El arte de Ernesto Berra, el señor de los silencios
Más de un centenar de obras presenta el artista cordobés en la muestra "Poética de lo etéreo", en Sala Farina de la Ciudad de las Artes.
La tinta derramada sobre un papel dejó una aguada, un paisaje azul armado a partir de varias hojas sin enmarcar. Alrededor, las imágenes exhiben su liviana presencia, en escasas señales gráficas. Y otras obras imponen su presencia, como Historia de Nono, apenas unas ramitas sobre un enorme bastidor blanco, marcando el inicio de la muestra "Poética de los etéreo", que Ernesto Berra exhibe en la Sala Farina de Ciudad de las Artes (Ricchieri y Concepción Arenal).
En Historia de Nono, relata Ernesto, hay una crecida del río, movimientos del agua. Aquí "la luz descubre el dibujo, que de otra manera, en el blanco total, sería imperceptible", afirma. Trabajar en el taller de Mendiolaza, al aire libre, directamente en el suelo, lo llevó a poner paladas de tierra en algunas de sus más recientes piezas. Y todo lo que ahí va, alguna piedrita.
La muestra compila más de un centenar de obras dispuestas sobre muros de colores en la Sala Farina. Además de tierra, el cemento, la tela y el papel son las otras materias que inspiran al artista. La materia desnuda, en silencio. Cada elemento al mínimo de sus posibilidades.
En esta exposición se puede recorrer su trabajo actual, desde lo que hizo después de otra muestra de largo aliento, en 2009, en el Museo Caraffa, hasta el presente. Sobre todo, en los últimos dos años. Hay coincidencias que llaman su atención: en ese mismo espacio, donde funcionó el ex Batallón 141 del Ejército, él hizo el servicio militar hacia fines de la década de 1960, y el nombre que hoy lo bautiza, el de Ernesto Farina, es de uno de los artista que influenciaron su pintura. En esta sala, hay lugar para homenajear a sus maestros: Eduardo Giusiano, y Horacio Álvarez. Y para invitar a un artista jovem Marcos Acosta. De todos ellos hay obras, acompañando un sector de la exposición que pone en clima de taller al espacio.
Todo vuelve
La circularidad del tiempo vuelve sobre su obra en varios sentidos: Berra regresa a lo orgánico, que caracterizó a sus paisajes acuáticos de los años ochenta, por ejemplo; y retoma temas o maneras apenas experimentados. Aunque en el panorama de su obra siempre aparece un elemento nuevo. Esta vez, la escultura, y con mucha determinación.
Sus esculturas son como monumentos, objetos totémicos, o restos de una antigua civilización. En realidad, estas construcciones se suman a un conjunto preexistente, en la que la idea de paisaje (natural o urbano) incluyó muros, árboles, o cuadros, como los de ahora, en los que parece la tierra se ha puesto vertical; puertas pintadas y casitas pobres.
De una obra única, cuenta Berra, devino ahora toda una serie sobre tablas de madera. La observación, el cotidiano está ahí: "Estás acomodando o te devuelven alguna obra, y eso te despierta algo, y pensás ‘eso podría continuarlo\', y es por ahí algo de 10 años atrás".
Ernesto comenta como al pasar algo sobre las aguadas azules, que parecen papeles fotográficos velados, algún tipo de impreso. "Está hecha con palitos", explica, y se anima a contar el "accidente": "Estaba pintando unas maderitas para una obra mas escultórica, y las puse sobre una hoja, pero la hoja se manchó, entonces corté las hojas y pensé ¡qué bueno está esto!".

