Villa Comfort está de moda
Las afirmaciones de Víctor Hugo Morales se convirtieron en la polémica de la semana.
Comprender la realidad es un ejercicio cotidiano, que obliga a una observación rigurosa, informar y sin prejuicios de los fenómenos que acontecen y nos afectan, de modo tal de llegar a la cena con capacidad de analizar lo ocurrido durante el día en política, economía, deportes, artes y espectáculos, y aburrir así mortalmente al resto de la familia. Tal vez por ser una tarea agotadora, la mayoría de los argentinos no analiza correctamente la realidad, lo que quedó evidenciado en la sorpresa que generaron en la opinión pública los óptimos niveles de vida en las villas miseria del país, revelados por Víctor Hugo Morales."Es un claro ejemplo de cómo los argentinos vivimos por décadas engañados sobre supuestas condiciones precarias de subsistencia en esos 'asentamientos de emergencia'", expresó el intelectual oficialista José Relato.Sucede que desde siempre existió el convencimiento de que las villas crecían y se multiplicaban debido al crecimiento exponencial de la pobreza, que eran una suerte de vertederos de excluidos del sistema sujetos a durísimas situaciones de vida. Pero esta perspectiva tan arraigada como disparatada del fenómeno villero fue demolida por Morales, quien confirmó que en realidad las villas porteñas crecen porque cada vez más gente advierte que en sus irregulares entramados se vive bien porque, entre otras cosas, se vive cerca del trabajo.No es lo mismo viajar dos o tres horas desde un barrio de clase media o privado del conurbano para ir y venir a la oficina, que necesitar 20 minutos de ida y otros tantos de vuelta. Es el caso de Nacho Escalada Cavanagh, reconocido broker de la city porteña que dejó su residencia estilo escocés en el country Chacras de las Ardillas, por una casilla de tres por cuatro metros en la villa Los Cascotes, muy cerca de su oficina en Puerto Madero. Su testimonio es revelador: "Todos los días me subía a mi camioneta Land Rover y tenía horas para llegar y para volver del trabajo. Pero desde que vivo en la villa, no sólo llego caminando a la oficina, sino que duermo más y mejor, salvo cuando hay tiroteos entre las bandas de narcos o cuando entra Berni con la gendarmería pateando puertas".Si bien Escalada reconoce que extraña la calefacción central ("durante una ola polar de julio tuve principios de congelamiento en miembros inferiores"), y que padece ciertas deficiencias de desagües ("durante una tormenta se me inundó la casilla y se me subió una tararira al catre"), también rescata otros aspectos fascinantes de su nueva vida, como haber aprendido a colgar ganchos de tendidos eléctricos. En Córdoba, las revelaciones de Víctor Hugo también causaron asombro y podrían generar cambios de estrategia en distintos sectores que pugnan desde hace años por la vivienda propia. "No sabíamos que se vivía tan bien en las villas. Después de escucharlo al uruguayo hemos decidido terminarla con las manifestaciones para conseguir loteos, ahora nos estamos organizando para tomar un predio y armar un confortable asentamiento precario. Ya tenemos chapas, bloques y estamos viendo si hay terrenos para usurpar cerca de alguna cancha de golf para poder hacer unos partiditos", explicó Juan Carlos del Barrio, frustrado beneficiario del Plan Hogar Clase Media.Los desarrollistas y agentes inmobiliarios, en tanto, están decididos a aprovechar esta veta que abrió Víctor Hugo, y ya tienen los primeros proyectos de villas miseria en zonas marginales. De todos modos, consideran que todavía hay mucho por hacer en materia de mejorar la imagen de estos asentamientos para atraer al gran público. "No se puede seducir a la gente con nombres como La Cava, Ciudad Oculta, Villa Penumbra o Villa Sangre y Sol. En cambio, si optamos por nombres como Blood and Sun Village o Fincas de la Costa Canal, seguramente la gente se va a sentir atraída", explicó un veterano desarrollista local.A veces, la residencia soñada es más accesible de lo que uno siempre imaginó.

