Un amor mal educado
Carla Barbero inaugura hoy su muestra "Educación sentimental para señoritas". Una reflexión artística sobre el discurso romántico.
Sin lenguaje no hay mentira y entonces: ¿un amor real debería prescindir de las palabras?
Hay una gata gris de nombre Amanda. Se pasea con una displicencia señorial entre los bocetos, las cajas, los pinceles, los marcos del taller de Carla Barbero. Recibe a las visitas con un riguroso y dulce roce de su torso contra la pierna del agasajado. Marca el territorio con una mirada enternecedora y al mismo tiempo amenazante. Si el invitado se sienta, Amanda ocupa rápidamente su regazo y se acomoda, como si pusiera a prueba la capacidad de calor del recién llegado. En Educación sentimental para señoritas, la muestra que Carla Barbero inaugura hoy en Un Globo Rojo, la sensación de estar a prueba es parecida a ese examen de calor y tolerancia: una serie de palabras demasiado comunes apenas desubicadas te ponen contra la pared y te preguntan qué tan cierto es tu amor, si es que alguna vez lo sentiste, o qué tan amoroso, incluso, es eso que llamás amor. Hay un tríptico de fotos: un pupitre vacío y, detrás, un pizarrón. El escenario es siempre el mismo pero la palabra escrita en el pizarrón cambia de foto en foto: "Amor", "Deseo", "Pero". En ese adversativo reside la potencia de la ironía de esta muestra, que parece rescatar del discurso amoroso sus lugares comunes para mostrarlos en una especie de despojo, como si una piel falsa que recubre a las palabras se hubiera caído. Dice Carla que su objetivo fue trabajar con la idea del amor romántico y lo que hizo fue una síntesis de algunas porciones del discurso amoroso que dentro y fuera de contexto rezuman un cierto patetismo. En el "Laboratorio de ideas fijas", por ejemplo, uno puede asomarse a tres ideas crueles sobre el amor: dentro de una caja, en letras de molde, alguien dice "soy tuya". En otra caja: "somos uno". Y en otra: "para siempre". Cosas que uno dice en situaciones de acaramelamiento y que ¿son ciertas? ¿deberían de serlo? Cosas que uno dice siempre, casi sin pensarlo, acaso por un predominio arcaico de las sensaciones sobre el pensamiento. La obra continúa con una serie de trabajos de escritura: "caligrafía del sujeto romántico", una pequeña colección de ejercicios de caligrafía que es una reflexión sobre el ordenamiento de las ideas, la supuesta libertad de los márgenes y las dificultades de una rebeldía sentimental. Es que a veces el amor nos hace creer una disidencia demasiado parecida a la regla. Carla explica su obra con cierto temor a que después, la obra sola, sin ese discurso explicativo, no tenga "tanta fuerza". Amanda se pone a jugar con un papel, sin abandonar la falda del visitante, y parece que le estuviera respondiendo. La muestra es una aproximación lúdica, un juego que puede parecer ligeramente resentido a los ojos de los últimos románticos. ¿A qué hay que jugar? A reconocerse en las prácticas perversas del amor romántico. Hay, por ejemplo, unas fichas con respuestas de gente a quienes Carla les preguntó qué guardaban de sus ex parejas. "Casi todas las respuestas eran iguales", cuenta. A partir de tres patrones de respuestas, tres listas, las fichas te llevan a tres respectivos perfiles de amante. Es un ejercicio al estilo Cosmopolitan, pero desnudo. Sin estridencias. En fichas mecanografiadas. Sin fotos. El contraste entre el título un tanto barroco de las obras y su estética mínima da una sensación de insstencia sobre la idea de que en el fondo toda esa parafernalia discursiva en la que sustentamos nuestras declaraciones amorosas no son más que palabras. "Y tiene que haber otra forma", dice Carla. Otra forma de querer, un amor que no envilezca al desaparecer, un deseo que no sea desastroso. Todo eso busca esta educación sentimental para señoritas. Amanda, por su parte, parece muy tranquila en refugio. La conversación terminó pero ella no quiere saber nada con irse. Sin embargo no opone demasiada resistencia. Ronronea y salta. Y ya está en otra cosa.
MuestraEducación sentimental para señoritas. Muestra de Carla BarberoInaugura hoy a las 19.30 en la galería Un globo rojo. Roque Sáenz Peña 1509, piso 3 depto 7.

