Viajar, alojarse, comer, limpiar y hasta curarse: todo con un clic
De la "servitización" a la "uberización". El desarrollo tecnológico atraviesa la vida cotidiana y en la economía. Su impacto en diversos ámbitos: movilidad, alojamiento y otros.
En el último Mobile World Congress (MWC), el presidente y CEO (ejecutivo en jefe) de Ericsson, Hans Vestberg, fijó a 2016 como el año en el que la disrupción digital llegaría a todas las industrias. Predicó con el ejemplo: hoy, el 66 por ciento del negocio de Ericsson proviene del software y servicios, cuando hace unos pocos años venía del hardware, y la mayoría de sus principales competidores son TIC en lugar de firmas proveedoras de infraestructura.
En Argentina, el tema principal del evento Cisco Route 2016 fue la transformación digital; allí, Gabriel Sakata, gerente general de Cisco Argentina, Paraguay y Uruguay, remarcó que "este cambio vertiginoso se va a dar en industrias que todavía no han sido afectadas. La revolución industrial que está ocurriendo a nivel global debe ser aprovechada en nuestro país".

Para una clientela creciente, es más práctico y barato abrir Uber en su smartphone, indicar el sitio donde están y adónde quieren ir en lugar de buscar o llamar a un taxi. Puede escoger el que prefiere (por cercanía o calificación), y al llegar a destino no necesita pagar en efectivo, pues la app ya está vinculada a su tarjeta de débito o crédito. Además, si quiere dividir la cuenta entre varias personas, puede hacerlo sin problema. Este es el signo de los tiempos: servicios que acercan a proveedores/vendedores con clientes, evitan intermediarios, simplifican procesos y reducen costos. La tecnología es clave para esta relación negocio-consumidor más inmediata: basta una aplicación o un sitio web para vincularlos.
Según Andy Neely, investigador de Cambridge, "la infraestructura digital y la inmensa cantidad de información han acentuado el cambio hacia una economía cada vez más orientada al cliente, al estilo Uber".
Otra plataforma de "economía compartida" es el cada vez más popular Airbnb, que permite a los individuos colocar sus propiedades en una lista en internet para que otros las alquilen de forma temporal, sin intermediarios. Algunos hablan de "economía compartida", otros de "economía geek", algunos de "uberización" de la economía.
La "uberización" avanza hacia otros sectores: en Canadá ya hay una app para pagar cuentas de restaurantes que permite, usando celulares, dividir el importe entre varios usuarios. En Francia se populariza una aplicación que reúne a comensales con chefs privados, y en Australia se ofrece un servicio de limpieza doméstica que, mediante la geolocalización, permite encontrar a trabajadores disponibles en la zona del usuario.
En Estados Unidos crece una app para reservar vuelos en jets privados con un dispositivo móvil. Hasta la medicina muestra señales del giro hacia servicios "on demand": un sitio web llamado Pager permite solicitar la visita de un médico a domicilio y concretarla en un plazo de dos horas, sin desplazarse a un centro de salud. El sistema aprovecha el tiempo libre de los médicos entre las citas que tienen pautadas en hospitales o consultorios.

La "uberización" tiene el potencial de causar disrupción en todas las industrias existentes. Por ello, se perfila como la siguiente etapa en una transformación que ya ocurre desde hace décadas, llamada "servitización", o sea, el paso de una economía industrial a una mayoritariamente de servicios.
"El sector de las prestaciones ya predomina en muchos países occidentales. La nueva fase consiste en repensar todo para aprovechar mejor los recursos, compartirlos y lograr una experiencia más confortable y placentera para los consumidores", dice Neely.
Implicancias
La era de la información e internet potenciaron las economías participativas; Uber, Airbnb y apps no monetarizadas, como Couchsurfing o Waze, canalizan necesidades particulares fomentando relaciones de confianza entre desconocidos, rompiendo la hegemonía de las empresas y las prácticas económicas tradicionales, más lentas y complejas. Esto dinamiza las economías locales y las impulsa a adaptarse a la velocidad de los cambios globales, con portales y apps accesibles desde cualquier dispositivo y lugar.
El fenómeno cobra fuerza en América latina. Según el primer estudio del sector, "Economía colaborativa en América Latina", del IE Business School y el Banco Interamericano de Desarrollo, de las iniciativas vinculadas a ella, el 32 por ciento pertenece a Brasil, seguido por Argentina y México (13% cada uno), y en cuarto lugar Perú (11%). La tendencia es compartir bienes y servicios a través de internet y fomentar el emprendimiento y la innovación.
A nivel regional, los sectores en los que más trabajan las nuevas compañías colaborativas son servicios para empresas (26% del total); transporte (24%) y alquiler de espacios físicos (19%). Además, Uber y Cabify son algunos ejemplos de economía colaborativa que operan en países de la región (Chile, Colombia, Brasil, México y Perú); otros, como Airbnb, lo hacen en casi toda Latinoamérica.

