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Expectativa y realidad: para qué sirvieron las redes sociales en las elecciones

23 de octubre de 2017 a las 09:57 a. m.
Expectativa y realidad: para qué sirvieron las redes sociales en las elecciones

"Elecciones: cómo vivirlas a través de las redes sociales". La información de la previa de la jornada electoral de este domingo repitió en varios sitios informativos un despacho de agencia con un título más o menos parecido al que abre esta columna.

Supuestamente, "Google, Facebook y Twitter, el buscador y las redes sociales más utilizadas por los argentinos" ofrecerían "una serie de herramientas para seguir en tiempo real las elecciones legislativas del domingo, así como las repercusiones luego de conocidos los primeros resultados".

Bueno, lo cierto es que si alguien esperaba que los gigantes invirtieran algo de plata y esfuerzo en ofrecer estadísticas complementarias a lo que llegaba en forma de datos desde la Justicia Electoral, debe haberse frustrado bastante.

Twitter fue, para variar, la fábrica de noticias falsas que nadie verifica y que cualquier lector más o menos informado y fuera de "la grieta" descartaría. Habida cuenta de que algunas tienen miles de retuits, es evidente que hablamos de características no tan habituales en la "audiencia" tuitera.

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Así, bajo los hashtags propuestos por Twitter para estar "en la conversación" sobre las elecciones hubo extremismo, discurso de odio, racismo y "noticias" tan inverosímiles que prácticamente no hubo manera de hacer una lectura de provecho.

Como viene siendo desde hace ya unas cuantas elecciones, de un lado estuvieron las cuentas oficiales, del otro un ejercito de trolls pagos o vocacionales que poco y nada ayudan a comunicarse sino más bien a ensanchar la grieta a niveles siderales. Cuartos y cómodos, los usuarios de Twitter que suman algo a la conversación.

Si internet y las redes nunca fueron una plataforma para discutir con argumentos y conocimiento profundo, mucho menos lo es en tiempos de polarizaciones.

Facebook cumplió con avisar en el time line de sus usuarios que era "día de elecciones en Argentina", y más allá de pedir que postearas tu foto luego de votar -requerimiento al que por suerte no todos los usuarios accedieron- no hubo mucho más.

Tampoco Google, que en días anteriores había hecho gran despliegue informativo sobre cómo se situaban los candidatos y las fuerzas que entraban en la contienda electoral de acuerdo a la cantidad de veces que sus nombres eran escritos en la barra del buscador, entregó algo más.

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Más todavía, vistos los resultados, es posible afirmar que no tiene absolutamente ninguna utilidad real saber "cuáles fueron los más buscados". Si hubiera algún correlato entre lo que marcaba la "tendencia" Google, CFK hubiera ganado una elección por cifras históricas y Nicolás del Caño habría terminado en el primer lugar de las elecciones a diputado por la provincia de Buenos Aires.

Esas "estadísticas" no le costaron nada al gigante tecnológico, se obtienen a partir de filtrar sus propios datos de navegación, que ya existen y son el verdadero (y millonario) santo grial del que disponen.

Sin embargo, y a pesar de que objetivamente no sirvan para nada a nadie, el segundo nivel de profundidad de esos datos (el que explica por qué en determinado período hubo más búsquedas de uno u otro candidato) es un gran instrumento para que Google muestre su eficiencia como lo que en realidad es: no un buscador, ni una firma de hardware o una tienda de aplicaciones, sino una gran agencia de publicidad. Tan grande, que hoy concentra junto a Facebook más del 80 por ciento del gasto en publicidad digital de Argentina.

De hecho, los únicos que volvieron a sacar provecho de las redes sociales (deberíamos ir dejando de hablar de "redes sociales" como si hubiera muchas, hay solamente tres relevantes) son las consultoras de marketing político, los partidos que supieron leer lo que les daban esas consultoras y los propios Instagram, Facebook y Twitter, que facturaron como nunca en estos meses de campaña.