Quién frena a los “new rich”
Destratar al otro y subestimarlo sobre la base de discriminaciones de cualquier índole también es una cuestión de Estado.
Destratar al otro y subestimarlo sobre la base de discriminaciones de cualquier índole también es una cuestión de Estado. Es obligación de las autoridades proporcionar las herramientas necesarias para que la propia sociedad se capacite y tome las herramientas necesarias para evitar que se cometan los excesos. Es inaudito que en pleno siglo 21 a una chica no la dejen entrar a un boliche "porque sos renga y tenés bastón". O que una dueña de casa le diga a su empleada peruana "negra de mierda" y la obligue a desnudarse para revisarla porque sospecha que le robó 300 pesos, aunque después resultó que no era así y que la plata estaba en un cajón de la casa de la familia. Son formas de humillar a las personas, de no tratarlas con la dignidad que se merecen. Eso se da, en principio, porque hay un problema de falta de educación elemental en quien propina semejantes e insólitas agresiones a sus pares.Dos pesos más, un auto más bonito o una prenda más moderna no dan derecho a nada.Esos son datos que parecen no entenderse. Y en las escuelas se los pasa olímpicamente por alto, especialmente en algunos establecimientos privados en los que parece ser más urgente acomodar las finanzas que evitar los excesos.Se advierte en los últimos años la aparición de una postura "nuevo rico", basada en el avasallamiento y la petulancia. Pararse, marcar la raya y decir: "Aquí estoy yo y miren todo lo que conseguí con poco esfuerzo", en detrimento del más débil, del más pobre o del menos afortunado.Es importante el acompañamiento familiar y el de la educación formal para evitar estas tropelías que deberían ser sancionadas con todo rigor. Humillar al otro debe ser una de las acciones más descalificadoras del ser humano, especialmente si la víctima no está en condiciones de defenderse por cuestiones educativas o económicas.Hay veleidades y modalidades de un vivir para afuera, que consiste en mostrar y exhibir, que comenzó a consolidarse en este país en los '90, en aquellos tiempos del uno a uno, cuando comprar un auto importado o vestir corbatas de seda italiana o trajecitos de autor no era complicado. Se ensanchó el sector que disfrutaba del show off. Dos décadas después, lejos de ser una moda pasajera, se advierte que se trata de un estilo que llegó para quedarse y que hace de la ostentación una forma de vivir, aunque por dentro haya miserias e infelicidades dignas de ser escritas por la pluma de un talentoso novelista.Somos todos, como integrantes del cuerpo social, los que también tenemos que poner límites. Y atrevernos a denunciar, a frenar y a desnudar al estúpido que mira por encima del hombro al otro por el solo hecho de tener otro color de piel, al extranjero de un país limítrofe no poderoso o al que no tiene una cuenta bancaria para mostrar.

