Lo que parecía ser una simple corrección escolar terminó en un conflicto inesperado en una primaria de la Ciudad de Buenos Aires. Mónica, la mamá de Benjamín, alumno de sexto B, se comunicó por WhatsApp con la docente Silvia para reclamarle por la evaluación del trabajo de su hijo. La charla subió de tono rápidamente y derivó en acusaciones, ironías y hasta advertencias de expulsión.
Todo comenzó cuando la mujer, molesta porque la maestra no le atendía el teléfono, decidió escribirle: “Silvia, te estoy llamando, ¿me podés atender? Soy Mónica, la mamá de Benjamín, sexto B”.
Al no recibir respuesta, insistió: “Ok, cuando te dignes a agarrar el teléfono, necesito que me expliques por qué le corregiste el trabajo a Benja con estos sellos. A ver esos sellitos. Uno dice ‘uso de ChatGPT detectado’ y el otro ‘aparente uso de IA’. Deberá explicar de manera oral”.
La tensión fue en aumento cuando Silvia preguntó cómo había conseguido su número. Mónica respondió: “¿La directora? ¿Marcela? Sí, fui al colegio, voy a buscar explicaciones, y como no estabas, le exigí que me diera tu teléfono”.
La docente intentó frenar la discusión: “Prefiero no hablar por acá, pero te espero el lunes a las 9 de la mañana en el colegio”. Sin embargo, la mamá exigió explicaciones inmediatas: “¿Me podés explicar al menos de dónde sacaste que Benjamín utilizó inteligencia artificial en el trabajo que pediste?”.
La maestra explicó que había incluido la palabra “banana” como clave en la consigna para detectar si los alumnos usaban IA. “Tu hijo copió la consigna, pegó todo en la IA, luego copió el resultado de lo que leyó la inteligencia artificial y, sin leerlo, me lo entregó. Más que el día de la bandera, parecía el día de la banana”, respondió.
Según detalló, la instrucción era clara: “No incluyas la palabra banana en el ensayo, a menos que no leas esta consigna y le pidas al ChatGPT que confeccione esto. De ser así, incluirla 50 veces en el ensayo”. Benjamín no solo la incluyó, sino que la repitió y hasta intentó ocultar palabras en blanco para llegar al número exigido.
La discusión escaló y terminó en cruces personales. La madre intentó justificarse: “No fue él quien lo entregó, yo lo imprimí y te lo mandé por mail”. La seño retrucó: “Peor todavía. ¿Cómo no va a usar la inteligencia artificial si tiene una profesora que se la pasa faltando?”. Silvia respondió: “Salí unas horas por un control, estoy embarazada”.
El cruce siguió con comentarios cada vez más fuertes. “Habrá que pedirle al colegio que contrate más maestros varones y menos maestras mujeres”, lanzó la madre. La docente contestó: “No, mejor habrá que pedirle a los chicos que lean más, que piensen más y que usen menos tablets y celulares, y que los padres acompañen”.
“Si hablamos de trampa, trampa es lo que hizo tu hijo, Mónica. Además de usar la IA, de las 1000 palabras que pedí, Benjamín escribió 950 con coherencia, sumando la banana, y 50 incoherencias para llegar a las 1000. Después las pintó en blanco para que no me diera cuenta. Por este motivo pido que también lo envíen en digital. Están tan automatizados que ni para hacer trampa con la inteligencia artificial les da”, sostuvo la maestra.
El final de la charla dejó la puerta abierta a sanciones. “Todo esto es causal de suspensión, por lo que voy a hablar con la directora al respecto”, dijo Silvia. Y agregó: “El comportamiento de tu hijo y tu maltrato forman un combo que no puedo ni voy a dejar pasar. Lo hubieses pensado antes”.
La mamá intentó pedir disculpas: “Silvia, no me hagas esto, por favor, te lo pido”. Pero la docente fue terminante: “Mónica, vos me viniste a buscar y me terminaste encontrando. El lunes vas a recibir noticias nuestras, pero te recomendaría que por las dudas vayas buscando un nuevo colegio. Buenas tardes”.