Temas del día:

Posmachismo: que parezca un accidente

Una nueva corriente antifeminista atraviesa Occidente de modo casi imperceptible. A diferencia del machismo puro, el posmachismo actúa con un disfraz de corrección política. Especialistas de España, país a la vanguardia de su análisis, dan cuenta de una amenaza que vive en las sombras y justifica, sin descaro ni rudeza, la muerte y la segregación de la mujer.

28 de marzo de 2016 a las 12:01 a. m.
Maximiliano Monti | Especial
Posmachismo: que parezca un accidente
(Fotoilustración de Marcela Marbián)

Ana Orantes entró al estudio de grabación, saludó a la conductora Irma Soriano y a la audiencia de De tarde en tarde , edición de la televisión andaluza de 1997, y contó su historia: "Fue bailando como nos hicimos novios. (...) Yo me fui a casa de mis suegros, nos echaron las bendiciones y nos casamos. (...) Se pasaba toda la tarde bebiendo y jugando a las cartas, que siempre le ha gustado mucho. Cuando llegaba a casa siempre encontraba un motivo de discusión. Si estaba la comida fría, porque estaba fría; si estaba caliente, porque estaba caliente. La cuestión era pegarme. A veces me sentaba en una silla y me daba con un palo". El testimonio ya lo había contado, años atrás, a un tribunal y había logrado la sentencia judicial para separarse de su marido, José Parejo, aunque el fallo los obligó a seguir conviviendo. Emitido el programa, Ana regresó a su casa en el municipio granadino de Cullar Vega. Su exmarido, una tarde, 13 días después, la ató a una silla, la roció con nafta y le prendió fuego.La muerte de Ana, a modo de consuelo público, provocó una revolución legislativa en España que culminó en 2004 con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, cuyo párrafo primero describió "la violencia de género (...) como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad". Argentina, al grito de #Niunamenos, marchó en 2015 para volver a la vida la letra de molde de su propia ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres."España es una situación particular a nivel mundial. Es el único que ya desde hace 10 años desarrolló una ley que pone en marcha un sistema judicial con juzgados específicos sobre violencia contra las mujeres", dice Miguel Lorente Acosta, catedrático español y exdelegado para la violencia de género adscrito al Ministerio de Igualdad de España.La igualdad ante la ley, como proclama democrática, daba un golpe de nocaut al machismo en su forma más pura (los golpes, los insultos, la violencia psicológica, el asesinato a sangre fría), pero frente a los propios ojos de las asambleas legislativas y de los ciudadanos de a pie, con sus pancartas en alto, no pudo observar a primera vista lo que bajo la superficie nacía de manera sutil, basado en un discurso políticamente correcto que "admite que hombres y mujeres son iguales (...) pero (que) ataca lo que puede poner en peligro la posición tradicional de los varones", en palabras de la especialista Trinidad Donoso Vázquez, profesora del Departamento de Educación de la Universidad de Barcelona (UB) y responsable del área de investigación de género.

Pormenores del prefijo “pos”

Ya desde la década de 1980 aparecen sus primeras raíces en un Occidente, cuya agenda política insistía en el consenso de que mujeres y hombres deben tener los mismos derechos. Más o menos comprometido, el camino hacia la igualdad tropieza, inesperadamente, con el auge de un contexto mundial neoconservador.

“Hay autorías, como por ejemplo Rosa Cobo Bedía, directora del Centro de Estudios de Género y Feministas en la Universidad de La Coruña, que establecen que ya hace 30 años que empezó el movimiento contrarrevolucionario al movimiento de las mujeres. Otras autorías establecen que el punto de inflexión es el gran auge conservador que hay a nivel mundial a raíz de los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York. Concretamente, la periodista estadounidense Susan Faludi, ganadora del Pulitzer, establece que ese movimiento lleva consigo que uno de los grandes ataques sea, incluida la islamofobia, hacia el colectivo de las mujeres. Fue un desencadenante para que se active todo un mecanismo conservador que diga que hay que proteger a los ciudadanos a costa de la libertad”, agrega Donoso Vázquez.

Todas las minorías recibirán, de alguna manera, un impacto. Las mujeres, no siendo un grupo minoritario pero sí un colectivo vulnerable, sufrirán en la estela del posmachismo un tipo de violencia que alcanza la calle y ocupa el espacio público, mediático y virtual, persiguiendo militantes feministas o desacreditando leyes progresistas.

¿Y en qué difiere el posmachismo del machismo como tal? “En que es una aparente superación del machismo –explica Lorente Acosta–, pero en el fondo es una adaptación o nueva estrategia basada en la generación de confusión, no agresiva, hacia las mujeres. El efecto es desorientar, distanciarse del problema social que se está abordando, lo que se traduce en duda, la duda en pasividad y la pasividad, en cuanto no hay implicación social, hace que todo siga igual. Por ejemplo, el posmachismo dice que la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas, lo que dificulta que la sociedad se pare frente al problema. Cada año en España, hay 700 mil casos de violencia de género y unos 60 o 70 homicidios”.

Hay un elemento fundamental: el posmachismo no pone en duda el discurso machista (al menos de forma explícita) que afirma que hay una inferioridad natural o biológica de la mujer respecto del hombre, sólo lo disimula. Mientras la historia acumula evidencias científicas que desmienten tal epígrafe, la foto resulta cada vez más difícil de probar. El objetivo, en uno y otro caso, es el mismo aunque se haya alterado el discurso primigenio.

Posmitología

Ningún posmachista hablaría en contra de la igualdad (algo que sería,

a priori

, el papel del machismo clásico). Si bien las personas posmachistas representan una forma de negación de los derechos de las mujeres, evitan a su vez la posibilidad de ser definidas retrógradas o violentas. Es decir, aceptan la igualdad formal, pero rechazan las medidas para conseguirla: manipulan el discurso para proponer que esa igualdad está en riesgo debido a los “excesos” del feminismo.

“Muchos de estos discursos son los que llamamos los ‘mitos del neomachismo’, algunos completamente absurdos. Por ejemplo, que la Ley Integral discrimina a los hombres, que hay tantos hombres como mujeres que mueren por violencia de género y que la fiscalía oculta las muertes de los hombres, que las denuncias de mujeres por violencia de género son falsas, cuando sabemos por estudios que en España la cantidad de denuncias falsas por violencia de género sobre el total es de 0,017 por ciento, etc. Lo que está ocurriendo es que estos discursos son tan insistentes que están calando en la raíz de la sociedad”, dice Donoso Vázquez.

“En Twitter hay muchas cuentas, en la prensa hay periodistas que escriben artículos posmachistas y a nivel político en España el partido Ciudadanos hizo un planteamiento que evita los agravantes por hechos de discriminación por sexo o género, es decir, fue un discurso posmachista de parte de la fuerza política que ocupó el cuarto lugar en el Parlamento”, concluye Lorente Acosta.

Posvirtualidad

Del brazo de la ley, los medios marcan las expectativas de un país. “Acá en España hemos logrado que en los medios ya no se hable de que una mujer ha ‘muerto’ por violencia de género, sino que ha sido ‘asesinada’. Son palabras, pero el lenguaje crea realidades”, dice Donoso Vázquez. Y al carril de los temas de discusión que impone el periodismo, también marchan las grandes redes de Twitter, Facebook,

blogs

, foros y webs que Donoso Vázquez y su colega Nieves Prado Soto, pedagoga social y experta en redes sociales y violencia de género de la Universidad de Barcelona (UB), llevan años investigando.

Las investigadoras citan en su ensayo “Neomachismos en espacios virtuales”, parte del estudio Violencias de género 2.0, auspiciado en 2014 por el grupo de investigación GrediDona de la Universidad de Barcelona, cuáles son los temas y qué lenguaje esgrime la mitología posmachista: negar la violencia contra las mujeres, victimizar al hombre, dibujar a las mujeres como poseedoras de mayor protección y recursos, adulterar datos autorizados, etc.

“Entre el momento en que escribimos el artículo y hoy hemos seguido algunos avances y aquí hay un punto que es importante y que entonces no lo reflejamos: si antes un hombre podía realizar una agresión hacia las mujeres de manera individual porque tenía el poder de la estructura social, hoy hay grupos organizados. Creo que el machismo, a nivel de discurso, ha perdido fuerza y, al perderla, también ha perdido fuerza el simbólico del hombre”, agrega Donoso Vázquez.

Poscultura

La expresión cultural refleja, sobre la superficie del espejo social, cuál es la realidad que atraviesan los valores y sentimientos sobre lo que es ser hombre y ser mujer. El posmachismo, al ser un discurso fragmentado, se plasma de manera directa en un tuit, una frase, una obra literaria, una canción. “Es una forma de expresar cosas sin entrar en choque frontal. Entonces, lo que dicen es que no se trata de un piropo, sino de un halago, de un elogio”, dice Lorente Acosta.

La cultura también actúa a modo de

pack

, en el que el papel de las mujeres en las películas y las series de televisión giran alrededor de elementos tradicionales de la feminidad.

“La serie de películas y libros de

Crepúsculo

, por ejemplo, que refuerzan la idea de un amor romántico, juvenil, en que la chica se entrega al chico y se presenta la relación como la media naranja porque en el amor no hay nada que pueda ser inadecuado, son un discurso posmachista”, afirma Lorente Acosta.

Para los especialistas, la mayoría de las películas demuestran todavía que las mujeres tienen papeles secundarios o, cuando tienen un rol principal, al final terminan hablando sobre cuestiones de hombres.

El documental argentino

Mujeres con pelotas

, estrenado en 2014, denuncia la segregación de la mujer en el fútbol y permite escuchar desde el tráiler, sin siquiera asomarse al minuto uno de la película, a famosas personalidades de la televisión diciendo cosas como “no se puede asemejar fútbol femenino con el masculino por cuestiones genéticas”.

“La saga de James Bond podría considerarse posmachismo, porque no lo hace con un lenguaje frontal, como en otros casos en los que las mujeres aparecen como objetos sexuales que no tienen razón. Es más fácil usar un lenguaje aparentemente neutral y no agresivo. Lo que más daño está haciendo a la igualdad no es la negación de la igualdad, sino la creación de confusión. Ahí está la clave del posmachismo: la violencia está bien usada para corregir a la mujer”, dice Lorente Acosta. El cine y la TV estarían reforzando las imágenes clásicas de género.

Posiciones

Sin embargo, “por primera vez tenemos grupos de hombres trabajando por la igualdad: las manifestaciones del 8 de marzo de 2016 y las del 25 de noviembre de 2015 en Madrid estuvieron llenas de hombres. Poco a poco se están incorporando. Estos grupos neomachistas aparecen porque siempre habrá gente que se resistirá a un cambio”, cita Donoso Vázquez.

A la sombra de la igualdad de género, el posmachismo sale a la luz. Con el tamiz de la corrección política, la discriminación (mimetizada) da sus pasos bajo una superficie en la que los medios patinan y que, en una Argentina rezagada, cabe preguntarse por el efecto concreto de la ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, promulgada en 2009.

La academia internacional sigue las huellas del posmachista con los ojos abiertos pues, esta vez, no hace falta ser obvio: los camaleones saben cómo disfrazarse.