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Un humilde pedido de disculpas

La soberbia y la altanería son dos disvalores que todos los pueblos de habla hispana nos achacan a los argentinos.

21 de junio de 2015 a las 02:08 a. m.
Un humilde pedido de disculpas

La soberbia y la altanería son dos disvalores que todos los pueblos de habla hispana nos achacan a los argentinos. Los que están en contacto con personas de otros países latinoamericanos, por ejemplo, o de la propia España, saben casi de memoria algunos chistes sobre argentinos agrandados y petulantes. Esa forma de caminar inflando el pecho y mirando al otro por encima del hombro en muchos casos nos distingue… Malamente, pero nos distingue al fin.Esto viene a cuento de la última torpeza made in Argentina que muchos repiten irracionalmente en Chile, adonde fueron a ver la Copa América 2015. Algún irrespetuoso quiso superar aquel himno gracioso que se llamó "Brasil, decime qué se siente", ceñido exclusivamente al ámbito futbolero, que puede resumirse como una ocurrencia graciosa y creativa que le puso un toque más de color a la Copa del Mundo de Fútbol que se disputó el año pasado en el país vecino. La vieja rivalidad hizo que los brasileños apoyaran y vivaran a todos los equipos que se enfrentaban a los nuestros. Y nosotros respondimos con esa cancioncita que se cantó como un himno en todas las canchas. Nos prendimos todos a la melodía pegadiza y livianita pero simpática.Lo que algunos hicieron en los últimos días en Chile no tiene nada que ver con la ocurrencia del año pasado. Lejos de ser una canción tribunera, la marchita "Chile, decime qué se siente" es ofensiva, grosera e irrespetuosa.Esa letra desafortunada recuerda la guerra de Malvinas y le enrostra complicidad al pueblo de Chile con Gran Bretaña y se desentiende de la locura del genocida de Augusto Pinochet, que por esos años usurpaba el poder del otro lado de los Andes.Se llega a la locura de pedir que a los chilenos los tape el agua, con lo cual se apuesta a la llegada de un tsunami.Realmente es vergonzoso.Eso trató de imponerse y de convertirse en el "himno argentino" de la Copa América. Algunos se masifican, corren como la manada y lo vociferan casi sin pensar. Muchos otros hacen silencio y otros tantos protestan. Y hasta piden disculpas por la irrespetuosidad.Esto va mucho más allá de la pelota; de que si Messi anda derecho o no; de que si Carlitos Tevez juega o se queda en el banco. Esto no tiene nada que ver con los pibes que pone "el Tata" Martino en la cancha.Esto está vinculado con una fibra delicada, xenófoba, antidemocrática y violenta que habita en algunos connacionales que, con dos pesos en el bolsillo y, tal vez un trago de más, se envalentonan para decirles a otros cualquier cosa.Chile no merece eso. Argentina no merece eso. En realidad, ningún ser humano de cualquier punto de la Tierra merece recibir semejante agravio por parte de mentes alocadas y pequeñas. Insultar al bulto es una mala costumbre, sin dudas. Después, la pagamos todos.