Un genio cobró vida en Córdoba
En 1972, Roberto Fontanarrosa ganó reconocimiento a través de la legendaria revista “Hortensia”. Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso fueron sus primeros personajes famosos. Creó un estilo que cautivó a los cordobeses y luego a todo el país.
"S oy Pereyra por parte de mi mama e Inodoro por mi tata, que era sanitario", dijo alguna vez a manera de presentación Inodoro Pereyra, un símbolo del antihéroe de la pampa argentina que se abrió camino a la fama sobre la base de picardía e irónicas reflexiones sobre el hombre de campo. La gente lo conoció al mismo tiempo que Boogie el Aceitoso, un típico born killer de las cosmopolitas calles de Nueva York capaz de admitir que "si hubiese sido bueno para el estudio, no habría sido mercenario". Entre el clásico sociópata de novelas negras y el gaucho "renegau" internado en un campo de horizonte infinito, no hay posibilidad de encontrar alguna coincidencia. Pero ambos personajes tienen un importante rasgo en común: los dos salieron de la misma pluma, rosarina e inquieta, de Roberto Fontanarrosa. Y se dieron a conocer, por primera vez, a través de las cordobesas páginas de la revista Hortensia , allá por 1972.La marca registrada del humor gráfico cordobés a lo largo de la convulsionada década del '70 fue cuna de muchos de los más grandes dibujantes argentinos contemporáneos, entre ellos Fontanarrosa. "El gran despegue del 'Negro' fue Hortensia , que le dio un espacio que quizás no hubiera encontrado en otra publicación, pese a su enorme talento", dice su colega y gran amigo Cristóbal Reinoso, Crist, que reconoce a esa revista como verdadero trampolín para muchos dibujantes de su generación.Si los dibujos hablaran, seguramente Boogie e Inodoro no podrían disimular una rara tonada, mezcla de aire mediterráneo y portuario. Crist, que fue el encargado de atender a Fontanarrosa cuando vino por primera vez a mostrar sus dibujos a Córdoba, apunta que "al 'Negro' le gustaba este lugar, por eso comenzó a visitar seguido la provincia a medida que fue ganando espacio en la revista". "La historieta y el cine eran nuestros intereses comunes, no así el fútbol, del que yo jamás fui un apasionado", cuenta Crist cuando explica la profunda relación de amistad que lo unió a Fontanarrosa hasta los últimos días del dibujante. El nexo entre ambos, cuando aún no se conocían, fue un hermano de Carlos López Puccio, integrante del famoso grupo Les Luthiers, con el que también colaboró el rosarino.
Pieza fundamental
“Él se sentía muy a gusto en
Hortensia
. Si bien no ganaba buena plata ni alcanzó la fama que le dio el circuito porteño, ‘el Negro’ con el tiempo llegó a ser una pieza fundamental de la revista”, relata Crist. En esas inolvidables páginas, Fontanarrosa logró hacer convivir dos personajes absolutamente disímiles, lo que fue una temprana muestra de su versátil pluma, pero también de su capacidad de trabajo.
“Cognini y yo habíamos hecho en
Hortensia
algunos intentos de satirizar las películas, pero el que dio el toque justo fue ‘el Negro’, en un momento especial para su carrera”, recalca Crist. En esa etapa, el rosarino estaba modificando su estilo, contagiado por el entusiasmo que se respiraba en la revista. Antes del éxito de Boogie, en publicaciones de su Rosario natal había creado una tira con la que parodiaba a James Bond.
El vínculo afectivo que estableció Fontanarrosa con el ícono del humor gráfico del interior se explica, según Crist, “porque en
Hortensia
todo se hacía de entrecasa, era un espacio amiguero donde no había reunión de colaboradores sino asados de amigos, porque así lo planteaba el propio Cognini”. Basta imaginar una tertulia en la casa del director de la publicación matizada con buenos vinos y los cuentos del “Pelado” Alonso o del “Gordo” Oviedo, entre otros, para comprender lo que significaban esos encuentros.
La publicación salió a la calle por primera vez el 31 de agosto de 1971 y pronto se convirtió en un éxito editorial que llegó a tirar 100 mil ejemplares. Fontanarrosa debutó en el número 17, cuando corría 1972, logrando rápida popularidad con los dos personajes que alumbró para la revista, en la que compartió páginas con dibujantes de la talla de Caloi (quien luego lo convocó a la página de humor de
Clarín
), Brócoli y, por supuesto, Crist.
Hombre urbano
Fontanarrosa decía que muchos de sus cuentos y personajes ficticios se inspiraron en las animadas charlas que mantenía con “los muchachos” en la “mesa de los galanes”, del rosarino bar El Cairo. Esos muchachos eran sus entrañables amigos, que aún hoy siguen encontrándose alrededor de esa legendaria mesa. Charlar con ellos es un ejercicio que permite, de alguna manera, conocer el
backstage
de Inodoro y Boogie.
“‘El Negro’ era lo más alejado a todo lo que tenía que ver con lo gauchesco, con esa cosa folklórica de Inodoro Pereyra”, cuenta Ricardo Centurión, uno de los amigos que compartió más horas con Fontanarrosa. “Cuando apareció con ese gaucho, nos sorprendió a todos, porque él no sabía nada de campo, era un típico hombre urbano”, agrega Carlos “Chiquito” Martorell, otro gran amigo del genial dibujante y uno de los pocos hinchas de Newell’s en la mesa de los galanes, donde siempre hubo mayoría de fanáticos de Rosario Central.
En el libro
La historieta argentina, una historia
, escrito en 1998 por Judith Gociol y Diego Rosemberg, el propio Fontanarrosa admite la enorme distancia que lo separaba del escenario donde transcurría la vida de Inodoro Pereyra: “Alguna vez me preguntaron si Inodoro refleja mis conocimientos. No hay que engañarse. Sumando todas las horas de mi vida que estuve en el campo, si son cuatro es mucho. El campo no lo conozco ni me despierta curiosidad”.
Más allá del profundo desconocimiento que el dibujante tenía sobre las cosas que pasaban más allá del asfalto de ciudad, Inodoro Pereyra se convirtió en la mejor parodia de la historieta gauchesca argentina. Su aparición en
Hortensia
se produjo justamente durante el año que se conmemoraba el centenario del
Martín Fierro
, de José Hernández.
¿Pero cómo fue posible que del genio de Fontanarrosa surgieran personajes que estaban muy lejos de sus vivencias y lograran convertirse en íconos de la parodia en tan heterogéneas expresiones? “‘El Negro’ era un tipo muy estudioso y de gran cultura, se preocupaba por investigar, leía mucho, y esa era la herramienta para darles forma a sus creaciones”, aclara Centurión, que recuerda de paso que su famoso amigo sólo había cursado hasta tercer año del Industrial de Rosario.
El dibujante rosarino “no pasaba todo el tiempo diciendo chistes, era más bien observador e introvertido”, agrega Martorell. También Crist aporta datos sobre la particular personalidad que Fontanarrosa mostraba en las reuniones que se hacían en la casa de Cognini: “Compartía calladito muchos momentos con nosotros, luego la chispa aparecía en las páginas de la revista”.
Si bien
Hortensia
se distribuía en Rosario, no todos la tenían a su alcance, por el escaso número de ejemplares que circulaban en los quioscos de esa ciudad. Pero la participación de Fontanarrosa fue un pretexto para que el humor cordobés pisara fuerte en varios rincones de la ciudad portuaria, como por ejemplo la mesa de los galanes.
Humor y política
Hortensia
mostró un desfile de personajes con lenguaje localista, de corte callejero, que moldeó su perfil popular. Destacada por sus dibujos desopilantes y la inclusión de tiras y cuentos breves despojados de pretensiones academicistas, no estuvo exenta de una mirada cáustica sobre la realidad. Con esas señas particulares pudo ganarse un público amplio, en el que no faltaron lectores consustanciados con “esa cosa intelectual que impregnaba la época, en la que todo era materia de análisis”, tal como lo define Crist.
Es así que Inodoro Pereyra, una historieta quizás concebida con la intención de hacer reír sin mayores pretensiones de trascendencia, fue interpretada como la teatralización de una identidad denunciada a través del humor. Y Boogie, nacido en pleno auge de la guerra de Vietnam y con reminiscencias de aquel conflicto bélico, llegó a representar para muchos la síntesis de lo trágico y lo violento que vivía Argentina en los ’70.
Se sabe que el padre de Fontanarrosa era, como él mismo decía, “peronista emocional, no crítico”, aunque sus amigos coinciden en que el dibujante no hablaba mucho de política. Incluso admitió en alguna oportunidad que comenzó a interesarse tardíamente sobre el tema y que se perdió el ambiente de ebullición que existía en la Universidad en los años ’60 y ’70, aunque Crist asegura que el compromiso político del rosarino estaba en sus trabajos y que, “como ocurre con los tipos que producen mucho, otros examinan su producción y encuentran facetas que el autor jamás imaginó”.

