Sutileza machista televisada
¿Somos capaces de identificar estos mensajes machistas más sutiles, camuflados o delicados? Me refiero a los mensajes que se disfrazan de normalidad y se naturalizan, calando en nuestro ideario de forma inadvertida.
Encendemos el televisor y nos encontramos con uno de tantos programas que nos muestran de manera directa a mujeres presentadas como meros adornos (u objetos sexuales) o que reproducen de forma acentuada roles y estereotipos asociados al género, actitudes que, de modo más o menos evidente, podemos identificar como machistas. Pero ¿qué pasa cuando contemplamos estas actitudes de una manera velada? ¿Somos capaces de identificar estos mensajes machistas más sutiles, camuflados o delicados? Me refiero a los mensajes que se disfrazan de normalidad y se naturalizan, calando en nuestro ideario de forma inadvertida.Ideas que se transmiten desde la casi totalidad de espacios televisivos, incluidos los programas "mejor valorados" por la audiencia, ya se destinen al entretenimiento, la actualidad, la cultura o el deporte.En 1991, Katha Pollitt nos descubría "el principio de Pitufina", que hoy continúa siendo el patrón de representación de género en la gran mayoría de formatos audiovisuales que consumimos, donde el eje central del protagonismo, lo fundamental, lo valioso, gira en torno a la figura masculina (heterosexual y, a poder ser, de piel clara) y todo lo demás es accesorio, meramente testimonial y generalmente estereotipado.Aplicando este principio podemos encontrar, por ejemplo, programas y concursos culinarios donde hay una sobrerrepresentación masculina que lleva la voz cantante, aunque el peso de los fogones en el ámbito privado siempre haya recaído sobre las mujeres; informativos o programas de actualidad donde la mayoría de voces expertas en temas significativos son de hombres o apariciones de mujeres como meras acompañantes del conductor principal del espacio, con papeles e intervenciones nimias. De ese modo, se reproduce y se perpetúa, desde de la cotidianidad, la visión androcéntrica del mundo, que relega a papeles secundarios a todas aquellas personas que no se corresponden con la masculinidad hegemónica.Hemos de tener muy claro que los medios de comunicación poseen un papel fundamental como agentes socializadores (también en la construcción de las identidades y expresiones de género), formadores de opinión y creadores de la realidad en la que vivimos, y por eso deberían adoptar un compromiso real en pro de la igualdad y la justicia social. A falta de eso, apliquemos una lectura crítica a las informaciones que recibimos.Suerte que para contrarrestar este mainstream patriarcal de los medios siempre nos quedarán artistas subversivas como Malena Pichot, Charo López y compañía. No dejen de verlas.
*Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona y miembro del grupo de investigación en género GrediDona

