Rosario queda cerca
Nuestra responsabilidad empieza el día en que vamos a votar. Elegir a conciencia es una forma de comprometerse y trabajar por los otros.
Esa vieja costumbre de lamentarse y protestar hasta el hartazgo sin pasar a la acción provoca un efecto corrosivo, especialmente si se mira hacia adelante.
Uno se queja, se enoja y critica, en voz baja o a los gritos, y da por finalizada en ese movimiento su supuesta misión social.
Retórica pura. Nada más y nada menos que eso. A veces, cometemos el error de sumamos a la clásica embestida oral que nunca lleva a nada porque ni siquiera da pistas o advertencias sobre lo que puede pasar en determinado ámbito.
Involucrarse en los problemas sociales propios y de los otros y trabajar para buscar una salida es un buen camino de inicio.
Es cierto que el hombre común tiene coartadas: “No es mi función”, “No tengo tiempo”, “Para eso pago mis impuestos”, “Si me dedico a trabajar por los otros, no comemos ni mi familia ni yo”.
Con mayor o menor grado de certeza, todos los razonamientos empleados a modo de excusa, y como puros ejemplos, tienen su parte de razón o constituyen una verdad que sirve para justificar una determinada conducta.
Pero el cambio lo tenemos que hacer nosotros, no va a venir nadie a ocupar el lugar y hacer lo que queremos. Es cierto, es costoso, es duro y lleva tiempo. Pero así se forjan las transformaciones, en la cuadra, en el barrio, en el pueblo o en un país: hay que poner el hombro.
También es verdad que hay etapas y estadios diferentes dentro de cualquier proceso. Sin embargo, el ciudadano debe aplicar la prepotencia del trabajo para avanzar y dejar una huella.
Los problemas varían en magnitud y en importancia. Para el caso, y salvando las obvias distancias, da lo mismo el bache que una cocina de droga en un barrio. Son dos inconvenientes sociales muy diferentes, pero ante los cuales es totalmente inconveniente cruzarse de brazos.
Si las autoridades no avanzan, la gente tiene que impulsar ese cambio. Tiene que buscar las respuestas para eliminar el bache o frenar la avanzada del narcotráfico en Córdoba.
Hoy, la capital provincial parece encaminada a replicar la deplorable experiencia que sufre Rosario. Hoy, en algunos sectores de esta ciudad, la vida vale muy poco. Si quienes tienen la misión y la función de resolver el problema, por incapacidad o vaya a saber por qué cosa, no lo hacen, hay que acortar el camino y arrimar soluciones.
Si en Córdoba ya hay búnkeres en los que se distribuye droga, estamos ante un problema novedoso y, obvio resulta decirlo, peligroso.
Si las respuestas oficiales tienen más de marketing que de utilidad social, no bajemos los brazos. Tengamos en cuenta que Rosario queda cerca.
Nuestra responsabilidad empieza el día en que vamos a votar. Elegir a conciencia es una forma de comprometerse y trabajar por los otros.

