Estética de lo incierto: la muestra "Incertidumbre" en el museo Caraffa
La curadora María Carolina Baulo concibió la muestra “Incertidumbre”, que se exhibe en el museo Caraffa, como una sola pieza en la que distintos autores desafían los límites y ponen en crisis el criterio de verdad.
“Poner en jaque los criterios y sistemas de creencias enquistados y asumidos como verdades absolutas en el imaginario social, los cuales no hacen más que restringir y empobrecer nuestra mirada”. Esa la apuesta de la curadora María Carolina Baulo (Buenos Aires) en la muestra “Incertidumbre”, que presenta en la sala 3 del museo Caraffa (Poeta Lugones 411).
“Una de esas verdades –remarca Baulo– consiste en creer que aquello que aparece representado en las obras de artees real”. Hacia ese filón se dirigen las obras, cercanas o afines por momentos en sus estéticas.
“Incertidumbre” reúne fotografías, pinturas, grabados y dibujos de Juan Andrés Videla (Buenos Aires, 1958), Marcela Bosch (Córdoba, 1966), Manuel A. Fernández (Buenos Aires, 1976), Patrick Glascher (Buenos Aires, 1975), Rosana Simonassi (Buenos Aires, 1974), Néstor Crovetto (Buenos Aires, 1952) e Ileana Hochmann (Buenos Aires, 1945).
Para la curadora, “Incertidumbre” fue un “desafío de más de un año de trabajo previo para poder salir a la luz”.
Motivaciones
El trabajo de Videla motivó esta exposición. Explica Baulo: “La obra de Juan Andrés Videla combina dos ejes fundamentales que hacen al caldo de cultivo para que emerja una gran obra a mi modesto entender: uno de ellos es la dedicación y el trabajo incansables cuestionando permanentemente los espacios comunes dentro de su obra, investigando, reflexionando y permitiendo al mismo tiempo que cierto plano de lo irracional, lo impensado, cobre protagonismo”. Por otro lado, agrega “talento y exquisitez para la ejecución formal, para poner en imágenes aquello que no se puede decir”.
Baulo señala que la obra de Videla “transita distintos soportes y técnicas pero es su estética y particular enfoque, su modo de ver –parafraseando a John Berger– lo que me conmueve porque me desestabiliza como espectador”. “Frente al trabajo de Juan Andrés pierdo certezas y eso me motiva y estimula a pensar y comprometer mis propias emociones y pensamientos”, declara.

A partir de allí la curadora quiso poner su trabajo en diálogo con otros artistas “que transitan caminos distintos pero no paralelos”. Entonces, sigue Baulo, en algunos puntos del trayecto se cruzan todos ellos: “Quise posicionar la muestra en esa encrucijada donde las obras comparten, como mínimo, dos rasgos: desafiar los límites entre las artes plásticas y las visuales, Límites que, por suerte, una era multidisciplinaria como ésta, permite comenzar a disolver si el artista lo desea. Y poner en crisis el criterio de verdad que el ‘sentido común’ da por sentado”.
La muestra en su totalidad se lee como una danza en la que formas, silencios y ritmos se suceden casi como una sola obra. Baulo acuerda con esta percepción que asume la muestra como una misma obra y el rol de silencio. “Porque son dos preocupaciones que tengo muy presentes como teórica y específicamente a la hora de curar una muestra”, agrega.
Y remarca: “El concepto que amalgama una muestra puede ser de variadas naturalezas, pero creo que siempre subyace alguno. Por invisible que parezca ser (¡y que sea ‘invisible’ también es una elección!) es lo que yace debajo. Si ese eje que hace de engranaje está claro, no necesita ser evidente, es como si un hilo fantasma hilvanara las obras y las integrara en sus diferencias”.
“El silencio es mi aliado fundamental”, afirma Baulo. Y agrega: “Su rol lo explica magistralmente el gran pensador chino Francois Cheng en Vacío y plenitud, y a él me remito: ‘el vacío es la condición de posibilidad de la plenitud’”. Dicho de otra forma, aclara Baulo, “sin esos silencios entre las obras, sin ese recorrido que se percibe por momentos como un ‘vacío’ en el espacio, las obras no se manifiestan; no hay plenitud”.

Intersecciones
Además de ser parte de la exposición “Incertidumbre”, Manuel Fernández y Marcela Bosch fueron seleccionados en el premio AAMEC, que se exhibe a escasos metros, en la sala 2 del museo. Bosch es la única artista cordobesa del grupo, entre el conjunto de artistas de Buenos Aires.
Marcela y Manuel son fotógrafos y la curadora sostiene que sus trabajos son fundamentales “porque aportan una mirada que conserva esa estética de lo incierto, una paleta acotada –término pictórico si los hay- y un enfoque íntimo invitando al espectador a indagar en el descubrimiento de esos espacios que parecen por momentos paisajes al óleo atravesados por cierta neblina abstracta que obliga a entrecerrar los ojos”.
Baulo advierte que todos los artistas comparten en esta propuesta en particular el mismo fundamento: “Todas ellas dejan suspendido al espectador en ese punto intermedio e incómodo donde no logra hacer pie en el terreno firme de la garantía de ilusión que encontraba en la pintura o el dibujo y mucho menos sentirse a gusto frente a la cuestionable e inquietante ‘verdad’ fotografiada”.
Por último, Baulo destaca: “Son todas obras que respetan sus búsquedas personales; es decir que nadie forzó su técnica, sus formatos o una inquietud como artista en pro de la muestra”.

