Por la lectura de calidad
Con mi primera beca a Francia en 1977, tuve la oportunidad de trabajar al lado de dos grandes estudiosos y difusores del libro para niños.
Con mi primera beca a Francia en 1977, tuve la oportunidad de trabajar al lado de dos grandes estudiosos y difusores del libro para niños: Marc Soriano y Geneviève Patte. Durante ese tiempo en París me vinculé a Jeanine Despinette en el Centro de Investigación y de Información sobre Literatura Juvenil (Crilj, por sus iniciales en francés). Fue ella y su equipo quienes me propusieron fundar, a mi regreso a Argentina después de la dictadura militar, un centro que trabajara en la difusión, en la formación y la investigación de libros de calidad para niños.
La Biblioteca Piloto de Petit-Clamart fue una experiencia fuerte que marcó mi profesión y orientó los criterios del equipo fundador del Cedilij. En Clamart, trabajé con grupos de niños, hijos de inmigrantes de Túnez y Marruecos, y nuestro trabajo consistía en ir con un canasto lleno de libros, tocando timbre casa por casa, hablando con los padres, acercando libros de calidad a los niños, prestándolos, moviéndonos como una biblioteca ambulante que lleva pan, conversando con la gente e invitando a los niños a visitarla. La biblioteca dirigida por Patte fue y sigue siendo un espacio de transformación, un lugar de acción placentera, donde el libro no está encorsetado y el niño puede disfrutar de la lectura. Allí tuve la oportunidad de conocer a escritores como Maurice Sendak y accedí a lecturas de escritores japoneses y chinos que era impensable conocer en Argentina en esos años.
Esa experiencia me fue abriendo los ojos. En el Cedilij trabajamos convencidos de que era necesario crear una institución de formación y difusión del libro de calidad para niños. El impulso, la pasión, la necesidad de profesionalizar la lectura, fue el trabajo que durante 20 años hice en el Cedilij, Fue un trabajo en equipo. En lo personal, me permitió también hacer otras lecturas de nuestra propia realidad y concluyó con mi elección de ser narradora. El Cedilij sigue creciendo, y aunque no estoy en la institución me siento, por su génesis, parte de él.

