Un país con pocos adultos
“El país necesita adultos en el poder que se hagan cargo de los problemas y los resuelvan; la sociedad debe reclamarlos”, sostuvo Rafael Velasco en su discurso de despedida de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, de Córdoba.
"El país necesita adultos en el poder que se hagan cargo de los problemas y los resuelvan; la sociedad debe reclamarlos", sostuvo Rafael Velasco en su discurso de despedida de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, de Córdoba. "La política argentina hoy es un escenario con pocos adultos. Los gobernantes han permitido por omisión o complicidad que las redes del clientelismo, el narcotráfico y la trata de personas se superpongan en los últimos tiempos con un alcance insospechado", agregó. Más adelante, puntualizó: "Aunque de naturaleza diversa, estos tres flagelos tienen en común que cobran víctimas concretas a diario y corroen el tejido social. Desde diversos sectores se vienen denunciando desde hace ya un tiempo los estragos que causan a toda la sociedad, y especialmente a los más pobres. En los barrios más carecientes, a menudo las redes de la política se superponen con las redes de la ilegalidad y los vecinos están atrapados sin tener a quién acudir"."La misma dinámica de ser cómplices –prosiguió– para luego negar la responsabilidad se repitió en los recientes saqueos que se cobraron más de una docena de muertes. Las redes del narcotráfico han crecido superponiéndose con las redes del Estado y la política, y cuando encuentran en estas últimas resistencias a su crecimiento, revelan su poder de fuego"."Todos estaban en otro lado cuando Córdoba se prendía fuego. Insaciables en su sed de fondos y votos, pareciera que aceptan en sus maquinarias políticas a cualquiera que los traiga sin importar sus métodos. Cuando dimensionan el costo electoral de los hechos, pretenden entonces sí estar sorprendidos y comienzan a buscar desestabilizadores que culpar cuando sus propios aparatos políticos conviven con la ilegalidad. La sociedad termina, después, enterrando a sus muertos", afirmó.Sobre el tercer flagelo, la trata de personas, recordó que ha ocupado especialmente al papa Francisco, "que conoce el problema de primera mano, por su cercanía con víctimas directas. En una misa celebrada en la Plaza Constitución por las víctimas de la trata, en sus tiempos de arzobispo de Buenos Aires, decía: 'En esta ciudad se rapta a mujeres y a chicos, y se los somete al uso y abuso de sus cuerpos y se les destruye en su dignidad. En esta ciudad hay hombres que lucran con la carne de esclavos'".Además, apuntó a las clases medias, "formadas (cada vez más en colegios privados) en un concepto de preocuparse por lo suyo, sus carreras, sus familias, pero con escasísima sensibilidad y menos compromiso político. El desprecio por lo político es preocupante, más allá de los méritos realizados por la clase política. Los que se adentran en la política o se comprometen en instituciones son pocos. Perdura aún el sentir de que eso es algo sucio para los que ellos (impolutos) no están hechos. Consecuencia: lo de todos, que sí nos concierne, queda en manos de los de siempre, o de las mafias, de los narcotraficantes o de los incompetentes"."Por su parte –agregó–, la escuela, en muchos barrios populares, va transformándose cada vez más en un lugar de mera contención en el que va siendo casi obligatorio hacer pasar de grado y es cada vez menos un lugar de aprendizaje y exigencia. No hay otro modo de aprender a estudiar, y estudiar significa esforzarse". "El Estado es quien debe garantizar el derecho humano a la educación. Educación de calidad. Esto tiene que ver, entre varios factores, con políticas adecuadas que perduren en el tiempo, con funcionarios que de verdad cumplan con su misión. Este derecho humano que debe ser garantizado para todos –en particular para los sectores que tienen serias dificultades por su situación socioeconómica– también debe ser un derecho que debe inculcarse en los centros educativos con más posibilidades económicas, generando conciencia social crítica y constructiva. "No es posible olvidar que la exclusión no es sólo responsabilidad de gobiernos que han equivocado el camino, sino también de una sociedad que ha dado vuelta la cara", sostuvo.

