Pobres, ricos y clase media
"El turf le sirvió a la clase media para afirmar su superioridad moral sobre pobres y ricos. Para denunciar a la élite social por ociosa e improductiva, pero también para criticar a las clases populares".
- Vos no lo mencionás en el libro, pero recuerdo varias películas argentinas, sobre todo comedias, que giraban alrededor de los caballos; y, en términos de historieta, la recurrente asistencia de Isidoro Cañones al hipódromo. –Isidoro Cañones, el gran playboy de la historieta argentina, se sentía cómodo en el hipódromo. Todavía en las décadas de 1950 y 1960, cuando las andanzas de este personaje se hicieron muy famosas, el turf ocupaba un lugar visible en la oferta de entretenimientos. Pero ya estaba en declinación en todo el mundo por las razones que hemos señalado: el retroceso del caballo y el ascenso de otros espectáculos deportivos, como el fútbol. En el caso argentino, además, hay que mencionar otro elemento, muy importante: la creciente hostilidad de la clase media. Este grupo se convirtió en un enemigo del turf desde que, en los años '30, comenzó a marcar el tono de la vida social en el país. –¿A qué se debe la mala relación entre el turf y la clase media? –El turf le sirvió a la clase media para afirmar su superioridad moral sobre pobres y ricos. Para denunciar a la élite social por ociosa e improductiva, pero también para criticar a las clases populares, que en vez de ahorrar, educarse y esforzarse, tiraban el sueldo del mes "en las patas de un caballo". Fue gracias a la clase media que la crítica al turf salió de los círculos de minorías militantes, como la Iglesia o la izquierda, y empezó a tener una amplia base social. En el mundo de la clase media, ser "burrero" se convirtió en un estigma, similar a ser "jugador". Volviendo al ejemplo de Isidoro Cañones, allí podemos observar una de las últimas imágenes de consumo masivo en la que el hipódromo aparece como un ámbito glamoroso y distinguido. Pero para entonces ya la marea iba en otra dirección. Los políticos, que cuidan mucho su imagen, ya no se dejaban ver allí. Así, pues, cuando Isidoro se paseaba por el hipódromo de la mano de Cachorra Bazuka, la era dorada del turf ya era un recuerdo del pasado.

