionar las cosas que van sucediendo con en ese terreno exclusivo de las tonalidades. La muestra que hoy inaugura acompañará ese proceso durante tantos años, desde la década de 1940 hasta ahora, ni más ni menos.Como dijo antes, insiste. Insiste en su idea y hace caso omiso cuando se le recuerda por todo lo que él mismo pasó, todo lo que vio y protagonizó, las vanguardias de los sesenta, por ejemplo. Esa época en la que recibió el beneplácito de Jorge Romero y llegaba al Museo Nacional de Bellas Artes junto a Kazuya Sakai, Sara Grilo, ClorindoTesta, sus contemporáneos, por citar sólo un punto culminante de una importante trayectoria en la que la abstracción de pronto se liberó, y se tentó a insinuar el paisaje, el entorno donde rige "el tiempo de la luz". Miguel Ocampo quisiera que un cuadro se viera como un día lindo. Por eso le preocupa que la gente se distraiga pensando qué es lo que ve y que no se relacione con el cuadro. En cambio, si eso sucede, se alegra. Se arquean sus vigorosas cejas: "Parece que me pavoneo, pero no, me conmueve lo que le pasa a los otros, que la gente llore delante de un cuadro, ¡esas emociones!", porque la pintura, sostiene, "es independiente de mí". Y nuevamente, repite, para que quede claro: "no quiero que piensen en mí".Novena muestra. Sala Miguel Ocampo. El artista presenta este sábado a las 12 la muestra número nueve de su propio espacio creado en 2007, ubicado sobre calle José Hernández 630, en La Cumbre.
A partir del 6, la muestra se podrá visitar de jueves a domingo y feriados de 11 a 13 y de 17.30 a 20.30.

