Reporte de ciudad para Salzano
Un recorrido por algunos espacios emblemáticos que el escritor cordobés solía retratar en sus textos. Un homenaje a un hombre que hoy cumpliría 75 años.
Hay que decir que cruzar la Jerónimo Luis de Cabrera a las 4 de la tarde para entrar en la estación de trenes Alta Córdoba no es fácil. Bien vale el riesgo para este reporte de cómo están tus lugares más nombrados en el segundo cumpleaños que van a pasar sin que les dediques una reflexión de cejas tupidas.La gente de a pie no se dio cuenta todavía, pero la ciudad sí que lo sabe: de ahora en más empiezan a galopar en nuestra memoria la fecha de tu partida (el 24 de diciembre) y la fecha de tu cumpleaños (el 22 de mayo) como dos sombras rabiosas que se entrelazan.Córdoba te piensa y se arruga como un payaso visto de cerca, y de noche se enfría con una llovizna a la altura de los faroles que la convierte en sosias de los paisajes urbanos de Blade runner . Las noches previas a tu cumpleaños 75 son tan frías que raspan.A confesión de partes, relevo de pruebas; dice la ciudad que antes te daba tinta que, desde que no estás, la noche llega con agua, como si el pasado lindo que pintabas estuviera triste y llorara sobre las calles buscando humedecerle el jopo a Harrison Ford. Hoy, que te tocaría por ley andar esquivando saludos, besos y abrazos, es como si la ciudad toda supiera que en las baldosas anda muy blanda tu ausencia perfecta, de la que vamos a ir aprendiendo por igual lectores, amigos, familiares y gente que te tuvo cerca. Y lo peor, para todos esos que somos, es la pregunta que nos ronda como un gato enojado, con el lomo hecho un repulgue filoso. La pregunta suele ser siempre lo más importante.Pero justo hay un hueco entre los autos. Primero es hora de cruzar nada menos que la calle del espadachín mayor de la ciudad. Un punto de partida La estación de trenes que nos legaste a los lectores no tenía colores, venía en sepia y con tu viejo de maquinista. Así fue siempre según las vías de tus renglones, para quienes, por ejemplo, aprendimos a meter la nariz en el diario gracias a la generosidad de tus columnas. Esos parches de texto sobre la realidad siempre fueron todo un viaje.Y será siempre un recuerdo hermoso esa búsqueda que cada uno hacía entre las noticias duras para dar con ese ticket inexplicable, con esa ventana que parecía infiltrada, siempre febril, que empujaba amablemente hacia el pasado.Sobre esas vías te acompañamos en tus chupinas, repasamos tus lecturas y pudimos asomarnos a las instantáneas de una Córdoba belle epoque que hoy se ahoga en un sándwich de cemento y desidia. Para ver aquella Córdoba hoy, ya no se consiguen más entradas.Aquella Córdoba es muy parecida a la estación de trenes que hoy está tan quieta como una foto.La ciudad está llena de lugares donde el asfalto se va comiendo las vías. Lo podés ver desde la ventana del colectivo, desde el taxi, desde el auto.Las viejas vías se van hundiendo en labios de asfalto y la estación apenas si respira cada tanto para dejar escapar un par de viajes hacia las Sierras.El resto del tiempo es refugio para tres perros que duermen ovillados sobre los sillones. El mobiliario es lindo, pero está todo sucio.Se ve a una mujer policía que custodia el paso a los andenes, cerrado con una cadena naranja. Sólo hay viajes a Cosquín algunas veces a la semana.Sería justo también hacer un reporte de cómo está Cosquín, porque pisaste el escenario mayor en 2010, ante una marea de gente que te aplaudió, según consta en YouTube. Ahí fue donde acuñaste la frase: "Estoy parado sobre el ombligo de la argentinidad".Pero voy a respetar tu costado estrictamente urbano. Las anécdotas de Cosquín quedarán para otra vuelta. Reporte desde la Estación Alta Córdoba: la ciudad ya no necesita trenes; la ciudad necesita un maquinista que le maneje los recuerdos y que se apellide Salzano. Un bar Con tus páginas hiciste emblema de espacios, rincones, esquinas y negocios varios. El viernes me tomé un desayuno en el Sorocabana, el bar de la San Jerónimo y Buenos Aires, la esquina más salzánica de Córdoba. Elegí las mesas de afuera para poder ver si salía el sol, porque cuando las nubes se deshacen en esa parte de la ciudad, ese ring side del Centro se convierte en Europa.En la mesa del lado, una chica fumaba nerviosa y le pedía explicaciones a su teléfono apretando un botoncito en la pantalla. En otra mesa, dos tipos hablaban de fútbol y metían la nariz en los pocillos.Adentro, el clima del bar oscilaba entre un espíritu turístico y bursátil.No lo creerías, pero por la vereda pasaron todos los extras de Ben Hur , Lo que el viento se llevó y Doctor Zhivago en un lapso de 20 minutos.No sé si alcanzaste a notarlo, pero cada vez somos más cordobeses. Lo cual, por una parte es muy bueno, porque hay más calor, hay más historias que conocer y hay más cosas para compartir. Pero es como si la tostada hubiera caído al revés, del lado del dulce. Somos más y nos vemos menos.La ciudad ya no es lo que era, Daniel. ¿Dónde quedó la Córdoba de la que vos escribías? Esa Córdoba era chiquita, espaciosa y salvaje, sí, pero a la vez tremendamente tierna y cercana. Parecía que todo, los afectos, el amor, el destino y la felicidad quedaban a menos de dos cuadras.Cada vez cuesta más encontrarla ahora. Sabemos que está, pero ya no abundan los bares tranquilos para leer. Reporte desde la vereda del Sorocabana: las medialunas siguen siendo ricas. La chica no se amigó con el teléfono. Dejé de propina un billete y dos palomas. Unas cuadras En una entrevista dijiste que cuando se construyó la peatonal, parecía que nos iba a llevar al futuro, que los estudiantes de Arquitectura se quedaban asomados viendo cómo se hacía la obra, y que hoy ves cómo están las cosas y parece que la peatonal nos llevó al pasado. La camino pensando en las implicancias de esa frase. La camino pensando en que, de alguna manera, tu obra es como la peatonal pero en un buen sentido: es un puente monumentalmente tierno con el pasado. Un pasado que, por caso, a mí no me tocó ver. Y en ese puente comprendo que está lo valioso de la invitación que plantean tus escritos.Nadie hizo tanto por Córdoba con una máquina de escribir y un corazón embargado. Es justo que se diga. Si Córdoba en estos días se pone en ánimo Blade runner tendrá sus razones, yo creo que es su manera de llorar en el segundo cumpleaños en que no podrá besarle las suelas a su biógrafo. Y está en todo su derecho.La caminata desemboca en la Colón, donde estuvo el cine Ángel Azul. Y de ahí hasta la General Paz, donde estuvo el Cine Sombras. Y de ahí… Reporte desde la peatonal: el Hotel Crillón tenía un sillón de cuero para los visitantes ilustres. Ahí lo entrevistaste a Borges. Y tenías un jabón bárbaro. Y la rompiste. En butaca Uno de tus grandes sueños sigue intacto. El Cineclub Municipal está parapetado donde lo dejaste, como un mojón inamovible que le recuerda a quien quiera saberlo que la voluntad es un cortejo incansable con la adversidad, y que se gana el nombre de voluntad cuando convierte lo imposible en concreto. Los que continúan tu tarea lo saben bien, e invariablemente, cuando siguen haciendo girar las manivelas del espacio y se sientan a la mesa a pensar en cómo seguir adelante, sus miradas van a parar a la silla vacía donde ponen siempre tu apellido. Lo digo porque lo he visto. No es casual que quienes cuidan ese espacio lo hagan por amor: saben que fue una de las tantas gestas que dejaste en esta ciudad, y que, a pesar de que se festejó con papelitos desde la tribuna, para vos fue siempre una conquista a medias.Contaste la historia pocas veces, pero es tan chaplinesca que, como corolario de humor cordobés merece un refrescón. Conseguiste la habilitación y los fondos para un proyecto enorme, pero nunca superaste que dejaran en el tacho de basura el carpetón con los fundamentos para bautizarlo "Metrópolis", como querías, y en su lugar te despacharan al día siguiente la placa y la marquesina con el "Hugo del Carril" –para que se notara bien el sello de gestión–.Siempre te jodió de la política esa forma rabiosa de masticar y escupir las buenas ideas para engolosinarse con el hueso de un capricho.Es el segundo cumpleaños en el que no hay oportunidad de dejarte en el Cineclub Metrópolis un saludo. Y es tan demoledor el nocaut de tu ausencia que hasta se extraña tu cara de enojado. Porque los que te conocieron saben que detrás del gesto adusto y el pensamiento elongado estaba la intención de dar con una respuesta.Al que no te conocía le dabas un susto. Pero esa cara siempre estaba detrás de una puerta abierta, y el silencio que ponías de preludio era para dar con una contestación a medida. Lo saben muchos estudiantes que pusieron micrófonos en tu escritorio. Reporte desde el Cineclub: bien valía la pena esperar que se desarmara tu resistencia, siempre fue un espectáculo ver cómo la sonrisa te volvía a la cara un buñuelo. Se notaba cuando hablabas del Cineclub y decías que el proyecto era mucho más que sólo amor por las películas. Libros en fila Te asombraría ver la manera loca en que a los barrios les crecen carteles. O de negocios o de "Se vende/Se alquila". El mundo no para. Unos se hacen ricos, otros se hacen hambre. Pero qué te voy a explicar, si a esto ya lo venías viendo desde antes de que te exiliaras en España. Pienso en esto mientras camino por la plaza de General Paz, frente a la Biblioteca Vélez Sarsfield, de la que tanto has escrito. Trato de imaginarme cuándo fue la última vez que la viste. O cuándo fue la última vez que pensaste en ella. O si en esos veinte años no es nada que pasaste afuera, le lustraste mucho el recuerdo a la distancia. Uno hace cosas increíbles con los cariños que tiene lejos, con los afectos que echa en falta. Hoy tu ausencia se compensa, de alguna manera. Detrás de los carteles, si hago un esfuerzo, puedo ver. Debajo de capas solapadas de afiches, debajo de la indiferencia generalizada, y con ayuda de tus textos, puedo ver. La vieja ciudad está, como una pátina de manteca en algunas partes, todavía viva.La famosa magia de las letras que no se aprende sino en el gesto mecánico y casero de tomar un libro por asalto, sin conocimiento previo, sin aval de una academia.Miro una vez más la fachada de la Biblioteca, el ojo ciego de su esquina. Recuerdo que acá también fue donde se fundó el club de tu pasión. Voy a Internet y leo que el equipo está peleando el regreso a la primera división de fútbol argentino y busco una frase que dijiste cuando te preguntaron qué era para vos Talleres.Dijiste: "Ser de Talleres es que nunca más vas a estar solo, que siempre vas a tener adónde ir, con quién estar, con quién hablar, y que tenés a quién admirar y a quién vitorear. Es pertenecer a la mayoría silenciosa pero con un laurel en las sienes; es el castigo y la gloria, es la virtud que tenemos los mortales que no estamos dotados para el fútbol". Reporte desde la Biblioteca: Córdoba vive en Salzano y entonces Salzano vive en Córdoba. En filosofía eso tiene un nombre que no recuerdo. La definición de Talleres debería ir a una placa. Conclusión del reporte Salzano A los 22 días del mes de mayo, siendo en Córdoba un día para invocar ausencias, se deja constancia en esta nota que el capricho limitó el repaso a un puñado de lugares. En tus hojas, Daniel Salzano, está la ciudad con pelos y señales, pero no me da el tiempo, así que me guardo el recurso para futuros homenajes.Por fortuna, tu obra es un ancla con un pasado que se aleja cada vez con mayor velocidad, entonces comienza a volverse necesaria para no perdernos en el tifón de un futuro imparable.Si cabe un lamento en este primer cumpleaños sin tu presencia, que no sea por los que te extrañamos.Lloremos, en todo caso, por aquellos que se perdieron en estas calles, la oportunidad de cruzarte. Aunque también con ellos compartimos el mismo consuelo: siempre podremos encontrarnos todos en tus palabras.
Perfil
Daniel Salzano nació el 22 de mayo de 1941. Fue escritor, periodista y amante del cine. A fines de la década de 1960, empezó a escribir para La Voz del Interior. Sus textos, siempre personales y apasionados, generaron un fuerte vínculo con los lectores. En 1977, se fue a vivir a España. A su vuelta, fundó el cineclub El Ángel Azul y luego el Cineclub Municipal. Murió el 24 de diciembre de 2014.
Actividades
Son varias las actividades que se desarrollan en Córdoba en tributo a Daniel Salzano. El viernes, abrió la muestra de Jorge Cuello en el Cineclub Municipal, acompañada por un ciclo en el que se proyectarán la películas preferidas de Salzano, desde el 26 hasta el 29 de este mes. También se le hizo una estatua que se colocará en el bar Sorocabana. Y Marcelo Massa está preparando una obra teatral.
Pasado a máquina
Hasta último momento, cuando ya el escritor confesaba haber encontrado una rutina de trabajo que le resultaba cómoda, no modificó sus hábitos por los avances tecnológicos.
Probó, una que otra vez, la computadora, pero decía sentirse más a gusto con el sonido de la vieja máquina de escribir, que incluso le marcaba el ritmo a la escritura.
De esta manera, solía decir, el teclado de una máquina tracción a sangre hacía el mismo tapeo que el de un boxeador que entrena con la soga, y cuando un texto viene bien, hasta se puede sentir el mismo ritmo acompasado de Fred Astaire zapateando en sus películas.
Salzano escribía los fines de semana y corregía el resto de los días. No usaba celular ni correo electrónico. Y extrañaba la coreografía de la vieja Redacción del diario, en la que una veintena de tipos hacían una sinfonía a puro aporrear las teclas.

