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“Sin reconocimiento no habrá descanso”

Elisa Shekerdemian tiene 86 años y aún espera el día cuando Turquía reconozca lo vivido por su padre y cientos de miles de armenios.

19 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
“Sin reconocimiento no habrá descanso”

Elisa Shekerdemian tiene 86 años y aún espera el día cuando Turquía reconozca lo vivido por su padre y cientos de miles de armenios. "Mi papá vivió la tragedia desde antes de 1915. No es que se lo contaron. Mi papá tenía unos 20 años pero eso empezó mucho antes de 1915 con las iglesias, la religión... Mi papá era casado, tenía dos hijos y vivía en Hadjin. Él vio matar a sus padres. Era un dirigente y fedaí al que se lo conocía como Manuk Chavush (comandante Manuk). Tuvo dos hermanos que se escaparon y de los que nunca más supo. A sus dos hijos los mataron dos turcos en su presencia, junto a su señora… Mi padre todas las noches nos sentaba junto a un brasero porque en ese tiempo éramos muy humildes, y cada noche nos contaba una historia de lo que había visto de sus abuelos, de sus compañeros y hasta que pudo salir y llegar a Atenas y de ahí a Francia, donde estuvo en la Legión Extranjera. Él conoció al general Antranik, héroe máximo de los armenios. Llegó a la Argentina el 1° de mayo de 1924, con unos 27 años. Aquí se volvió a casar y tuvo cinco hijos. A nosotros nos contaba sus días enteros sin agua o sus meses de andar deambulando, comiendo yuyos o cualquier cosa para tener algún gusto en la boca. Siempre decía que las casas armenias se señalaban con una mancha amarilla…"."Mi padre siempre ponderó a la Argentina que lo recibió. Sin dejar de ser armenios, somos muy argentinos y al revés", agrega Elisa. –¿Qué dice cuando Turquía se niega a reconocer todo esto? –Es una lástima porque uno no debe ser rencoroso, pero no se trata de algo que no es verdad o que a uno se lo cuentan. Cuántos países del mundo ya lo han reconocido… Muchos turcos también reconocen esta historia de crímenes y matanzas. Mi papá era muy visitado por camaradas y compañeros y cada uno contaba lo que había vivido. Ya somos cuarta generación, pero el armenio, si ellos no reconocen al genocidio, no va a descansar nunca y no es odio lo que tiene. Es por el amor a ser armenios y el dolor por el martirio de sus antepasados que tienen su derecho a pedir el reconocimiento de Turquía, aparte de las tierras de las que fueron despojados.Cerca de ella, Martín Simonian apunta: "Una vez le preguntaron a Charles Aznavour si él se sentía más francés que armenio, o viceversa, y dijo que era como el café con leche, que no se sabe qué tiene más, pero precisa de ambos".