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Salven la llama piloto

La denominada Era Dorada de los subsidios a los consumos domiciliarios de gas y electricidad llegó a su fin.

06 de abril de 2014 a las 05:03 p. m.
Salven la llama piloto

La denominada Era Dorada de los subsidios a los consumos domiciliarios de gas y electricidad llegó a su fin, y será recordada por la historia como una época en la que los argentinos, sin distinción de clases, etnias, credos, banderías e ingresos, recibían una inestimable ayuda del Estado para estar confortables en sus hogares, en una de las medidas más inclusivas de las que se tenga memoria. "Fueron miles de millones de pesos invertidos en favorecer la unidad hogareña, ya que habíamos detectado que en casas poco calefaccionadas, los integrantes del grupo familiar se disgregaban en el invierno buscando lugares más cálidos: solían merodear hornos de panadería o buscaban permanecer en cercanías de volcanes en actividad, con el peligro que ello implicaba", explicó uno de los impulsores de la costosa y polémica idea.En cuanto a la crítica de que estos subsidios favorecían principalmente a consumidores de altos ingresos, el funcionario explicó que a muchos de estos beneficiarios se les hacía cuesta arriba encender 10, 12 o más calefactores, los climatizadores de piscinas, termotanques del tamaño de silos, más los sofisticados dispositivos lumínicos de sus residencias. De esta forma, condenaban a sus familias a vivir en las penumbras de la noche con todo lo que implica (llevarse puestos los muebles, pisar al gato, desarrollar fobias a la oscuridad, etcétera) y a soportar las olas polares hacinados en una sola habitación abrazados al golden retriever para darse calor."Esta circunstancia incuestionablemente humanitaria obligó en su momento a la necesaria intervención del Estado, pero de ahora en más tendrán que buscar la forma de calentarse porque nadie nos avisó que el gas era un recurso no renovable y se nos acabó", explicó el funcionario. A partir de esta carencia, y hasta que se logre llenar la primera garrafa con lo que se saque de Vaca Muerta, sólo seguirán percibiendo subsidio para el gas aquellos hogares cuyos integrantes declaren (bajo juramento) tener artefactos de bajo consumo (cocinas monohornalla, calefactores de 73 calorías, termotanques de tres litros, etcétera). "Para ser realistas, hoy por hoy tendrían garantizado el ciento por ciento del subsidio al gas aquellos hogares que carecen de cualquier artefacto que utilice este combustible", se sinceró el titular de la flamante Dirección de Ahorro de Gas y Otros Recursos Que Se Acaban, José Fluido. A bajar (más) el consumo En tanto, existe otro amplio universo de beneficiarios que podrían mantenerlo si bajan su consumo histórico, razón por la cual el ahorro de gas ha comenzado a ser una obsesión en muchos hogares argentinos. "Hay gente que ya está practicando bañarse con agua fría. Se sabe por los gritos angustiantes y los insultos que se escuchan desde las duchas", graficó un portero de un edificio céntrico. Incluso esta modalidad en algunas familias se daría por sorteo diario: uno se baña con agua caliente, el resto no.Pero la más notable iniciativa para economizar fluido fue lanzada por el senador Ernesto Sanz, y consiste en una ley de calefones que obligaría a la colocación de artefactos de encendido electrónico, es decir sin llama piloto.El autor asegura que si se apagaran hoy los millones de llamas piloto de calefones que están encendidas todo el tiempo en la Argentina, el país se ahorraría 700 millones de dólares anuales.La iniciativa fue bien recibida por muchos, pero resistida en algunos hogares para los cuales esa mínima llama constituye en invierno una fuente decisiva de confort. Es el caso de Pasivo Gómez, jubilado que sobrevive con la mínima y que junto a su esposa Pensión, suelen sentarse en las crudas noches de invierno junto a la llama piloto del calefón, su única fuente de calor. "Es por lejos el lugar más calentito y acogedor de la casa, incluso pusimos el televisor al lado del calefón así nos resulta más entretenido", dice Pasivo. "Pero si prospera la ley de calefones nos van a obligar a apagar la llamita. Nos van a quedar dos opciones: cumplir con la ley y congelarnos en invierno, o defender nuestra llama piloto a costa de pasar a la ilegalidad", afirma el jubilado. "Nos están poniendo entre la espada y el calefón", graficó.Cuando Prometeo robó el fuego a Zeus y lo entregó a los hombres, seguramente no imaginó que una llamita tan pequeña generara tanta polémica fuera del Olimpo.